¿A cuidados intensivos?

Carolina Corcho, médica

La designación de Carolina Corcho como ministra de salud, es, sin duda, una de las decisiones más controversiales en la conformación del nuevo gabinete ministerial de Gustavo Petro. Controversial por falta de rigor a la hora de pensar en su nombre como ministra y por no escuchar a las voces especializadas que coinciden en que su gestión, será un salto al vacío y un camino sin retorno.

En la Bogotá Humana, Carolina Corcho tuvo a su cargo la Dirección de Participación Social y Atención al Ciudadano de la Secretaría de Salud de Bogotá y fue integrante de la junta directiva de tres hospitales públicos en la misma administración, dejando más dudas que aciertos gracias a su talante agresivo, falta de escucha y revanchismo en la toma de decisiones, donde dejo claro que su posición personal prevaleció sobre los temas de ciudad.

La electa ministra Corcho se dio a conocer ante la opinión pública, por su activismo en relación con los trabajadores del sector salud, durante la fase más crítica de la pandemia del COVID 19. Ese activismo la llevo a cometer un sinnúmero de impresiones y justificaba sus desaciertos utilizando información falsa replicada por la principal cloaca social como lo es Twitter.

Cuando el actual ministro de salud, Fernando Ruiz (por qué no lo dejan, el país está en deuda por su gestión), dio inicio a la vacunación contra el COVID 19, fue la principal y paupérrima enemiga de la estrategia que hoy es reconocida a nivel mundial por su manejo, cobertura y resultados. Ella, se dedicó a despotricar de lo técnico, a mentir sobre los resultados, a difamar de los profesionales, a opinar sin fundamento y a pensar que la cobertura de la vacunación se hacía por una simple regla de tres. Esa es su rigurosidad profesional, dime de qué te ufanas y te diré de qué careces.

Digamos que todo lo anterior fue el resultado del afán de protagonismo y de figuración por el momento tan catastrófico por el que estaba pasando el mundo y la salud pública. Lo que no debemos considerar “coyuntural” es su posición sobre el sistema de salud nacional que a pesar de sus debilidades es mucho mejor que la que tienen países vecinos. No es posible ni sensato acabar con lo que esta funcionado, no es posible eliminar un sistema de salud que tiene como logros los siguientes entre muchos otros; cobertura 99.6%, disminución de gasto de bolsillo: 16% 3, subsidio a 50% de población pobre, actualización periódica del plan de beneficios, ampliación de infraestructura y talento humano, cubrimiento de medicamentos de alto costo para enfermedades crónicas y huérfanas y mejora de los indicadores trazadores de salud.

No se pueden acabar las EPS de un solo tajo solo porque si, no hay ranking donde no salgan bien calificadas en cuanto a experiencia, atención y acceso a servicios en los regímenes contributivo y subsidiado. La sola idea de acabarlas y reemplazar el modelo por los mal recordados “Territorios Saludables”, seria mandar a la basura el trabajo de 30 años. Según World Health Ranking, Colombia ocupa el puesto 35 a nivel mundial. Con las métricas globales uno no puede estar en descuerdo, solo lo están los que no quieren ver lo bueno. Es menester pensar en las mejoras que se puedan llegar a realizar para fortalecer el sistema actual.

El afán de acabar con la Ley 100 de 1993 no es para nada diferente que para implementar “Territorios Saludables”, que fue el programa preventivo en salud que el entonces alcalde Gustavo Petro puso en marcha en Bogotá en 2012 y que hoy cobra vigencia porque sugiere que sea implementado en todo el país.

Este tenía como objetivo “visitar los hogares con equipos médicos, identificar sus condiciones y tomar medidas para prevenir la enfermedad”. Llegó a tener 1.000 equipos en igual cantidad de “micro territorios”, en las 20 localidades de la capital, tuvo un costo de $1.000 millones diarios, con 8.000 personas contratadas, solo 1.000 eran profesionales de medicina y enfermería, el resto de personal era de otras profesiones o sin ninguna formación, denominados “enlaces comunitarios”

Este programa nunca pudo tener un sistema de monitoreo, seguimiento y control, lo que dificultó realizar evaluaciones que demostraran gestión en su puesta en marcha. Sin embargo, algunos estudios demostraron que su desempeño en términos de resultados en salud no fue lo que se planearon. Por ejemplo, hubo un aumento en la mortalidad materna, embarazo en adolescentes, desnutrición en menores en las zonas cubiertas por el programa en comparación con las que no.

En fin, no imagino a Alejandro Gaviria y al ministro Fernando Ruiz viendo cómo se derrumba su trabajo y el de cientos de profesionales idóneos que pusieron su empeño, dedicación y sabiduría en el sistema de salud actual, no imagino ver cómo pasamos de tener un sistema en “alta médica” a estar en una UCI, sin “cuidados paliativos”, solo porque lo particular prima sobre lo general.

Posdata

Un amigo me dijo que el nombramiento de Carolina Corcho en el Ministerio de Salud, es como si el Manchester United pasara de tener en su equipo a Cristiano Ronaldo y llegara el “caballo” Márquez. Que falta de respeto por Márquez.

 

 

 

 

 

 

 

Walter Barbosa

Profesional en Comunicación social, Periodista. Especialista en Opinión Pública y Marketing

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