Los jóvenes piden nuevas utopías

“Es estúpido reprimir una protesta pacífica”

La violencia desatada contra los jóvenes que sueñan con una nueva realidad ha sido la respuesta de un gobierno que no escucha cuando lo que hay en esa inmensa juventud son ganas de vivir dignamente y que las oportunidades de unos pocos sean oportunidades para la mayoría.

Esa juventud no está en guerra contra el estado, no son una fuerza insurgente y menos terrorista, no son miembros de ningún grupo armado porque sino Colombia estaría en guerra en varias ciudades y en sus entornos, y hubiéramos retrocedido a los años cuando las FARC tenían rodeadas las ciudades, pero esta vez con la insurgencia adentro y no solo en las periferias.

Si esa juventud quisiera una confrontación contra los privilegiados y contra el estado, las ciudades serían asoladas por enormes desmanes y algunas zonas ya serían escombros. Si esa juventud hubiera creado puntos de ataque y no de resistencia con cascos de construcción, gafas para no perder los ojos, y escudos para defenderse del Esmad y de las tanquetas, la vida en éste país hoy sería otra cosa. Esta relativa exageración es para mostrar que la respuesta de Duque fue una bestialidad, otra de las tantas contra el Estado de derecho y la Constitución Nacional.

El gobierno apeló a la estrategia de los vándalos, maximizó los bloqueos, amparó a los pistoleros de la “gente bien” e hizo que una ciudadanía mal informada por los grandes medios, volteara la espalda y se volviera hostil contra la Primera Línea. El gobierno y la policía convirtieron a la protesta pacífica en violencia imaginaria e inventada. Mientras la policía reprimía el gobierno no se sentó a conversar con los jóvenes y con la gente que estaba en la calle para trazar una agenda de transformaciones.

Los estallidos sociales nunca suceden en gobiernos normales de democracias reales, suceden en tiranías neofascistas que no reparan en mandar a matar como sucedió con la Unión Patriótica, cuyo exterminio es culpable de toda la violencia ocurrida desde los años 1990, y del surgimiento y consolidación del uribismo, estandarte de genocidios y de la descomposición social ocurrida en este siglo XXI.

El hambre, la ausencia de Estado en el cubrimiento de necesidades vitales, un sistema productivo extractivista, precario y débil que no es capaz de sustentar un proceso sostenido de generación de empleo de calidad y bien remunerado, han ocasionado un desarreglo social estructural ante lo cual el destino de esa juventud desarraigada y marginada no es otra que la informalidad, la marginalidad y la ilegalidad. El Estado se gasta en nómina más o menos el 65% del presupuesto anual de la nación, lo demás para pagar deuda y lo que queda, inversión. Si fuera al revés, los recursos para inversión serían infinitamente mayores, entonces, disminuiría la pobreza, crecería la clase media, los privilegiados no serían capturadores de tantas rentas, ni comprarían a ocho mil pesos hectárea de tierra despojada, ni robarían tanto y tantas veces al Estado, y emergería una economía innovadora, equitativa, sostenible, pacífica y con alta productividad. El Estado contrata tanta gente porque la economía formal no es capaz de absorber la población marginada. A su vez, esa precariedad estructural ha fomentado el clientelismo que nutre las arcas de los políticos que después les dan un puesto a quienes les pagan peaje.

Colombia es un sistema de contradicciones, abusos y deterioro de las políticas públicas, de la política, de la economía y de los derechos consignados en la Constitución del 91. Es un perfecto modelo de país de renta media con instituciones fallidas.

La explosión de los jóvenes fue tan espontánea y desesperada, que una vez el Comité Nacional del Paro les dio la espalda, se quedaron solos, sin banderas, sin representación nacional, sin organización nacional, cuando fue la juventud la que les dio oxígeno político para que los puntos del pliego de emergencia del paro se convirtieran en proyectos de ley que ahora hacen tránsito en el Congreso, y de los cuales también se agarraron los partidos de la oposición para apropiárselos y convertirlos en bandera política de ellos, mientras internamente se desbaratan y siguen desunidos.

