Por un POT donde prime la vida digna y el ambiente por encima del interés inmobiliario

El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es una oportunidad para pensar en cómo queremos vivir por los próximos años y el rumbo que le queremos dar a nuestro territorio. La pandemia fue un punto de inflexión para la humanidad y nos obligó a cuestionar nuestra relación con los demás y nuestro entorno, y puso en el centro la necesidad de actuar como comunidad para sobrevivir.

En Bogotá intensificó y sacó a flote problemáticas y necesidades que han existido desde décadas atrás, es por esto que este plan es una oportunidad para que construyamos un horizonte común, planeando colectivamente, una ciudad y una región en el que todas las expresiones de la ciudadanía estén articuladas y se generen narrativas para la construcción de paz, la transformación de conflictos de manera no violenta y para la garantía de la vida desde una perspectiva amplia.

¿Por qué es importante el Plan de Ordenamiento Territorial? El POT es un instrumento jurídico que define las directrices por las cuales se ordena y se interviene el territorio, pero sobre todo es la representación de la forma en la que está organizada nuestra sociedad y es una expresión de la relación que tenemos con el territorio.

Desde el año 2004 Bogotá no ha renovado su POT, lo que significa que en ese tiempo han surgido nuevas relaciones con el territorio y percepciones sobre la organización de nuestro entorno. Estas transformaciones deben incorporarse en este instrumento, pero sobre todo deben propender por la justicia espacial y ambiental, y el derecho a la ciudad de todas, todos y todes; y no solamente la de los constructores.

Por esta razón, el POT debe potenciar los elementos positivos de las actuales formas de ocupación del territorio y corregir los elementos negativos que van en detrimento de los ecosistemas y que degradan las relaciones sociales en la ciudad. No obstante, estas premisas, el Proyecto de Acuerdo que radicó la administración distrital considera que, en su mayoría, la ciudad hay que volver a construirla, sin reconocer o integrar las dinámicas sociales, económicas y culturales que ya existen.

Por ello, planteamos los siguientes puntos que sí o sí debería contemplar el POT, y que integran las dinámicas sociales, económicas y culturales existentes, pero que además incorporan una mirada holística del ordenamiento de la ciudad:

Bogotá sin humedales, sin cuenca y sin ZMPA no tendrá vida:

El ordenamiento territorial de Bogotá debe formularse en torno a la estructura ambiental de la ciudad. No debe haber proyectos de desarrollo urbanístico que vayan en detrimento de la Estructura Ecológica Principal (EPP), por eso, se debe delimitar y proteger la vida de los humedales, las cuencas y la Zona de Manejo y Preservación Ambiental (ZMPA).

Además, el plan debe ordenar la ciudad y el campo bajo estrictos principios y criterios de sostenibilidad integral y en una perspectiva de largo plazo, lo que implica asumir las determinantes de la EEP en escala regional. Esa organización debe reconocer las iniciativas ciudadanas alrededor de la protección de los ecosistemas, como la del corredor ecológico del Río Tunjuelo.

Por una vivienda digna, democrática y que no aumente la especulación inmobiliaria:

El POT debe impulsar una política real de vivienda social que dé respuesta a las necesidades de la gente con menos recursos. Este POT no puede permitir un proceso de especulación inmobiliaria que aumente los precios del suelo. En ese sentido, la mitigación del déficit de vivienda debe centrarse sobre todo en el déficit cualitativo y no en la generación de nuevas edificaciones. Además, debe proteger moradores y evitar el desplazamiento de población ocasionado por la renovación urbana.

El suelo es oro para la ciudad:

Las decisiones que se toman sobre el suelo son fuentes de generación de riqueza. El POT debe contener herramientas que le permitan al Estado recuperar y redistribuir la riqueza colectiva que se alberga en el suelo para financiar necesidades de la ciudad. Debería haber una modelación de la capacidad de recuperar estos recursos con la edificabilidad que se está definiendo.

Región Cundinamarca y Bogotá sí, pero no así:

El POT no plantea mecanismos claros de integración regional: ¿Qué va a pasar cuando se apruebe la reglamentación del acto legislativo de la región metropolitana?, ¿Cuáles son los acuerdos en términos de conectividad, abastecimiento, vivienda, vocaciones productivas y urbanas a los que llegó Bogotá con los demás municipios para poder definir un esquema de ocupación regional? La ciudad y la región no pueden ni deben crecer de manera dispersa e indefinida sobre el territorio, pues esto trae consigo un uso ineficiente del suelo, afecta negativamente la estructura ecológica de la región y va en detrimento de la diversidad regional.

Norma urbana y rural admirables:

La ciudad se debe proteger de cambios abruptos que vayan en contra de las comunidades en los territorios. Los proyectos de renovación urbana o revitalización no deben ser sinónimos de demolición, ni la excusa para expulsar residentes, ni cambiar las dinámicas propias de los barrios o veredas, para satisfacer los intereses del mercado y el negocio inmobiliario. Una vez aprobado, el POT debe tener herramientas que impidan cambiar la norma sin participación ciudadana y sin criterios técnicos.

La lógica de la planeación de la ciudad no puede ser únicamente la del cierre financiero de los proyectos inmobiliarios, no puede demolerse toda la ciudad por los intereses de un grupo, ni debe generalizarse la norma para toda la ciudad, desconociendo las dinámicas propias de los territorios.

@cancinodiegoa

Diego Cancino

Concejal de Bogotá Filósofo de la Universidad Nacional de Colombia. Tiene estudios de maestría en políticas públicas de la Universidad de los Andes. Asesor en la Cámara de Representantes y profesor en la Universidad de los Andes y en la Universidad del Externado.

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