“Ya estamos en los diálogos, nadie nos tiene que invitar”

José Antequera lidera la organización de Hijos por la identidad, la justicia, contra el olvido y el silencio. Su voz es un referente para hablar de víctimas, reparación, reconciliación y, sobre todo, de memoria.

José Antequera Guzmán, es asesor del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, integrante y fundador de la organización Hijos por la identidad, la justicia, contra el olvido y el silencio, y parte del Movimiento de Victimas de Crímenes de Estado.

 

Su padre, con quien comparte el nombre, fue asesinado en 1989 en el aeropuerto El Dorado. Jose ha dedicado su vida al estudio del conflicto armado, de la exclusión política y a reconstruir la memoria de las víctimas de la UP.

 

Sus palabras relatan la historia de un país que no se ha contado.  

 

¿De dónde sale la idea de fundar H.I.J.O.S en Colombia? ¿Cuál es su trabajo?

 

H.I.J.O.S es una organización que existe en Colombia desde el año 2006 pero, en varios países de América Latina y en algunos de Europa, desde hace más de 15 años.  Recoge la experiencia de una generación que tiene vínculos filiales con personas que han sido asesinadas o desaparecidas en contextos de represión política o de conflicto armado, y en torno a los cuales se han ejecutado graves vulneraciones a los derechos humanos.

 

Es una organización en donde nos reunimos muchos jóvenes, no necesariamente hijos de victimas, pero que intentamos plantear una propuesta generacional de construcción de memoria y de lucha contra la impunidad. Así hemos logrado en diferentes lugares posicionar muchos temas y revitalizar la lucha contra la impunidad en el mundo también.

 

¿Cómo los H.I.J.O.S tratan de hacer memoria y tener una visión política con respecto del conflicto armado y a la violencia política?

 

El surgimiento de las organizaciones de H.I.J.O.S representa la ruptura de un curso que se supone normal para las personas que son hijas de personas asesinadas o desaparecidas. Se trata de romper el curso del silenciamiento y de una ruptura violenta con la vida política. Rompemos con lo que sería nuestro destino normal a partir de lo que significa la imposición del miedo, la amenaza, la desaparición, la tortura.

 

¿Cómo romper con ese destino de “miedo” y “silencio”?

 

A partir de esa ruptura lo que comienza es la expresión. Lo primero que han hecho todas las organizaciones de Hijos, la nuestra incluida,  son conmemoraciones públicas, actos de reconocimiento público, actos de homenaje, actos de dignificación que implican el espacio público, las nuevas expresiones culturales y artísticas.  Nuestro primer objetivo es el rencuentro y la redefinición de la historia, la identificación con lo que eres y siempre has sido.

 

Posteriormente, comenzamos a desarrollar un proceso de organización, de formación política, de superación incluso de algunos de los paradigmas iniciales con los que empezamos a comprender el tema de la lucha contra la impunidad. En principio siempre tienen que ver con los estándares internacionales de Derechos Humanos, unos discursos muy paradigmáticos que comenzamos a entender críticamente y a vincular con el problema de la necesidad de la solución política del conflicto, en el caso colombiano.

 

 

Usted es hijo de una víctima del genocidio de la Unión Patriótica, de la guerra sucia. En este escenario de diálogos esos fantasmas reaparecen, ¿Qué plantean ustedes para que no repitamos lo vivido?

 

Este proceso implica revivir las esperanzas y las expectativas, pero sobre todo, un reto para la sociedad colombiana: que se cuestione sobre su papel en lo que han sido los diferentes intentos de solución política al conflicto en Colombia.

 

Existe una idea generalizada de que la sociedad colombiana es un sujeto ajeno al problema de la solución política del conflicto o incluso más allá, quizás que solo la sociedad civil organizada tiene algún tipo de vinculación o algún tipo de responsabilidad con el tema de la solución política; y eso no es cierto.

 

La sociedad colombiana participa con su silencio, con sus acciones directamente. En su vida cotidiana participa repudiando o no la guerra sucia, los asesinatos, las desapariciones. La paz pasa por ahí, porque en la cotidianidad las personas decidan incorporar como valor la lucha por la solución política, la lucha por la ampliación de la democracia y que lo puedan entender en su cotidianidad.

 

Es eso lo que nos ha llevado a tener un país donde la gente ha podido ver por televisión muchos asesinatos, muchas masacres, muchas desapariciones. Meras noticias que ha terminado naturalizando y eso se expresa cotidianamente en nuestra sociedad.

 

¿H.I.J.O.S es optimista frente al diálogo con las Farc?

 

Por la experiencia que tenemos, me parece que cada vez que hablamos de paz tenemos mucho más por ganar que por perder. Nuestro miedo es la ansiedad por no alcanzar aquello que podemos ganar.

 

También tenemos cosas que perder, por lo menos en el caso mío, yo ya perdí a mi papá en la lucha por la solución política del conflicto. Tengo muy claro que no lo asesinaron porque le cayera la violencia desde arriba o porque fuera un accidente, sino porque es una lucha que tiene sentido y que sigue vigente hoy.

 

Yo estoy absolutamente convencido que la solución política del conflicto en Colombia es realmente el objetivo por el que hemos luchado los H.I.J.O.S. Somos revolucionarios, pero está claro que por las armas no pretendemos, ni hemos pretendido, que se resuelvan los problemas de la política en el país.

