La ´Bogotá profunda´ que muchos ignoran

La pandemia del Covid 19 arrastró a muchas familias en Bogotá que antes de marzo de 2020 vivían en las localidades de Kennedy, Suba, Engativá, Puente Aranda y Fontibón a instalarse en la parte rural del barrio Barrio La Pradera, Rincón de Mochuelo – vereda Mochuelo Bajo, Ciudad Bolívar, sector de la capital que posee problemas de equipamiento, donde las casas que lo componen cuentan con improvisadas instalaciones eléctricas y el servicio de agua aún no está instalado en todas las viviendas.

Para llegar a este sector en tiempos de intensas lluvias como las que vive actualmente Bogotá, hay que elevar oraciones al cielo para que no lo agarre el aguacero a mitad del camino por los grandes arroyos que suelen formarse, lo que hace imposible caminar en medio del agua y del barro.

Estas personas que antes pagaban un arriendo no menor a 400 mil pesos, prefirieron la enorme distancia que deben recorrer para llegar todos los días a sus lugares de trabajo en Bogotá, con tal de reducir costos,  cancelando una suma de 100 mil o 150 mil pesos por el alquiler de una casa pequeña.

En muchas de estas viviendas reina el hacinamiento, lo que ha obligado a alguna de estas familias a construir sus propios ranchos con tejas, ladrillos y maderas que han reciclado para que les proteja de la intemperie. Sin embargo, por las fuertes lluvias en la ciudad, este tipo de viviendas construidas con mucha improvisación se han visto bastante afectadas.

Los nuevos vecinos en el sector de este sector rural de la capital del país,  son personas que viven del rebusque en la ciudad en las ventas ambulantes, reciclaje, Corabastos, etc., quienes han contado con la ayuda y respaldo  del fuerte liderazgo en el territorio  de Iris Albarracín Peña, presidenta líder de la Pradera del Rincón del Mochuelo, quien cumple más de 9 años viviendo en el sector.

Iris dice que ella pasó por una situación similar, “al llegar solo habían fincas y a su alrededor un número aproximado de 30 casas, que no tenían servicios de luz y el agua llegaba cada tres días en horas de la noche, no había transporte hacia Bogotá, ni carretera principal, lo que me hizo pensar en retornar hacia el barrio La Estrella, pero mi hijo Breiner me animó a seguir”.

Armó entonces un rancho  con tejas y bloques de ladrillo en donde vivió alrededor de tres años y medio.

El ver personas que han tenido que llegar a este lugar en los últimos meses,  buscando un refugio que les permita sobrevivir  mientras sus ingresos mejoran,  impulsó a Iris a tenderles la mano, orientándoles y brindándoles la asesoría necesaria para sobrellevar el momento, buscando además  fundaciones que sirvan como intermediarias para encontrar donaciones y hablando con las diferentes entidades del Distrito para solucionar los problemas del sector.

“Con la pandemia llegó mucha gente a este lugar, donde habían alrededor de 400 familias, hoy se puede contar al menos unas 700, porque al perder sus empleos y ver sus ingresos reducidos no pudieron pagar arriendo de más de 500 mil pesos en localidades como Kennedy, Suba, Engativa o Fontibón. Otros están armando sus casas con tejas, pedazos de madera vieja y ladrillos en terrenos invadidos”.

Con ellos se dedica la mayor parte del día a trabajar por la comunidad. En estos momentos por ejemplo, están construyendo la red subterránea por donde irá la tubería para el alcantarillado, trabajo que al ser  comunal, todos los vecinos ayudan instalando los tubos, las silletas, los ladrillos, etc.

Este lugar que en su mayoría alberga casas de un piso con una o dos habitaciones pequeñas, un baño y una cocina improvisada, donde la pobreza extrema es  protagonista de primer nivel, es además territorio en disputa por la presencia de empresas ladrilleras que según sus habitantes, son las causantes de un fuerte daño ambiental  en la zona, que las autoridades de Distrito y la Nación parecen ignorar o que no se les presta la misma atención que le ponen a los Cerros Orientales de Bogotá.

Iris, junto con varias personas del lugar se queja porque según ellas, la elaboración del ladrillo ha afectado el agua de la quebrada la Trompeta, que al llegar a este sector se torna turbia, lo mismo que la de pequeñas lagunas.

 

Otro factor por lo que se desatado otro conflicto entre estas empresas, en este caso la Ladrillera La Estrella y la comunidad, tiene que ver con lo que hasta hace un tiempo fue un camino veredal y que hoy se ha constituido como  una carretera principal, que recibió del IDU el Código 19014608 de malla vial rural 6B.

Según lo que dicen los habitantes de sector, “la Ladrillera La Estrella argumenta que es una vía privada”. Confidencial Colombia buscó una respuesta de esta empresa, sin que esta se diera antes el momento del cierre.

Todos estos problemas se viven en lo que se puede llamar como la “Bogotá profunda”, que muy pocos conocen a pesar de que hace parte de la capital del país, pero que por estar en zonas alejadas del centro de la ciudad y de la Calle 72, parecieran no estar en los primeros puntos de las agendas de los gobiernos distrital y nacional.