Cosmorama

noticias, confidencial, colombia, cali, medellin, cartagena, agenda, La vida de nuestros antepasados

Publicidad

Ante el manicomio genérico en que se ha convertido el planeta en estos llamados tiempos modernos, saludable es para nuestras vidas y especialmente para nuestra salud mental a nivel individual, hacer reminiscencia de cómo se vivía apenas dos siglos antes en nuestros países, especialmente en el nuestro: Colombia.

Con el señuelo y engaño del desarrollo tecnológico hemos caído en la trampa de una vida agitada, insatisfecha, convulsionada y, sobre todo, vacía y desprovista del gusto por la existencia y la alegría por el mero hecho de encontrarnos con vida y salud y algún respaldo económico. Además del trueque y declive de muchos esenciales valores desaprovechamos la riquísima experiencia, enseñanzas y lecciones a cerca del mundo en que vivían nuestros ancestros.

 

No tenían las generaciones de otros tiempos que nos precedieron la tecnología y el desarrollo técnico y científico que hoy en este siglo XXI han alcanzado supuestamente para que llevemos una vida confortable y feliz. Quizás carecían de algunos lujos materiales nuestros tatarabuelos, abuelos y padres, pero a cambio tenían una vida sencilla, estable y tranquila.

 

En este mundo en el que vivimos abundan personas con todos los millones, pero paradójicamente es entre ellos que encontramos los más estresados, deprimidos, insatisfechos y llenos de un vacío existencial que los sumerge en una vida sin sentido y con deseos de terminar con su existencia por medio del suicidio. Las gentes humildes, sencillas y con menos recursos disfrutan plenamente de una felicidad auténtica y no fingida como muchos de las clases altas y no pocos de la media.

 

Antaño podían ahorrar muchas familias, pues no se daba el frenético y neurótico impulso de comprar como acontece en el presente para paliar los rigores espirituales y mentales de una vida hueca, vacía y artificial. Las familias eran numerosas, los hijos apenas tenían los elementos necesarios para una vida digna. Sobremanera, empero, existía respeto hacia los padres, al contrario de los hogares de nuestro tiempo en el que el ideal es tener la pareja, familia en la que los hijos son los reyezuelos, al garete de los caprichos de estos sin que haya respeto y consideración por lo más sagrado que podamos tener, cual es la madre y el padre. Se pasó del rígido esquema del autoritarismo del padre hacia sus descendientes a uno en que quienes mandan, ordenan e imponen la autoridad son los hijos. Primaba la vida campesina sobre la citadina, en tanto que en la actualidad viven muchísimas más personas en la urbe que en las regiones rurales.

 

Publicidad

Crecimos los de otras generaciones en medio de la naturaleza; los hijos de hoy se crían en unidades cerradas y espacios completamente pequeños y aislados de los árboles, montañas, ríos y demás delicias naturales, con lo cual tienen una vida menos experimental en el aprendizaje, el que se adquiere a través de la televisión, la internet y demás medios tecnológicos, por lo que puede decirse cada día más son robóticas, mecánicas y artificiales sus vidas, lo cual se refleja en sus rostros desapacibles, tristes, desprovistos y exentos de la chispa de la alegría que suele reflejarse en los ojos de un individuo plenamente feliz.

 

Anotaba con acierto el padre del partido conservador, Mariano Ospina Rodríguez, en un escrito que data de siglo y medio, que la civilización de un pueblo se representa por el grado de moralidad, de instrucción y de bienestar de que disfruta. Cotejando tal aserto con lo que hoy percibimos podemos concluir que los pretenciosos, ostentosos y jactanciosos mujeres y hombres modernos que poseen los elementos más sofisticados tecnológicos, no pasamos de ser seres completamente incivilizados. La moralidad hace tiempos que es el enriquecimiento a cualquier precio, la comisión de delitos, la rapiña, el robo, el desfalco el erario público, en suma, la corrupción.

 

Más informados somos los seres que vivimos en estos tiempos, pero jamás más instruidos, cultos ni educados que nuestros antepasados. Hoy creemos ser cultos porque conocemos superficialmente miles de temas sin que entendamos o seamos eruditos o expertos en alguno de ellos.

 

La base de datos almacenados en la red informática de internet es multimillonaria en posibilidades al alcance del usuario, pero el conocimiento de ellos y el buen uso de los mismos se hace completamente inviable. Por manera que la aparente vida confortable, culta y educada no pasa de ser una falsa fachada, una imagen irreal de lo que somos.

 

En el próximo escrito aspiro continuar demostrando el modelo de vida del pasado como paradigma a imitar por las generaciones que vivimos en el planeta en estas calendas.

Publicidad
Previous ArticleNext Article