Deportes, Mundial Rusia 2018

La presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, gana el Mundial de la simpatía

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Croacia cayó este domingo en la final del Mundial contra Francia pero una mujer croata sonreía frente al presidente Macron y su mujer, que celebraban la victoria de su país. Kolinda Grabar-Kitarovic ha sido uno de los personajes más interesantes del torneo, fuera de los campos, y, con permiso de Modric y compañía, la presidenta ha dado la talla.

A sus 50 años, católica practicante, casada y con dos hijas, esta política conservadora (su partido es la Unión Conservadora Croata) puede presumir de haber luchado por la independencia de su país frente la antigua Yugoslavia pero también de haberlo dado todo como hincha de su selección. Ha sido en la final cuando más ha brillado por sus gestos y su presencia en Moscú. El partido de semifinales frente a Inglaterra no pudo verlo porque se encontraba en la cumbre de la OTAN en Bruselas, aunque ha ejercido de aficionada como la que más. Hasta regaló camisetas de su selección al presidente norteamericano Donald Trump o a la primera ministra británica Theresa May, como pudimos comprobar en Twitter.

Si Croacia ha hecho historia quedando segunda en este Mundial de Rusia, su presidenta también merece una medalla por gestos como viajar a Rusia en clase turista, renunciando a sus privilegios, y pagándose de su propio bolsillo las entradas a los partidos. Incluso renunció a los días de sueldo que le correspondían por ir a los encuentros.

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Hija de carniceros, estudió Estados Unidos el bachillerato, donde se graduó en 1986. De vuelta en su país, terminó sus estudios en la Universidad de Zagreb con una triple licenciatura en Inglés, Español y Literatura. Cuenta además con un Máster en Relaciones Internacionales y recibió una beca Fullbright. Comenzó en política en 1992 como asesora del Departamento de Cooperación Internacional del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Más tarde se incorporó a su partido y una década después fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores. En 2008 fue designada para representar como embajadora a su país en Estados Unidos.

En 2010 se descubrió que su marido, Jakov Kitarovic, con quien se casó en 1996, estaba utilizando un coche de la embajada con fines personales. Ella misma pagó los gastos generados para evitar males mayores. Superó el escándalo y se convirtió en subsecretaria general de diplomacia pública en la OTAN entre los años 2011 y 2014. En febrero de 2015 se convirtió en la primera mujer en presidir su país, después de ganar la segunda vuelta de las elecciones.

Su marido es un empresario pero suspendió su carrera profesional para ocuparse de la casa y las hijas (que ahora tienen 15 y 17 años) cuando el ascenso político y las obligaciones de su mujer así lo requirieron. Luego retomó su trabajo cuando su mujer resultó elegida presidenta.

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