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Quienes habitamos en el trópico poco sabemos de la bella, romántica y tibia estación del otoño, si acaso alcanzamos a percibir unos vislumbres de ella a través de imágenes, revistas, impresiones televisas o cinematográficas.  Por medio de aquella hermosa composición, bellamente interpretada por Roberto Jordán, titulada Amor de estudiante y tan popular en la década setentera, plasmada de hermosas baladas, supimos los latinoamericanos visualizar tal estación, pues la canción se encarga de evocarnos un campo cubierto de hojas desprendidas de los árboles como señal que la vida vegetal y floreciente del mayo primaveral, empieza a desaparecer. 

A manera de metáfora podemos afirmar que del glorioso pasado de la extraordinaria cultura griega estos tiempos demarcan una muerte lenta, una otoñal cultura que para algunos se encuentra en un ocaso cercano a la oscuridad invernal. Se han encargado los medios de comunicación, la televisión a la cabeza, de mostrarnos la encrucijada económica que vive en los últimos lustros la economía griega, sumida en la bancarrota y a la que han acudido las naciones hermanas de la comunidad europea en su rescate, de la que muchos griegos de clase media y proletaria admiten es el producto de una vida dedicada al ocio, las fiestas y el hábito de la holgazanería y el poco amor por el trabajo. Cuesta mucho creer que los descendientes de los filósofos más connotados de la humanidad y los forjadores de las ciencias y creadores del concepto moderno de democracia, la tierra de los dioses más humanizados y famosos, amantes de la sensualidad, la vida tranquila, estén hoy sumidos en aprietos monetarios que solamente los pocos seguidores de sus antepasados estoicos y del desprendido de bienes materiales, Diógenes, pueden soportar, una vida rayana con la pobreza material.

 

Pero no todo es sombrío para los alegres, hospitalarios y humanistas nativos de la cultura helénica, ya que herederos de sus ancestros milenarios, un hedonismo y gusto por la vida que se refleja en su especial y atractiva gastronomía y en su bella música de tonada parecida a la árabe, a la vez que disfrutar de un hermoso paisaje, aunque desértico, lo hermosea ese azul intenso y precioso del mar Egeo, en el que se destacan centenares de islas, antaño frecuentadas por los míticos dioses griegos y en tiempos más recientes por magnates y millones de turistas que aprovechan unos lugares paradisíacos a precios de países del tercer mundo.

El turismo más selecto del mundo ha descubierto uno de los refugios más encantadores del planeta, con sus gentes sencillas, hospitalarias y amables que al contrario de otros nacionales de Europa, agradecen a quienes los visitan y comparten con ellos las delicias de la comida griega, una de las más agradables al paladar, quienes pese a su situación económica no abusan del turista como ocurre con un país vecino al que aquí aludimos.

 

Placer de dioses y de humanos es visitar este pequeño, milenario y hermoso país, orgulloso y altivo en lo cultural, sencillo y amable en el trato personal, situado entre el Mediterráneo y el oriente cuna de la civilización occidental, y pudiera decirse, abuelo de nuestra patria, si admitimos que España es la madre de los latinoamericanos como ha dado en llamarse.

 

Característica fácil de percibir en quien viaja por estas míticas y milenarias tierras es el trato amable, humorístico y extremadamente personalizado de los rústicos campesinos que administran hoteles caseros, tabernas y restaurantes, donde es fácil comprender la vida apacible, serena y despaciosa que llevan los paisanos de Sócrates, Platón, Epicuro y demás personajes históricos helénicos. Si los españoles tienen fama de fiesteros, rumberos y trasnochadores, los griegos los superan en estos menesteres y si en nuestras Bogotá y Medellín los atascos y trancones obedecen al desplazamiento necesario para la jornada laboral, en Grecia, principalmente en su capital, Atenas, obedecen a razones de esparcimiento y juerga, dado que estos rumbean hasta las primeras horas del amanecer.

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El ideal del hombre materialista y con gran espíritu humanista ha estado representado en Zorba el Griego, llevada al cine por el extraordinario director Nikos Kazantzakis, autor también del film La última tentación de Cristo, en la que también participó Martin Scorcese.

 

Quizás carentes de recursos económicos, los griegos sin embargo, saben que su riqueza está en su cultura tres veces milenaria, en su bellísima música en la que en épocas modernas Mikis Theodorakis nos legó los arreglos musicales para Zorba el Griego y la portentosa y maravillosa pieza musical El amor brillaba en tus ojos, interpretada magistralmente por Vicky Leandros y conocida en nuestra Colombia en la voz de Claudia Osuna.

 

Lugar de ensueño y de belleza extraordinaria es el que también es conocido con el nombre de Hellas o Hellade, tierra en donde según la mitología, los dioses del Olimpo iban a descansar, y en la actualidad algunos afortunados también emulamos a esos dioses, que a diferencia de los de otras religiones, están más cerca de nosotros, los mortales bípedos, que siguiendo la religión cristiana, nos hemos creído equivocadamente ser el centro del universo.

 

Esta fascinante Grecia se nos ofrece hoy como destino de interés turístico o precios superiormente más bajos que nuestra promocionada Cartagena de Indias.

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