Los uigures y su influencia mundial

Estados Unidos anunció sanciones contra dos funcionarios chinos este lunes por «graves abusos de derechos humanos» contra musulmanes uigures, informó el Departamento del Tesoro. Según la agencia, se trata de una medida coordinada con aliados como la Unión Europea, Canadá y el Reino Unido, que impusieron sanciones a los mismos individuos y a otros. (CNN en español, lunes 21 de marzo/2021)

Entre la rabiosa inmediatez, la abundancia de frivolidades, los sonidos incesantes del celular y la rutina del trabajo/familia, no nos queda tiempo para analizar hechos claves del día a día, en este caso, de la semana. Por eso, en este spazio dominicale quiero hablar de un suceso que pasó como un titular más en nuestros noticieros y redes sociales: las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá, a China, por violaciones de derechos humanos contra los uigures.

Los uigures son musulmanes y turco hablantes. Se ven a sí mismos como una etnia y cultura más cercana a las naciones de Asia Central que a China. Viven en Sinkiang, que oficialmente se denomina Región Autónoma Uigur de Sinkiang, una región autónoma de China como lo es el Tíbet.

Durante siglos, la economía de Sinkiang ha girado en torno a la agricultura y el comercio. Pueblos de la región, como Kasgar, se llegaron a erigir como núcleos comerciales en la famosa Ruta de la Seda. A inicios del siglo XX, los uigures declararon una independencia que resultó ser efímera, ya que el área quedó bajo el completo control de la China comunista en 1949.

En 1949, esa región estaba compuesta en un 4% por la etnia china han (la mayoritaria en el resto del país) y en un 80% por uigures. Por esto, chinos del resto de las regiones fueron trasladados a Sinkiang, hasta que, en 2010, el peso de cada etnia llegó a ser similar: cada una representaba aproximadamente el 45% de la población de esa provincia.

Sin ser suficiente la reducción drástica de sus actividades religiosas, culturales, comerciales, y la movilización de población han, los chinos han diseñado un “programa de capacitación vocacional en Sinkiang” que tiene “el propósito de combatir el terrorismo y el extremismo religioso”, lo que ha abierto el camino para la creación de “centros de reeducación o centros de transformación del pensamiento”.

Estos centros funcionan fuera del marco de la ley, quienes llegan ahí, lo hacen sin haber enfrentado un juicio y no se han presentado cargos contra ellos. El gobierno chino afirma que son estudiantes, mas no presos. En un documento publicado por la BBC (febrero 2020), se evidencia que existen mujeres que son acusadas solamente por usar su tradicional velo, otras personas fueron internadas simplemente por solicitar un pasaporte, prueba de que incluso la intención de viajar al extranjero se está viendo ahora en Sinkiang como un signo de radicalización. Son tan mínimas las razones por las cuales se pueden llegar a estos centros que un hombre identificado como Nurmemet, de 28 años, fue puesto en reeducación porque “el enlace de internet al que hizo clic en su celular llevó de manera involuntaria a una página web extranjera”.  Las evidencias no son solo documentales, también existen fotos satelitales de esos centros, testimonios de quienes han logrado salir de Sinkiang, estudios por centros de pensamiento de Europa y ONG defensoras de derechos humanos.

A pesar de todo esto, el gobierno de la República Popular China afirma que Sinkiang tiene políticas que respetan la libertad religiosa. Así mismo, sustenta sus acciones en esa región sobre la lucha contra el terrorismo, los vínculos entre Al-Qaeda y los uigures, y más recientemente con el antiguo Estado Islámico – DAESH. Por lo cual, ha implementado en esa región sistemas de reconocimiento facial, de interceptación telefónica y una amplia red de espías entre la población.

A pesar de que estas violaciones a los derechos humanos llevan muchos años, hasta esta semana occidente se ha manifestado de forma contundente por medio de sanciones a altos funcionarios del gobierno chino (las primeras desde la masacre de Tiananmen el 4 de julio de 1989).

La UE, Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido se manifestaron de manera conjunta, dejando clara la posición de occidente donde el respeto por los derechos humanos es un pilar y símbolo de las libertades individuales. Las sanciones contra Reino del Medio (como tradicionalmente se le conoce a China), ya están teniendo respuestas desde Beijing, con retaliaciones similares contra 3 líderes y 4 entidades británicas.

