Columnista invitado, Opinión

Cuando se es Primera Dama, menos es más

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Por: Daniela Pérez Cano


Ser primera dama en Colombia representa un desafío muy grande para quien asume este papel, que se  asume no por elección propia, sino, porque su esposo, tomó la decisión de convertirse en presidente,  lo cual no sólo repercute sobre ellas mismas, sino también, sobre toda su familia.

Como buenas compañeras de vida, los apoyan incondicionalmente, aunque esto automáticamente le genere un sin fin de responsabilidades para las cuales en ocasiones no están preparadas.

Esta figura es poco valorada, pues se cree que dentro de sus funciones únicamente esta acompañar al presidente en sus eventos sociales o repartir mercado a las comunidades vulnerables. Esto no es así, ser primera dama en el mundo tiene un significado que va más allá de lo que nos podemos imaginar.

A raíz de la visita del presidente Iván Duque y su esposa María Juliana Ruíz, a La Casa Blanca,  en donde esta última lució un chaleco azul cielo que despertó las críticas de todo un país, por lo cual la gente no se preguntó  qué fue lo que se acordó o pasó en dicha reunión, sino más bien,   “qué se le estaba pasando por la cabeza a la primera dama cuando se puso el chaleco”, me di a la tarea de  analizar el estilo de las últimas primeras damas que han pasado por la Casa de Nariño y lo que esta figura representa, especialmente para la mujer colombiana.

En su paso por la casa de Nariño las primeras damas han tenido una gran variedad de estilos; Jacquin Strouss de Samper, se caracterizó por su estilo clásico y acertado; Nohra Puyana de Pastrana fue una mujer elegante y distinguida; Lina Moreno de Uribe fue una mujer tímida, que poco se hizo notar, dejando la sensación de que su paso se hizo sin pena ni gloria; ‘Tutina’ Rodríguez de Santos fue calificada como “la dama perfecta”,  y hoy tenemos a Maria Juliana, una profesional e intelectual, quien luce como si estuviese un poco desubicada en su estilo y presentación personal, pero con un gran potencial y muchas oportunidades para demostrar que el rol no le va a  quedar grande.

Hablar del estilo de una mujer, va más allá de la ropa que se pone; va en sus educación, en su profesionalismo, en sus ideas, en lo que innova, en que se atreva a romper esquemas.

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La primera dama del siglo XXI es una mujer profesional, que aunque en ese aspecto llega preparada para ejercer sus funciones, también, llega con mucha inexperiencia, pero con muchas ganas de hacer las cosas diferentes.

Tuve la oportunidad de dialogar con una de ellas: Jackin Strouss de Samper, quien me reveló que para ella una primera dama debe ser clásica en su estilo, pero moderna e innovadora  a la hora de pensar, de romper esquemas en su trabajo y los proyectos que quiere implementar. Posición en la que estoy totalmente de acuerdo.

Nuestra primera dama debe ser una figura modelo a seguir para las mujeres colombianas. Debe mostrar un estilo que represente sus ideas y no los atuendos que usa, para esto, requiere que lo que resalte sea su sobriedad.

Por lo anterior,  considero que en cuanto al estilo, cuando se es primera dama, menos es más.

Michelle Obama, quien fue primera dama estadounidense, a pesar de ser el ojo de muchas criticas en su estilo y presentación personal, será recordada por haber sido una mujer con ideales, determinación y fortaleza. Características que incluso podrían llevarla a ser la primera presidenta de los Estados Unidos.

Este mismo rol que están asumiendo las primeras damas en Colombia, nos demuestra a las mujeres, que tenemos nuestra propia luz para brillar, nuestros propios escenarios para lucirnos y demostrar que somos capaces de lograr grandes cosas.

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