La UEFA plantea llevar la final de la Champions a otras ciudades fuera de Europa

En apenas dos días se celebra en Kiev la final de la Champions League. En la previa del encuentro, los titulares deportivos están compartiendo protagonismo con los titulares logísticos. Los aficionados que acudirán al encuentro (la UEFA ha dado 16.000 entradas a cada club, a Real Madrid y Liverpool) se están encontrando con decenas de problemas para acudir al choque. Mal comunicada y con poca capacidad hotelera, la capital de Kiev no es la mejor urbe para albergar una cita de este calibre. La baja oferta de servicios y la disparada demanda han provocado precios desatados. Acudir en avión y tener una noche de hotel reservada supera con creces los 1.000 euros por persona y puede alcanzar incluso los 10.000. Esta tesitura ha derivado en un fuerte debate interno en la nueva UEFA que dirige Aleksander Ceferin sobre cuál debe ser la política del organismo con las próximas finales. En la discusión se ha planteado un escenario llamativo. La UEFA podría trasladar la final de la Champions (y puede que el de la Supercopa de Europa) a otro continente. Esta posibilidad dispararía los ingresos de la competición y podría usarse como arma para frenar las intenciones de la FIFA y su revolución en la nueva guerra del fútbol.

Cuenta The New York Times que hace unos meses la UEFA discutió con las federaciones nacionales si veían con buenos ojos la opción de que las próximas finales del mejor torneo de clubes se disputase en lugares como Miami, Nueva York, Hong Kong, Pekín o Tokio.

La respuesta fue negativa impulsada por las federaciones más pequeñas que, como ha sucedido ahora con Ucrania o la temporada pasada con Gales, desean que la magia de la Champions también llegue a sus ciudades, convirtiéndose en anfitriones de la final.

Ceferin, sin embargo, no está por la labor de sacrificar capacidad operativa a cambio de darles ese gusto, sobre todo cuando la consecuencia de esta decisión es una desastrosa organización y una malísima publicidad para la misma UEFA. Su intención inicial era que la final se jugase en ese puñado de ciudades con infraestructura y logística suficiente para celebrar este evento sin riesgos. Son apenas una decena. Esta propuesta de Ceferin también fue rechazada.

Así que, puestos a forzar a los aficionados a gastarse miles de euros, ¿por qué no hacerlo para garantizar una final por todo lo alto en un escenario de lujo que atraiga a patrocinadores extranjeros y sus millones de euros?

Este último argumento, el económico, el de conseguir una nueva y vigorosa inyección económica para la Champions, es el que ha hecho que esta idea vuelva a un primer plano.

Llevándose la final de la Champions a otros continentes, Ceferin podría garantizar a los participantes nuevas y elevadas sumas de dinero con las que alistarles en su bando y frenar los planes de la FIFA.

Ceferin quiere convencer a los europeos de que rechacen el nuevo Mundial de Clubes y la nueva Liga Mundial de Naciones que propone la FIFA y Gianni Infantino, su presidente. El problema es que conseguir el apoyo de los grandes equipos sin aportar dinero es complicado.

Las competiciones de la FIFA reportarían 20.000 millones de euros que se repartirían entre esos mismos conjuntos y las federaciones nacionales.