Entendiendo las cifras de desempleo: Puede pagar ahora o puede pagar después

Por: Guillermo Sinisterra


Esta semana hemos recibido cifras alarmantes sobre la situación del desempleo en el país. En resumen se muestra que en el total nacional, uno de cada cinco colombianos esta sin trabajo y en las 13 ciudades principales la situación es aún peor. Esta cifra incluye a personas que no estuvieron empleadas en la semana que se hizo la encuesta y que estuvieron buscando activamente trabajo en las últimas cuatro semanas. Por ejemplo esta cifra no incluye al dueño de un restaurante pequeño, un puesto de comidas rápidas o una peluquería, que a pesar de estar desocupados, no han hecho ningún esfuerzo por conseguir empleo, porque en realidad están esperando a que sus negocios se reactiven. Tampoco incluye a los trabajadores que fueron enviados a vacaciones o a licencias no remuneradas, con la promesa de que tan pronto se reactive la economía los volverán a contratar. Por supuesto también excluye a las amas de casa y a los estudiantes o personas que simplemente ya no están buscando empleo.

Según el DANE la población ocupada, que muestra quienes están trabajando, pasó de 21.9 millones en abril de 2019 a 16.5 millones en abril de 2020, es decir que hay 5.3 millones de personas menos con puestos de trabajo en abril de este año. De los 21,9 millones de trabajadores en 2019, 12.8 millones eran hombres y 9.1 millones eran mujeres, la cifra de hombres cayó a 10 millones este año, mientras que la de mujeres cayó a 6.4 millones. Es decir que la caída de los hombres ocupados fue del 28% mientras que la caída de las mujeres ocupadas fue del 31%. Esto muestra que en 2019 el 41.5% de la fuerza laboral estaba constituida por mujeres, mientras que en abril de este año, la cifra cayó a 41.8%.

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Quienes más sufrieron con las consecuencias de esta pandemia fueron las mujeres entre 25 y 54 años y los sectores donde se concentra esta población son: manufactura, comercio, entretenimiento y construcción, todos sectores con alta demanda de mano de obra.

Esta caída significativa en las personas ocupadas es preocupante, pero no quiere decir que 5.3 millones de personas hayan perdido su trabajo como consecuencia de las medidas, que se tomaron para contrarrestar la pandemia que nos aqueja. La mayoría de estas personas están esperando a que los sectores económicos a los que pertenecen se reactiven. Ahora sabemos que muchas de esas empresas no van a abrir sus puertas de nuevo, gracias a la imposibilidad de acceder a créditos de nómina para los cuales el gobierno destinó fuertes sumas, pero muchos bancos comerciales no desembolsaron a tiempo y también a la tardanza del gobierno en los subsidios a la nómina que fueron pedidos por varios sectores desde que se anunció la cuarentena y hubiera sido una política eficaz para mantener el empleo. Se sabía que la mayoría de las micro, pequeñas y medianas empresas solo tenían entre 15 y 30 días de caja para mantener andando sus negocios y fueron dejadas, al garete, por más de 60 días.

Para entender cuántas personas están en el desempleo debemos ver la cifra de desocupados que se incrementó en 1,5 millones de personas en el mismo periodo de tiempo y esta vez los hombre fueron los más perjudicados contando 943.000 nuevos desempleados, mientras el número de mujeres fue de 616.000.

La gran mayoría de esto se le puede atribuir a las políticas para controlar la pandemia. Si suponemos que todos los nuevos desempleados ganaban el salario mínimo, estaríamos hablando de que la economía está perdiendo 1.3 billones de pesos al mes y si a esto le sumamos, haciendo el mismo supuesto, la reducción en ocupados, tendríamos 4,6 billones menos de producto al mes. Una cota mínima de lo que esto nos cuesta es 5.9 billones al mes. El PIB mensual de Colombia es de casi 108 billones de pesos, es decir que esta caída del empleo implica una caída del 5.4% en el PIB mensual. Y esto solo tiene en cuenta la demanda, no incluye los bienes y servicios que se están dejando de ofrecer porque las empresas cerraron o están produciendo menos.

Algunos llaman a esto el costo de la cuarentena, creo que ese costo hubiese sido menor si se hubiesen tomado medidas más agresivas para proteger el empleo, pero estábamos muy ocupados pensando en nuestras calificaciones de riesgo y en la sostenibilidad.

Sin embargo todo esto ya es pasado, la cifra de desempleo de mayo va a consolidar algunas de esas personas que están esperando que los llamen de nuevo a sus antiguos trabajos, pero que dado que no los llamaron y aún tienen que mantener a sus familias, comiencen a buscar activamente trabajo y también incluirá muchos cuenta propia que perdieron su inversión y deben volver al mercado laboral. Esta situación implica que en junio aún tendremos restricciones a la movilidad en el país, que afectan mayormente a los informales y además tendremos lo que se llama el pico de la pandemia que es el mayor número de contagios y muertes que hayamos visto.

Le tomará al menos un año al país para recuperar lo perdido, sobre todo teniendo en cuenta al menos dos cuarentenas intermitentes, que serán necesarias mientras llega la vacuna o un tratamiento.

El gobierno debería aprovechar para volver más expedito este proceso, al parecer sigue la mayoría de consejos de los gremios pero no escucha a la gente del común que son los que más están sufriendo. Una forma de ayudar a dar un golpe positivo al consumo es aprobar la renta básica de la que tanto se ha hablado y que le solucionaría la vida al menos durante 3 o 4 meses a la mayoría de los hogares colombianos, esta renta además sustituiría la compleja estructura de subsidios que se tiene implementada en este momento.

Además, es importante pensar en el campo, una buena cosa de la pandemia es que se avanzó en que muchos campesinos buscaran de alguna forma una conexión con el mercado final, esto se debe incentivar y mejorar para lograr impulsar el campo y se debe profundizar en los contratos gubernamentales que permitan comprar alimentos directamente a los campesinos, por ejemplo, para alimentación escolar, con menos intermediarios.

También se debe incurrir en descuentos de impuestos para nuevas empresas y una disminución para las existentes. Creo que se hace necesaria una reforma tributaria para que los que han tenido la oportunidad de mantener su trabajo o los que tienen mucho capital, colaboremos en estos tiempos aciagos. Finalmente creo que es el momento de incentivar las grandes obras de infraestructura que nos están haciendo falta y que generarían un número importante de empleos.

Todas las anteriores opciones implican reorganizaciones institucionales y por su puesto más gasto, gasto que a lo mejor, se debió haber hecho desde antes.

En conclusión toda la sostenibilidad y el cuidado de las calificaciones, que evitaron una respuesta más agresiva del gobierno ante la pandemia, van a tener que pagarse ahora con un mayor gasto, el cual debe ser financiado por diferentes fuentes.

@memosinist | Profesor Universidad Javeriana