De la vacunación de los médicos a la vacunación de la población en Bogotá: aglomeraciones y desorden

Esta semana, con las vacunas que han llegado a cuentagotas al país, se inició la vacunación en la ciudad de Bogotá de los mayores de 80 años. El primer ciclo de vacunación inició con los médicos en la primera línea. Hay denuncias, no confirmadas, de que en hospitales públicos se vacunó a personal administrativo y a pensionados, que 0 no eran prioridad, pues no están en la primera línea de atención. Estamos haciendo seguimiento a las listas de vacunados en la red pública. Sin embargo, se puede decir que ese primer ciclo de 12,000 vacunas se aplicó ordenadamente y en un tiempo eficiente. Obviamente era llevar las vacunas a los hospitales para vacunar a los médicos y Bogotá tiene una buena infraestructura de vacunación.

Sin embargo, la historia fue diferente cuando inició la vacunación de los mayores de 80 años, que podemos clasificar como población vulnerable. Lo que se vio fue aglomeraciones en las salas de espera que ponen en riesgo la salud de estas personas. Toca el corazón ver a quienes han sufrido los peores estragos de la pandemia, no solo por su fragilidad al virus, han puesto el mayor número de muertos, sino por haber estado encerrados casi un año. Largas filas en las calles y salas de espera repletas fueron el panorama. El desorden del proceso se tradujo en un trato indigno para los más afectados por la pandemia. ¿Qué factores contribuyeron a esta situación?

Lo primero fue la decisión del gobierno nacional, en cabeza de Iván Duque, de entregar el agendamiento y la organización del proceso de vacunación a las EPS. Todo colombiano sabe que para cualquier procedimiento la norma con las EPS son las filas. ¿Por qué00000 pensó el Ministerio de Salud, que iba a ser diferente en el proceso de vacunación?

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Lo segundo, es la falta de una estrategia territorial por parte del distrito. Nuestra bancada lleva un año pidiendo a la administración que implementara de nuevo el exitoso programa de Territorios Saludables, que costó tres gobiernos y 12 años en consolidar en Bogotá y que en el 2015 contaba con mil equipos de atención médica a los territorios y los hogares, cubriendo el estrato 1 y 2 de Bogotá, atendiendo, masiva y sistemáticamente a 3.5 millones de personas. Esto era crucial, tanto para el rastreo como para el control epidemiológico del virus, con el fin de que la gente no se contagiara, pero también en el proceso de vacunación. Tanto así, que ante el desorden de agendamiento por parte de las EEPp la misma alcaldesa por fin aceptó la necesidad de vacunar a la casa y en un trino le pedía permiso al Ministro de Salud para hacerlo.

Y ahí hay un punto clave. La alcaldesa Claudia López, no necesita permiso por parte del Ministro de Salud para vacunar a los mayores de 80 años a la casa. Tiene varias herramientas que no ha querido poner en práctica. Por una parte, puede usar la EPS pública del distrito, Salud – Capital para implementar un modelo ambicioso de vacunación al territorio y a la casa. Los afiliados de Salud-Capital son 900,000 ciudadanos del régimen subsidiado, podían empezar ese trabajo con los mayores de 80 años , que estuviesen en la mayor vulnerabilidad socio-económica.

El Secretario de Salud y la alcaldesa Claudia López, han mostrado como un logro el convenio con las EPS como un proceso de coordinación ejemplar para el manejo de la pandemia, incluyendo los 120 equipos domiciliaros para la atención de pacientes COVID en la casa y la realización de pruebas domiciliarias. Este programa luce insuficiente para cubrir la necesidad de una ciudad del tamaño de Bogotá y no fue aprovechado para facilitar la vacunación de los mayores de 80 años y así evitar poner en riesgo la vida de estos sometiéndolos a las aglomeraciones vistas, recordemos que la primera dosis no genera una inmunidad completa contra el virus.

El viernes 27 de febrero, otro factor que produjo las aglomeraciones fue la falta de información de la ciudadanía. Muchos llegaron antes de ser citados, esto sumado a los atrasos cotidianos de la atención, conllevó a que el agendamiento se desbaratara por completo. Nuevamente la falta de información asertiva a la población ha redundado en poner en riesgo a los ciudadanos y ciudadanas.

Tampoco vimos al distrito tomando medidas sancionatorias. Tienen la competencia para controlar y sancionar IPS que generen un proceso de poca calidad en la vacunación, por ejemplo, por mala administración al generar aglomeraciones. Nuevamente se ve poca capacidad de ejercer la autoridad sanitaria por parte de la Secretaría de Salud.

No nos sirve a los ciudadanos el partido de ping-pong entre la Alcaldesa y el Gobierno Nacional, ambos deben responder y ejercer plenamente sus competencias sin excusas ni dilaciones en el manejo de la pandemia y en este caso en garantizar los derechos de los ciudadanos más vulnerabl00es, los mayores de 80 años, que merecen en esta dramática situación, toda nuestra solidaridad, reconocimiento y por parte del estado la defensa de sus derechos, que incluye no ponerlos en situación de mayor riesgo.