Voto en blanco, no voto, vote bien (I)

El Voto en Blanco no es inocuo como piensan algunos electores de opinión preocupados porque los buenos aspirantes al congreso puedan perder frente a las maquinarias clientelistas y corruptas sobre todo cuando el tope de las campañas se amplió y dineros mafiosos las podrían financiar. (Opinión)

El Voto en Blanco no es inocuo como piensan algunos electores de opinión preocupados porque los buenos aspirantes al congreso puedan perder frente a las maquinarias clientelistas y corruptas sobre todo cuando el tope de las campañas se amplió y dineros mafiosos las podrían financiar conformando un posible carrusel electoral de lavado de dólares. Esto no es nuevo, hace rato que así se hace la política en éste país que se acostumbró andar por el borde de la cornisa, como los gatos.

 

El Voto en Blanco siempre ha sido atacado por los fan del voto de opinión, porque a las maquinarias clientelistas no les preocupa, pues siempre ganan por la via de la compra de votos como parece que acontecerá en más de 300 municipios, según pesquisas del MOE. Se fueron muchos paras pero llegaron muchos tramposos a la política.

El Voto en Blanco, a pesar que fue reglamentado para que el clientelismo nunca pierda, es una legítima y válida expresión de indignación política cuando es evidente y creciente el repudio que la misma clase política se ha encargado de crear en la ciudadanía. Muchos han votado por los buenos, pero los buenos son siempre minoría y los malos siempre mayoría y así siempre ganan, de esta manera lo bueno nunca llega.

Con los tantos escándalos sin fin de estos últimos meses, Colombia ha visto que la constitución del 91 quedó mal hecha, que muchas leyes están mal reglamentadas (el fuero del procurador) y otras aún no han sido regladas (como la ley de inteligencia, ley de las chuzadas legales e ilegales). De esto también son culpables los buenos legisladores.

Es hora que la ciudadanía vaya de manera libre y en silencio a expresar su malestar.  Es además la única manera para que no la agredan al menos en las poblaciones de más de 100.000 habitantes, porque en muchas poblaciones de pocas personas están a merced de los enemigos de una sana democracia, porque el estado no llega o porque su presencia no está consolidada.  

Pero también debemos defender el NO VOTO. El NO VOTO en la revocatoria a Petro para que no ganen ni la extrema derecha del procurador que cree que abandera una guerra santa en el siglo XXI, ni gane Petro el ineficiente. Al no alcanzar el umbral, no ganan ni unos ni otros, ni se alimenta la inestabilidad y la incertidumbre en Bogotá y en el país, y así un nuevo alcalde progresista terminará la actual gestión a partir de julio, cuando Petro abandonará el palacio de Liévano porque difícilmente saldrá de esta como ganador absoluto.

Pero el no voto es también otra nueva y legítima expresión de protesta política. Alguien puede crear una cuenta del no voto, o simplemente la gente escribe en el día, en la noche, en la madrugada, en el minuto libre, en sus cuentas y en sus páginas, no voto, con la creatividad y el mensaje que quieran expresar, y los jóvenes indignados organizados en la red y las facultades de comunicación y de ciencias sociales analizarán lo que ahí se dijo porque servirá de insumo para una inevitable reforma política y para la reconstrucción de Colombia en el posconflicto. El no voto es distinto a la abstención, el no voto se debe expresar, se debe contar y se debe hacer sentir.  

El Voto en Blanco y el no voto hay que leerlos como una contribución a la paz, en la medida que la participación política en el posconflicto debe estar guiada por nuevas reglas, nuevos principios, nueva gente y nuevas construcciones políticas e ideológicas, tal como está empezando a ocurrir en el mundo. La democracia hay que depurarla, renovarla. recrearla y ampliarla, pero no por moda, sino porque Colombia lo necesita.

El Voto en Blanco y el no voto no son suficientes. Se necesita el Vote Bien, para lo cual mañana hablaremos de una Red por el Vote Bien (II), aunque queda la iniciativa y ojalá mañana nos encontremos con la sorpresa de que ya está andando.