El fascismo amenaza de la mano del populismo, el fanatismo y las mentiras

Rafael Fonseca Zárate

La negación de los hechos ha abierto la puerta para que una gran parte de la población mundial sea presa fácil de las mentiras que crecientemente se distribuyen en las redes, mediante las cuales se reafirman posiciones en contra del cambio climático, la pandemia y cualquier otra que resulten incómodas para el estilo de vida lleno de banalidades e individualismo, tomado la decisión de no querer avizorar sus peligros. Pero no solo esas amenazas a la humanidad ya están aquí; el regreso del fascismo tiene tendida una pista para aterrizar en cualquier momento en lugares muy importantes del mundo, como también localmente, de la mano de esa parte de la población como lo demuestra el reciente enorme respaldo a Trump, pese a su derrota. No se detenga en pensar que es una teoría de conspiración más. El fascismo ha sido más común en la historia de la humanidad de lo que normalmente se cree y recientemente estuvo muy presente a lo largo de los últimos cien años. Esta es una amenaza ahora más grave por la tecnología y con más velocidad de propagación debido también a la tecnología. Un asunto muy serio al cual hay que tener en la mira siempre.

Circula por las redes, como si fuera clandestino y con la amenaza de ser leído rápido porque seguro lo van a censurar, un texto atribuido a la profesora Claude Benoit de la Universidad de Valencia, que por su sentido debería titularse El Silencio de la mayoría (fácil de encontrar en un buscador pero difícil de establecer su autenticidad). Se trata del drama que causaron los nazis a los alemanes, no solo a los judíos, a los comunistas, a los socialdemócratas, a los sindicalistas y a los que quedaron que no eran nada de lo anterior pero que no estaban en el Reich, (según lo describe el poema el sermón del pastor Niemöller en 1946, también fácil de encontrar), por culpa del silencio de la mayoría pacífica, que se torna en silencio cómplice. Igual pasó con los comunistas rusos, con los comunistas chinos, con el imperialismo japonés y su expansionismo en China, con lo ocurrido en Rhuanda, todos con el resultado de millones de personas asesinadas en el frenesí del fanatismo. El propósito del escrito es alertar a los musulmanes pacíficos para que su silencio no se torne en contra del resto del mundo cuando los fanáticos musulmanes se hayan apropiado de su submundo y se torne en una amenaza sin salida.

Lo curioso es que quienes lo comparten con gran convicción, derechistas advirtiendo que el comunismo, tildando así a todo lo que sea de izquierda, se va a apoderar del país si no reacciona la mayoría silenciosa. Parte de nuestra minúscula problemática criolla en la que todos los políticos quieren apropiarse de la mayoría pacífica, ubicada en el centro del espectro ideológico de dos polos, un poco hacia la izquierda por las precariedades sociales y económicas dominantes. Curioso porque no estamos exentos a que vía el fanatismo nos llegue el fascismo de izquierda, pero también el de derecha, ni más ni menos. La trillada amenaza con la que venden el necesario apoyo a la derecha (en el trasfondo todos saben que es más ultra derecha) para contener la posibilidad de volvernos como Venezuela, vía las promesas de redención del “socialismo del siglo XXI” y que terminaron siendo efectivamente un fascismo, modo caribe, con enormes repercusiones funestas para la mayoría de la población, a la cual se suponía que redimirían. Pero es que nuestra derecha tiene todo el potencial de evolucionar a un fascismo modo latinoamericano, del estilo chileno de 1973, en el que el poder económico se confabuló con el poder militar y tuvo apoyo del poder político convencional para instalar con Pinochet una dictadura sangrienta, que aún reivindican como la entrada a la modernidad y secreto de su mal llamado milagro económico (tema del cual me ocupé en una anterior columna). Y que cabe advertirles a los buenos ciudadanos pacíficos de derecha, que su silencio cómplice y comportamiento de rebaño, nos puede generar una sin salida nefasta también. Es un asunto serio al que hay que priorizar.

