¿Por qué temerle a la inflación?

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Como muchos saben la inflación es la pérdida del poder adquisitivo de una moneda en un tiempo determinado. En otras palabras, si hay inflación, con la misma plata se pueden comprar menos bienes y servicios y por lo tanto, la gente está peor. Es por esto que, algunos autores, la comparan con un impuesto cobrado a quienes tienen dinero. Según Milton Friedman, la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, es decir que si aumenta la cantidad de dinero en circulación aumenta la inflación.

En la macroeconomía mundial, en este momento la inflación está obligando a los gobiernos a tomar decisiones impopulares, como subir las tasas de interés o disminuir de alguna manera la abundancia de dinero en la economía y esto tiene a los mercados más nerviosos que las consecuencias de la nueva variante ómicron. La pregunta no es si estas medidas impopulares se van a tomar en países desarrollados, si no, ¿cuándo?

Sin embargo, la inflación empobrece a la población en general y esconde realidades que afecta de manera distinta a personas con ingresos altos y con ingresos bajos. Por ejemplo, la inflación de alimentos afecta en mayor medida a los pobres que a los ricos, pues los primeros gastan un porcentaje mayor de sus ingresos en ese rubro. Mientras que la inflación reportada fue para noviembre 5,26% (año corrido), la inflación de alimentos fue del 15,34%[1].

Hicimos un ejercicio sencillo con información de precios mayoristas de marzo y de noviembre del presente año. La idea era entender en qué se gastaba un subsidio como el ingreso solidario una persona que lo recibía, en Bogotá. Existen muchas personas que dicen que esos subsidios, justamente, hacen que quien lo recibe no quieran trabajar. Ya veremos.

Para el ejercicio realizado se utilizaron los precios mayoristas de productos como verduras, frutas y tubérculos, granos y cereales, huevos y lácteos, carnes, pescados y procesados, registrados en el sistema de información de precios (SIPSA) del DANE. Después, se estableció una canasta de alimentos básica[2], por persona, que se pudiera comprar con el monto de los subsidios asignados y se procedió a calcular las cantidades que se debían consumir de cada producto. Los supuestos que se usaron para definir la canasta pueden ser discutibles, pero creo que sigue siendo un ejercicio válido.

El monto del ingreso solidario es de $160.000 pesos al mes y el ejercicio muestra que eso en marzo se agota si se compra la siguiente canasta: carnes (1.5kg), verduras (2kg), frutas (1kg), tubérculos (1kg), leche (5 litros), granos (1,5kg), panela (2kg), huevos (30und) y otras cosas menores como aceite, arroz, pasta y sal y café. Sin embargo, este es el consumo de una sola persona, en promedio los hogares de estratos 1 y 2 de Bogotá tienen 3,1 miembros según la encuesta multipropósito de 2017.

Es decir que el subsidio de ingreso solidario en marzo solo cubriría lo suficiente para que una persona coma “a medias” durante un mes. Esto no incluye, artículos de aseo, transporte, arriendo, entretenimiento, servicios públicos o vestuario, tampoco incluye al resto de los integrantes de la familia. Se necesita una fuente alternativa de ingresos.

El dato negativo se da cuando utilizamos los precios de noviembre para calcular los costos de la misma canasta. La inflación que sufrió esta canasta, propia de los más pobres, entre marzo y noviembre fue de 15%, casi tres veces más que el índice de inflación reportado para el año[3]. Esto quiere decir que la persona que en marzo estaba comiendo todos los ítems incluidos en la canasta presentada, ahora debe escoger qué va a dejar de consumir, o debe sustituir por productos más baratos. Cualquier política que genere inflación incluyendo la emisión monetaria, bajas inoportunas de la tasa de interés, bloqueos de vías etc., afecta en mayor medida a los más pobres.

Bien hacen las autoridades económicas en tomar en serio la inflación. Mientras alguien pobre enfrenta una inflación del 15% una persona de altos ingresos solo enfrenta una inflación del 4.1%. Mientras para el primero esto implica literalmente dejar de comer, para el segundo implica no salir de fiesta un día.

[1] Solo la carne de vaca subió 30% según el DANE.

[2] Esta canasta se estableció siguiendo artículos de primera necesidad del DANE.

[3] Es interesante que el resultado de crecimiento en precios obtenido por nuestro ejercicio “arbitrario” entre marzo y noviembre, se acerca mucho al resultado anunciado por el DANE el día de ayer 15,34% del año corrido.

Guillermo Sinisterra

Economista de la Pontificia Universidad Javeriana. Es Doctor en Filosofía de la Unversity at Buffalo, PHD en Economía. Es profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; gerente de CARS NET y profesor asociado del Colegio de Estudios Superiores de Administración.

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