La maravillosa entrevista de José Alberto Tejada, director de Canal 2 a la ciudadana alemana, Rebecca Ströber, infamemente extraditada mientras su amigo agonizaba, muestra lo que verdaderamente ha sido ese movimiento de rebeldía y resistencia de los jóvenes. Ella jamás vio armas ni que llegaran bolsas de plata a las Primeras Líneas. Lo más sobrecogedor de su narración, es que muestra la valentía, el romanticismo y la ingenuidad de los jóvenes. Johan Sebastián iba a morir asesinado, pero murió antes porque se salió de la ruta de protección pues rompieron los mínimos de seguridad de las comunicaciones digitales. Mucho conversaron en la noche anterior al crimen, entonces sus llamadas fueron interceptadas y se le ordenó al sicario asesinarlos. Como ocurren con estas desgracias, la policía ausente, las cámaras de seguridad del sector estaban “dañadas”, y aparecieron las mentiras que todos sabemos y en las cuales no creemos porque hace rato nos reímos o indignamos con las versiones oficiales de los generales.

Lo que sucedió entre esos dos jóvenes y como terminó todo, es la imagen del punto final de esa etapa de la resistencia que surgió el 28 de abril, pero no es el punto final de la protesta, del malestar, de la indignación, de las demandas sociales que han deformado los grandes medios precipitando la decadencia institucional y la represión oficial.

Los jóvenes de los estratos pobres y vulnerables, siguen solos, los dejaron solos, los asesinaron porque estaban solos, pero la semilla de un nuevo proyecto político y social de cambio, está sembrada y empieza a crecer.

La oposición tuvo expresiones de solidaridad aunque no se puso al frente para darle apoyo y curso a la protesta. La sociedad, por ahora se ha replegado, pero sigue ahí, sabe que se puede movilizar, que organizada sucederá algo parecido a lo de Chile porque nada se ha solucionado, todos son proyectos en el papel, mientras los congresistas empiezan a negociar y a repartirse victorias legislativas para ganar votos en el 2022, y Uribe intenta salvar a la ultraderecha violenta y premoderna, torciendo a su favor un juicio con el apoyo de la Fiscalía, de la Procuraduría y de las ambivalencias de la justicia inclinada a su favor.

Los jóvenes de todos los estratos estuvieron juntos en las primeras semanas después del 28 de abril. Las universidades abrieron espacios de discusión y de comprensión de las causas de la justa protesta. Alejandro Gaviria sonó como un rector candidato a la presidencia, sin embargo, perdió esa oportunidad esperando no sé qué.

El Nuevo Liberalismo recupera el nombre, pero nada más que el nombre, porque los delfines, sobre todo dos de ellos, estuvieron abrazados a Cambio Radical, que es lo opuesto al pensamiento de Galán y de Lara Bonilla, y porque Vargas Lleras traicionó su pensamiento y el de su abuelo, el expresidente Carlos Lleras Restrepo.

La Alianza Verde, como dice Fajardo, debería ser el partido donde converjan todas las fuerzas de la centroizquierda, sin embargo, ahora es territorio de ambiciones dispersas porque cada una de sus “estrellas” lo que buscan es salvar sus curules con listas abiertas como lo hace cualquier partido de toda democracia representativa en desgracia.

La Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico irán con listas cerradas a las elecciones al Congreso, es lo correcto, porque así no se desinforma a la ciudadanía, se pone la atención en programas únicos que le dan altura a los debates, y no en cientos de vagas promesas propias de las listas abiertas y que tanta abstención producen.

Sí la oposición no se organiza con los jóvenes de la protesta, los que no votan tampoco se moverán en el 2022, y las nuevas buenas caras en el Congreso serán la excepción y no la norma, y continuará siendo la porquería que es. Si vuelve a ganar el que diga Uribe los responsables serán la Alianza Verde, la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico por no hacer con los jóvenes una coalición por la nación que debe ser y cargarán con toda la desgracia que ocurra en un país que desprecia la vida.

@acostajaime

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