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El mundo tiene otra amenaza similar que hacen que las nuestras sean minúsculas. El negacionismo está en el centro de los mecanismos por los cuales este comportamiento aparentemente extraño se habilita en los seres humanos. El médico Félix León Martínez (presidente de Fedesalud), en un reciente artículo dice que es un mecanismo de defensa mediante el cual las personas eligen ignorar la realidad, y siguen a los “adormecedores de conciencias” (citando al escritor William Ospina) y sacrifican a quien intenta abrirles los ojos y sacarlos de un estado de optimismo ignorante, basados en que a ellos les va relativamente bien y que los males les pasan a otros, quizás incluso, a gente indeseable (aquellos que todo lo quieren regalado, que no se esfuerzan, que son culpables de ser pobres…). Y los hábiles políticos populistas saben que esa gente no quiere oír ni entender algo diferente, y que necesitan argumentos simples y permanentes para reforzarse en su verdad, decretada por decisión personal, así esos argumentos sean basados en mentiras. Y ahora con la profusión que permiten las redes sociales, sin control posible de la falsedad, tienen un alcance inimaginable. La realidad es que un país desarrollado, líder del mundo, estandarte del sistema económico dominante, como lo es USA, tiene un poco menos de la mitad obedeciendo a ese comportamiento, lo cual representa una amenaza latente de fascismo para el resto del mundo. Y sin descontar las réplicas locales que piensan de la misma forma y que presentan exactamente el mismo comportamiento, y que se activarían de inmediato en tal sentido de tener éxito un Trump en los años venideros, víctimas del síndrome de Hubris (personas con poder que tienen el trastorno mental de tener un ego desmedido, que se refleja en su voracidad por el poder).

Solo hay que imaginar el desarrollo tecnológico vertiginoso, que ya está aquí pero que su potencial es apenas visualizable, como el de la inteligencia artificial o el de la biotecnología, convertido en un poder de dominación en manos de un sujeto así, y el inminente riesgo de conducirnos a un fascismo global, como lo han advertido muchos autores, entre ellos el interesante Yuval Harari en su libro y artículos relacionados. Y en ese escenario no se crean los pro-fascistas locales que tendrán un lugar especial, como describe el drama en el poema del pastor Niemöller.

La destrucción de nuestro hábitat vital es desde luego una prioridad, pero éstas amenazas, tanto globales como locales no están lejos de tener casi la misma prioridad, entre otras cosas porque representan un acelerador del problema del cambio climático, lo cual es un empeoramiento crítico cuando se sabe que ya no tenemos ningún tiempo para parar las acciones contaminantes de nuestro estilo de vida y para implementar la recuperación volviendo a atrapar el carbono que hemos emitido incontroladamente a la atmósfera en las últimas generaciones (a lo cual le he dedicado artículos anteriores).

¿Qué nos corresponde hacer?

No podemos pertenecer a ninguna mayoría silenciosa. Para ello, hay que interesarnos por entender todas las problemáticas que nos afligen y que nos acechan.

Y tomar partido. No en el sentido politiquero convencional, sino en las acciones que podemos hacer desde las posibilidades de cada quien: verificar siempre la información que leemos y mucha más la que trasmitimos, no alimentarse de un único grupo o ideología, leer de todas las tendencias y formarse conclusiones críticas que puedan ser cambiantes con nuevos argumentos, frenar el apoyo a quienes promueven directa o indirectamente cualquier vertiente de potencial fascismo, como los que comparten noticias falsas, los polarizadores, los fanáticos, los enemigos de la vida en una colectividad con tolerancia que permita el éxito de la libre empresa, el esfuerzo y la competencia, pero con la suficiente empatía como para sacar a los pobres de cualquier condición indigna de vida. Todo esto pasa por rechazar la corrupción en todas sus formas, hasta las personales que se auto justifican erróneamente considerándolas como pequeñas. Y fundamental, estudiar para votar bien, mientras que aún conservemos esa posibilidad.

*@refonsecaz  – Ingeniero, consultor en competitividad