Lo + Confidencial

Xenofobia: el otro infierno de los venezolanos que llegan a Colombia

El éxodo masivo de venezolanos en Colombia ya ha causado consecuencias colaterales, que perjudican a las personas que se han visto obligadas a dejar su patria por la hostil situación que se vive en el país vecino, en el que la pobreza, el momento económico y la escasez de alimentos cada día repercuten más fuerte en los habitantes.

La mayoría de las personas que salen de Venezuela buscan en Colombia –en muchos casos por cercanía geográfica- un espacio para comenzar un nuevo rumbo.

Aunque al principio la recepción de venezolanos en Colombia era casi que incondicional, últimamente se han tenido que enfrentar a los estigmas sociales a los que están expuestos.

Tildar a las mujeres de Venezuela como prostitutas o ladrones a los hombres, desconfiar de entrada de ellos cuando se les identifica el acento o mirarlos con recelo cuando consiguen un trabajo formal mientras que muchos colombianos esperan por una chance laboral, se ha convertido en el pan de cada día en las calles de nuestro país.

A pesar de que en muchas páginas inmobiliarias ofrecen apartamentos en arriendo y hacen clara la especificación de que “no se aceptan venezolanos”, el vicepresidente, Óscar Naranjo, afirmó que por ahora la situación lo tiene tranquilo.

“Yo confío en los colombianos, que hasta ahora han dado grandes muestras de tener un trato comprensivo con familiares, muchas veces venezolanos, o con los connacionales en general, pues no avanzaremos a un estadio de xenofobia radical”, aseguró Naranjo.

Sin embargo, ya se han registrado varios brotes de xenofobia en la cotidianidad. Rafael David Sulbarán, periodista venezolano que se radicó en Colombia este año, comenta cómo fue la difícil tarea de conseguir un empleo y habla desde su experiencia.

“Yo estaba, como todo joven, tranquilo en Venezuela hasta que todo empeoró. Entonces te das cuenta de que hay ocasiones en las que comes una o dos veces al día y decidí irme casi que improvisado. Yo llegué como turista al Festival Iberoamericano de Periodismo en Medellín, y acá estudié la posibilidad de venirme. Llegué a Bogotá, mi primer empleo informal fue vendiendo tarjetas de simcard y me quedé sin trabajo. Regresé a mi país y luego me llamaron para contratarme dando clases en una universidad y ya llevo 3 meses”, expresó Rafael.

En contraste al testimonio sobre cómo Rafael fue acogido por Colombia, hay muchos otros a los que el mundo laboral les es esquivo o las empresas se aprovechan de la situación y ofrecen salarios abusivos a los connacionales.

Miguel Salazar es otro ejemplo del migrante que le tocó tomar la vía del rebusque, ya que sus intentos de conseguir un trabajo formal han sido truncados. Él se desempeñaba como bombero en Venezuela y hoy en día, con un grupo de amigos trata de llevar algo de dinero a su hogar tocando como músicos en las calles.

“Es muy difícil conseguir empleo, porque cuando ya uno tiene el permiso de trabajo, los empleadores piden otra cosa, se la llevas y luego es otro requisito. No sabemos si son trabas naturales o trabas que se imponen ellos”, señala Miguel.

Más de 600.000 venezolanos han ingresado legalmente al país, una cifra inmensa y preocupante, porque si antes el Estado era incapaz de solventar los problemas de los colombianos en ciertas regiones, con este ingreso masivo las cosas se complican. En pocas palabras, es urgente que se implemente un plan de acogimiento con buenas bases para que la situación no se salga de control.

Publicidad
Previous ArticleNext Article