Aún le queda jugo a la economía naranja

Según John Howkins, uno de los investigadores más influyentes de la Economía Naranja, las artes visuales y escénicas, el cine, la televisión, el diseño, la música, la publicidad, la investigación y el desarrollo de software, la moda, la radio y hasta los video juegos son los sectores esenciales para el desarrollo de la industria creativa de cualquier país del hemisferio.

Para la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), el comercio de bienes y servicios creativos tuvo dos décadas muy buenas: entre 2002 y 2020 las exportaciones crecieron 134%, convirtiéndose en la quinta mercancía más transada del planeta.

De acuerdo al libro “La Economía Naranja, una oportunidad infinita”, escrito por Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez, y editado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se puede hacer una distinción entre bienes creativos (artes visuales y teatrales, artesanías; audiovisual, diseño, nuevos medios, etc.) y servicios creativos (arquitectura, cultura y recreación, investigación y desarrollo, publicidad, etc). Las exportaciones de ambos alcanzaron en 2011(año record), 646 mil millones de dólares; pero los servicios crecieron un 70% más rápido que los bienes ya que estas transacciones se hacen por Internet. SÌ la Economía Naranja fuera un país, sería la cuarta economía mundial detrás de Estados Unidos, China y Japón; el noveno mayor exportador; y la cuarta fuerza laboral con 144 millones de trabajadores.

La Economía Naranja debe pensarse como eje transversal para la creación de empleos y mejoramiento de la cultura del país, ya que realizar películas, recrear el arte o crear videojuegos, por ejemplo, llevan consigo un valor intangible que supera cualquier valor comercial. El reto es convencer a los talentos jóvenes para que adhieran a los negocios basados en la industria creativa e iniciar una revolución industrial donde las mentes brillantes tengan acceso y difusión en su quehacer.

La cultura es tratada por la sociedad como un bien público y esto menoscaba en el reconocimiento de su actividad como un trabajo legítimo, pago y reconocido. Si hay intercambio cultural y becas creativas, se podrá tener una evolución en los Mercados de Contenidos Originales (MICO).

Con la Economía Naranja es posible cerrar las brechas sociales, culturales, y hasta económicas, es la ruta más fácil para crear y exportar contenidos de alta calidad, de reforzar los cimientos de una sociedad donde la igualdad prime y donde no haya fuga de mentes brillantes.

Importante sería que el gobierno le dé una mirada, revise lo que haya que revisar, cambie lo que tenga que cambiar y después exprima hasta la última gota los beneficios que trae consigo la economía naranja, la cual beneficiaria al país que escogió el cambio y que es una apuesta como lo dijo el presidente Gustavo Petro en su discurso de posesión; “Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia”.

 

 

 

Walter Barbosa

Profesional en Comunicación social, Periodista. Especialista en Opinión Pública y Marketing

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