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“Yo era un peruano que quería ser un escritor francés”: Mario Vargas Llosa

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Después de recibir las llaves de la ciudad de Cartagena de Indias, el escritor Mario Vargas Llosa cumplió la cita con sus lectores y seguidores para conversar con Carlos Granés en el marco del Hay Festival. El autor de “La Ciudad y Los Perros” dijo entre otras cosas, que la libertad es un regalo que da a través de la cultura.

“En Perú, igual que en otros países de Latinoamérica –y más en aquella época por las cuales yo empecé a escribir- la vocación literaria no era muy bien reconocida” dijo el escritor, ganador del premio Nobel a la literatura en el 2010.

La cita fue en el Centro de Convenciones de Cartagena donde cientos de personas estaban entusiasmados por oír al “gran maestro” que se había dejado ver también caminando por las calles de La Heroica ante la mirada atónita de muchos y la indiferencia de otros.

En su conferencia explicó su experiencia como cadete en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde alcanzó a fortalecer su pasión y deseo por las letras. “Yo llegué al Colegio gracias a la literatura, mi padre que desde principio vio que yo tenía una cierta vocación para escribir y preocupado porque él pensaba que la vocación literaria era un pasaporte para el fracaso absoluto (…) me envío a ese colegio como la mejor “cura” para ese mal”.

Pero reconoció también que allí fue donde aprendió sobre el país indiferente y desigual, sobre las fracturas sociales y la violencia de la vida y las relaciones humanas. “Pero también, me convertí en un escritor profesional escribiendo cartas de amor, me pagaban en cigarrillos y tenía que leer las cartas que enviaban ellas y me divertía y entretenía mucho. Además (…) escribía novelitas pornográficas de una o dos páginas, porque dentro de las ramas de la literatura, el erotismo si parece una rama viril”.

El autor de “La ciudad y los perros” recordó su lectura del libro “La noche quedó atrás” de Jan Valtin, que lo impresionó y le dio la idea que había un problema de injusticia social muy profundo que en el Perú se vivía distinto pero que también existía. Confesó que, “cuando leí el libro decidí estudiar en la universidad de San Marcos (claustro público) aunque mi familia hubiera preferido que yo entrara a la Universidad Católica, pero yo quería ir a la Universidad de los Cholos porque soñaba ser comunista”.

Luego confiesa que no tardó mucho en desencantarse del comunismo y que tan sólo un año le duro la militancia en el partido político, “y me salvó del dogmatismo comunismo, Sartre y sus libros. Entendí que a través de la literatura yo podía combatir la injusticia social. Sartre te hacia entender que la literatura no te alejaba de la realidad”.

Mario Vargas Llosa también se refirió a su manera de escribir novelas y la estructura de la cual aprendió; según el literato, el

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autor que le enseñó a prestar atención en la forma fue Faulkner en especial sobre el manejo del tiempo para crear distintas atmósferas en los narradores. Y sobre Flaubert dijo que descubrió qué tipo de novelista yo quería ser, y quería escribir ese tipo de novelas que lo sumergían en la realidad usando un lenguaje elegante y sabio. “Mi consejo para los que inician a escribir, es leer la correspondencia de Flaubert porque no hay nada que estimule más que sus cartas”.

A cerca del llamado “Boom latinoamericano” el maestro Vargas Llosa recordó que él no sabía nada de Latinoamérica hasta que llego a Europa y allí descubrió todos los autores vecinos que en el propio Perú no había leído antes. “Yo viaje a París, porque era un peruano que quería ser un escritor francés. Yo tenía la idea ingenua que si uno quería ser escritor o un artista tenía que ir a Paris porque había algo en la atmosfera que a uno lo convertía en un creador”.  Y recordó que todos eran muy amigos y solidarios hasta que la política se involucró en ellos.

Sobre “Cien años de soledad” mencionó que fue el único libro que se salió de las manos de los círculos literarios más cultos de Europa y rompió esa barrera para llegar al “gran público”. “Fue todo un fenómeno que entusiasmo a toda Europa”, recordó.

El maestro también se refirió al sexo, y dijo que estábamos regresando al sexo salvaje que sólo implica lo físico y lo reproductivo, pero que estamos olvidando los rituales que, “hacen que el sexo se convierta en una experiencia donde uno desborda todos sus sentidos”. Esto influenciado por “una gran cantidad de factores entre ellos los productos que están hechos para que los seres que los consumen no tengan un sentido crítico”.

La cultura es entretenimiento, pero si el entretenimiento es sólo cultura, entonces todo será banal y poco profundo. Este tipo de cultura, según algunos como Guilles Lypoivieski es por fin, la cultura democrática, pero este “tipo de subcultura”, genera sociedades que no tienen libertad, ni democracias justas porque su gente está “cloroformizada” por productos que están hechas con poco pero apuntan a muchos.

Finalmente el maestro mencionó que ya tiene lista su nueva novela y adelanto que el titulo será, “El héroe discreto” que relata alguna historia del Perú de hoy día.

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