Las fallas de la memoria

Jota Domínguez G.

Por la naturaleza de ser, a los humanos nos gusta recordar la mayoría de las cosas que hacemos, entendiendo que nosotros hacemos cuando vemos, cuando decimos, cuando escuchamos, cuando sentimos, cuando hablamos, bien sea para repetirlo o para no repetirlo. Es probable que de allí, cuando repite, es de donde nace la experiencia.

A la experiencia la culpamos de muchas de las cosas que nos suceden y generalmente la culpamos más por lo que volvimos a hacer, cuando debería ser al contrario; agradecerle por lo que de ella conocimos y no volvimos a hacer.

Este pequeño prólogo lo escribo pues al mirar un poco hacia el futuro, me encuentro con las venideras campañas al Congreso de la República para que nosotros escojamos a los próximos senadores y representantes a la Cámara de Colombia, que luego elegiremos el segundo domingo de marzo de 2022 y se posesionarán el 20 de julio de ese mismo año, pero cuyas campañas ya están asomando sus narices con las cuales van olfateando la masa de votantes.

Es muy importante para la nación tener representantes o congresistas, pues estos constituyen el puente de diálogo entre el ejecutivo y las regiones, en un país donde elegido el ejecutivo inmediatamente pierde el contacto con los habitantes de todo el país. Más grave aún, los presidentes, gobernadores y alcaldes pierden la memoria de lo que le ofrecieron a los votantes y los votantes voluntariamente también pierden la memoria de lo que les fue ofrecido ya sea porque fueron pagados por el voto o porque son correligionarios a los que les apena ridiculizar a sus electos copartidarios.

En síntesis, las fallas de la memoria en cada elección, son absolutamente permitidas por nosotros.

Estamos en un momento interesante para discernir sobre el tema electoral.

El presidente Iván Duque, fabuloso y extraordinario rival y ganador en los debates para llegar a la presidencia, se encuentra hoy bombardeado por sus propios seguidores por faltar al cumplimiento de promesas electorales con sus amigos y también bombardeado por sus enemigos por faltar al juramento de posesión, que es gobernar para todos los colombianos, todos.

Por lo mismo sufren hoy muchos gobernadores y alcaldes, a los que la pandemia los mostró con muy escasa capacidad de trabajo, poca creatividad y nada recursivos para superar la crisis del covid.
Los elegidos no deben olvidar la máxima de la política que dice que “son elegidos para lo bueno pero también para lo malo”, siendo más notorio lo segundo.

Es pues ahora, a varios meses de haberse posesionado cuando debemos rastrear las promesas de campaña y reconocer las cumplidas y quejarse de las incumplidas o fallidas.

En esa misma orientación se desplazan los aspirantes a congresistas, haciendo promesas para ser elegidos como representantes como si fueran a gobernar y por supuesto, mintiendo al elector.
El aspirante a congresista debe basar su campaña en el cumplimiento de la Constitución y la ley, en representar dignamente a su partido y a la región, actuar en consenso con la bancada y adelantar con vehemencia el control político a los gobernantes.

Y le corresponde al elector, revisar si ese aspirante a congresista tiene las condiciones necesarias o la idoneidad para debatir los problemas de la educación, la salud, el empleo, el saneamiento básico y si además tiene la formación necesaria para aprobar las normas que seguramente cambiarán la vida de los ciudadanos.

Es ahí donde la memoria del votante tiene que funcionar.

Cada cuatro años votamos por aquellos que en nuestra representación (democracia representativa) estudiarán las normas para ayudarnos a superar nuestras necesidades, hacer posible los anhelos, alcanzar los proyectos de vida, y sin embargo rápidamente nos olvidamos de esos anhelos, proyectos y necesidades, pues nos acoge la desilusión, palabra favorita para los elegidos pues así no reclamamos ni exigimos.

Por su parte, los elegidos gobernadores y alcaldes enfrentarán a partir del primero de enero del año 2021, las posibles revocatorias de sus mandatos al ver los electores el fallido y desperdiciado voto, que tuvo como período de prueba los primeros 12 meses del año 2020.

Entonces el problema no es para los elegidos y congresistas. Ellos estarán cómodos mientras los electores y ciudadanos no les reclamen el cumplimiento de sus promesas. Ellos seguirán celebrando las fallas de la memoria.

Es preciso decir que los alcaldes y gobernadores poco consultan a los congresistas sin importar si es senador o representante, no les tienen en cuenta para gestionar ante los ministerios, no les piden acudir al ministerio de Hacienda en busca de los recursos económicos, no les solicitan visitar Findeter ni los bancos de segundo piso que se requieren para que despeguen los proyectos en los departamentos y municipios; en fin, los congresistas son desperdiciados por los alcaldes, gobernadores, juntas de acción comunal, diputados y concejales para que les ayuden a atender las necesidades de la comunidad.

Los congresistas solamente son requeridos por el gobernador, alcaldes, diputados, concejales, juntas de acción comunal y ediles para que les consigan puestos a sus hijos o parientes cercanos, y de pronto, para quien les ayudó mucho en sus campañas. Eso se llama perder una oportunidad.

Por eso aunque consideramos, insisto necesario, que elijamos congresistas buenos, ojalá muy buenos y con excelente formación profesional y también social, hay que decirle a los gobernadores y alcaldes que pongan a los senadores y representantes a trabajar de “palanca” frente al ejecutivo, que precisamente son elegidos para hacer las normas que necesita el país para avanzar en el desarrollo de las regiones y para que le digan al presidente y a los ministros la necesidad que tiene cada región, departamento, municipio o conglomerado, para salir adelante.

Para eso sí que es importante elegir los congresistas, para que representen a los departamentos en la necesidad de que les sean escuchados sus problemas e inconvenientes, en un país que se volvió costumbre que los presidentes sean quienes dirijan, muchas veces equivocadamente, el desarrollo desorganizado de los pueblos. Y nosotros felices aplaudiendo una cantidad de promesas de gobernantes, que por no tener asegurada la intervención de los congresistas, termina naufragando en medio de un mar de mentiras y por eso se lo atribuimos a las fallas de la memoria.

Ahí es donde juega la experiencia, en mostrarnos aquellos congresistas que han servido para mucho o como es normal, han servido para nada. Ya verá el elector donde matricula a esos aspirantes. Ojalá ahora y después no se queje si encuentra fallas en la memoria.

@JotaDomnguez3

Jota Domínguez Giraldo | Opinión

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