Estas acciones marcan la complejidad de las relaciones de occidente con el gigante asiático. Por el lado de la Unión Europea, se aleja de su posición pragmática de fortalecer el intercambio comercial y las inversiones; Estados Unidos sigue el rumbo marcado por la administración Obama donde se tiene a China como aliado para unos temas, y para otros es un rival; el Reino Unido se une a la posición de la UE (a pesar del Brexit) alejándose un poco del “pragmatismo económico””; y finalmente Canadá, queda una vez más entre la espada y la pared, pues con el pasar del tiempo es más dependiente de los yuanes, pero tiene de vecino al tío Sam, que ejerce una presión sin igual en cada decisión que se toma, y en el medio, los 2 ciudadanos canadienses presos en China, como respuesta a la prisión domiciliaria (en Vancouver) de la heredera de Huawei.

Este tipo de choques se esperaban hace mucho tiempo.  Cuando veíamos el crecimiento exponencial de China, pensábamos: ¿cuándo comenzará este país su relación de “igual a igual” con occidente? Estados Unidos y sus aliados están luchando por no perder su hegemonía. Por su cuenta China, como potencia naciente, se encuentra ansiosa por marcar su lugar y posición en el planeta.

Tal como en otros momentos de la historia, todo lo que pase entre imperios repercute en todo el planeta. Por ejemplo, la posición adoptada por Estados Unidos pone en posiciones muy complicadas a Corea del Sur y Australia. Por el lado surcoreano, un aliado clave desde 1950 cuando EE. UU. apoyó la resistencia contra la invasión comunista desde el norte, pero que tiene una relación estrecha con China, está tomando una “equidistancia” diplomática” pues continúa preservando su preferencia hacia Estados Unidos. Sin embargo, las sanciones impulsadas por la administración Biden, tienen un efecto en ese país, debido a que es la punta de lanza de Washington en su control del pacifico. ¿Acaso seguirá mirando para otro lado, como lo hizo durante la era Trump y su guerra comercial? ¿Es posible hacerlo?

Por el lado australiano, que en los últimos años vio un “renacimiento” con Estados Unidos y se encuentra en una nueva “luna de miel”, está en una posición muy difícil, pues tiene un acuerdo de libre comercio con China, hace parte de la Asean (liderada por ese país) que representa el 50% de la población mundial, y tiene un boom de inversiones provenientes de esa nación (arriendo del puerto de Darwin por 99 años).

Pero lo más grave, es que los aussies (como se conoce a los australianos) ya han recibido sanciones, escalada de aranceles y han tenido enfrentamientos de la OMC con china, por los intentos de cambio en su dependencia del gigante. El primer ministro Scott Morrison ha intentado bloquear el aumento de la dependencia china mediante el bloqueo a Huawei de participar en la licitación de la red 5G, su insistencia en una compensación por la expansión del COVID-19 o el rechazo a las acciones violentas en Hong Kong. Esto ha llevado a china a subir los aranceles de productos como la cebada o la prohibición de importación de carne australiana a su territorio. ¿La posición australiana se ha fortalecido con el comunicado de occidente? ¿China seguirá su camino de restricciones y sanciones a Australia directamente o a través de sus aliados en la región?

Por otro lado, el principio de una sola China se trata de la postura oficial de las autoridades de la República Popular China desde su fundación y hace referencia a que sólo existe un gobierno legítimo, el que tiene sede en Beijing, y que por tanto representa a todo el pueblo chino. De ahí, el rechazo enérgico a cualquier injerencia en sus asuntos internos. Por ende, la situación de los uigures, la ocupación del Tíbet y las fuertes represiones en Hong Kong responden a ese principio fundamental de la República Popular. Así mismo, Taiwán monitorea muy de cerca la situación en Sinkiang y las reacciones internacionales, pues puede incidir en sus relaciones con China, y su posición como estado independiente.

Otro punto clave del rompecabezas, son las aspiraciones geográficas y comerciales chinas tanto en la Ruta de la Seda 2.0 como en la creación de islas artificiales del Mar de China. Estos proyectos se pueden ver amenazados por las acciones de occidente, ya sea vía sanciones o presiones por medio de terceros relacionados con esos proyectos.

Colombia, como actor de reparto (hasta de extra), en el juego de poder mundial tendrá una decisión complicada. Debe decidir si quiere seguir a Estados Unidos como tradicionalmente lo ha hecho, o sigue en la expansión de exportaciones a China, ya no solo de aguacates, sino de otros productos. Debe analizar si en la medida que el choque entre occidente y China se agudice, se podrá seguir teniendo “equidistancia” diplomática, pues entre estos dos imperios, los extras nos veremos obligados a tomar posición.

@Myloclamar