Internacional

El padre de Aylan, el único superviviente: "Quiero evitar que otros sufran como yo"

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Teema Kurdi, la tía de los niños que aparecieron ayer varados en la orilla de una playa de Turquía, trató de conseguirles un visado para vivir en Vancouver, donde les estaba pagando un apartamento de alquiler.

El destino final de la familia de Aylan estaba a más de 11.000 kilómetros de la isla de Kos. Exactamente, en Vancouver (Canadá), donde vive su tía, Teema Kurdi, una peluquera que lleva más de 20 años en el país. 

 

Teema es la hermana del padre de Aylan, Abdullah Kurdi, el único miembro de la familia que ha sobrevivido al viaje. Los agentes de la guardia costera le encontraron ayer semiinconsciente en la playa y le llevaron al hospital. Fue él quien tomó la decisión de cruzar el mar y dos continentes para buscar refugio en los rascacielos de Vancouver.

 

“Quiero que el mundo entero nos escuche desde Turquía. Mis hijos se me escaparon de las manos. Tengo un gran sufrimiento. Hago esta declaración para evitar que otras personas tengan el mismo sufrimiento” exigía Abdullah al foco mediático que crece a su alrededor después de que su hijo se haya convertido en un icono mundial.   

 

Su hermana Teema recibió la noticia por teléfono a través de una llamada de Ghuson Kurdi, la mujer de otro de sus hermanos. Según su relato al diario canadiense ‘The National Post’, Abdullah y su mujer lo intentaron primero por las buenas.

 

El protocolo por el que pidieron asilo en Canadá fue a través del visado G5, según el cual los refugiados serán aceptados si cuentan con “el patrocinio” de cinco o más ciudadanos canadienses que tengan la capacidad de proporcionarles apoyo “económico y emocional”. 

 

“Mis amigos y mis vecinos me ayudaron a recaudar fondos. Incluso les estaba pagando el alquiler de un piso… pero no fuimos capaces de sacarles de allí. Por eso tuvieron que subirse a un bote”, lamenta Teema Kurdi. 

 

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A pesar de cumplir con los requisitos, su petición fue rechazada por el ministerio de Inmigración en junio bajo el pretexto de “las complicaciones” de gestionar las solicitudes que llegan desde Turquía. Y así, el celo administrativo dio pie a la tragedia.  

 

Por eso, dos meses después, Abdullah y su familia decidieron emprender un arriesgado viaje. Ahora el deseo del padre ya no es marcharse, sino regresar a su hogar en la ciudad de Kobani, al norte de Siria, para enterrar a su mujer y a sus hijos. Ahora es él quien rechaza la oferta de asilo de Canadá.

 

“Después de lo ocurrido, no quiero ir. Voy a llevarme los cuerpos primero a Suruç y luego a Kobani. Pasaré el resto de mi vida allí”, ha declarado a la prensa turca.

 

En el ‘Stalingrado kurdo’

Kobani, conocido como el ‘Stalingrado kurdo’, es un avispero que las milicias del Estado Islámico tratan de arrebatar a la mayoría kurda desde hace años. 
Pese a que este cantón es junto a los de Afrin y Yazira parte de los territorios “liberados” por los kurdos desde el inicio de la guerra civil en Siria, lleva meses bajo el asedio del Estado Islámico (EI) y las fuerzas de Bashar al Assad. 

 

Tras la entrada del EI en el extrarradio de la ciudad, las YPG (Unidades de Protección del Pueblo) decretaron el “estado de guerra” en toda la zona urbana y ordenaron la evacuación de todos los civiles y periodistas, pero según publicó ‘El Confidencial’ entonces, entre 10.000 y 15.000 civiles no obedecieron y permanecieron en la ciudad. 16 miembros de la familia Kurdi perdieron la vida. 

 

No se sabe si Aylan, su hermano y sus padres escaparon de Kobani en ese momento o lo hicieron más tarde. Lo que si ha quedado demostrado es que el problema ya no es solo turco, ni griego, ni siquiera Europeo. Ahora este es un problema global. 

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