 

Lo que si está claro es que por las armas un sector significativo de este país ha librado la lucha por la ampliación de la democracia. Si se acaba esa lucha, permitirá que se podamos hacer política como nosotros hemos querido, es decir, sin tener que ocultar, maquillar o tergiversar lo que son  nuestras propuestas políticas como sectores de izquierda y revolucionarios.

 

¿Es decir que la eventual firma de un acuerdo de paz también es una oportunidad para sectores de izquierda?

 

Es una oportunidad, pero tiene unas condiciones. Las dos condiciones básicas son las garantías políticas que permitan que eso se haga realidad y la segunda una política de solución de problemas agrarios que pueda hacer confluir el problema de la necesidad de reparar y al mismo tiempo reconstruir en los campos colombianos. Un elemento vital necesario para el tratamiento con los combatientes que han participado en esta guerra, en la guerrilla e incluso en muchos grupos paramilitares.    

 

La memoria de la que ustedes hablan ha sido atacada por sectores políticos que asimilan actores como la UP a las Farc, uno de ellos es el del expresidente Uribe ¿Qué opinión tiene de la versión del exmandatario sobre la “combinación de las formas de lucha”?

 

Que sus mentiras tienen un limite, y el limite de sus mentiras es el tiempo de formación que nosotros hemos tenido que agotar para comprenderlas y para anteponerlas a la verdad.

 

Álvaro Uribe solo existe en Colombia con todo su arsenal de mentiras por el genocidio que se ha ejecutado contra quienes con su palabra pudiesen, pudieron y han podido, en muchos momentos del país, decir cuál ha sido la realidad de la experiencia histórica de la violencia, del conflicto en Colombia.

 

Nos ha costado mucho reconstruirnos para poder entonces anteponer nuestra versión, pero ya lo estamos haciendo y creo que lo vamos a lograr segura y sinceramente.

 

Lo que ocurre en este momento es justamente eso. La propuesta del presidente Santos tiene mucho que ver con la reproducción del lenguaje y de la comprensión del conflicto que tiene el uribismo y la extrema derecha en el país, por un asunto muy desafortunado y es que eso se ha sembrado e impuesto en la sociedad colombiana como lo legítimo. Me refiero específicamente al hecho  de que cuando el presidente sale a decir que la paz es la victoria, lo que esta queriéndonos decir a todos es que la paz es el último lugar del camino de la guerra que se legitima y se continua legitimando desde el Estado colombiano.    

 

Lo que nosotros sabemos y tenemos muy claro  es que esa guerra en realidad ha sido la mejor excusa para  la vulneración masiva de los derechos humanos en Colombia. También tenemos muy claro que la paz no es un problema de victoria, sino que la paz es un problema de un valor  que está dentro de nuestros sistemas de valores, dentro de nuestros fundamentos de construcción de sociedad colombiana y que tiene que rescatarse así.

 

¿Por dónde comenzar?

 

Hay que variar el lenguaje, variar las concepciones, esto no es la paz con la organización terrorista de las FARC, esto es la paz con la insurgencia colombiana. Esto no es la paz con los terroristas por cualquier política de desmovilización de verdad, justicia o reparación, simplemente; esto es una paz que tiene que implicar un proceso de reconstrucción nacional, de apertura democrática.

 

Recuperar ese lenguaje, ese sentido, es la gran tarea de la memoria histórica, y pasa porque comprendamos nuestra experiencia de otra manera, diferente a como el poder nos pretende imponer esa comprensión.    

 

¿Cómo van a aportar las organizaciones como H.I.J.O.S a la construcción de esa paz negociada herméticamente entre las contrapartes armadas?

 

Nosotros nos consideramos adentro de los diálogos. Lo que pasa es que no nos pretendemos meter  en una mesa donde tienen que discutirse cosas muy específicas y frente a lo cual pensamos que no se pueden abrir espacios para protagonismos que pueden entorpecer  un proceso especifico.

 

De los diálogos ya estamos participando porque estamos pensando, porque queremos proponerle  a este país. Tenemos tres tareas. La primera es que sabemos que hay que librar un debate al interior de las fuerzas donde nosotros militamos si se quiere, que son fuerzas de organización social, fuerzas de organizaciones de izquierda, fuerzas de organizaciones populares.

 

Debate interno porque la paz es una cosa que va en contra de los preceptos que se nos han impuesto durante muchos años en el país, hemos perdido la confianza en la paz, se nos ha convencido incluso que los derechos de las víctimas a veces estarían en contradicción con la paz. Entonces tenemos que dar ese debate concretamente.

 

La segunda cosa es que tenemos que expresarnos. Nosotros queremos decir cual es el país en paz que queremos. Nosotros ya hemos pasado de la etapa de querer solamente mostrar lo que pensaban nuestros padres, ahora queremos ponernos nosotros en el país a decir, como nueva generación, lo que pensamos sobre el país.

 

Lo tercero es proponer cosas específicas en nuestro ámbito. Por ejemplo, frente al problema de la verdad como un elemento necesario para que en la solución política se logre satisfacer el derecho de las victimas. Queremos proponer cosas ciertas frente al tema de la reparación y de la reconstrucción que tienen que sintetizarse en esa política agraria. Queremos proponer cosas frente a las garantías políticas, que nuestra memoria para que el tema de las garantías políticas tome mucha fuerza en el país porque ahí esta la gran clave de la solución del conflicto desde hace treinta años o más. Entonces ya estamos en esos diálogos, nadie nos tiene que invitar.