Violencia sutil que mata mujeres

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En Colombia 209 mujeres han sido víctimas de feminicidio en lo que va corrido del año, de acuerdo con cifras del Observatorio de la campaña “no es hora de callar”. Los casos de violencia contra nuestras mujeres y niñas lamentablemente no son señal de alarma solamente en nuestro país, de acuerdo con la ONU, a nivel mundial el “35 por ciento de las mujeres ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por una persona distinta de su pareja”.

Esta semana se conmemoraba el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer y lo que queda claro es que el camino por recorrer es aún muy largo. Pareciera que los esfuerzos no se están poniendo en donde realmente toca, y los grandes sesgos históricos siguen representando el mayor desafío a vencer. 137 mujeres mueren diariamente en el mundo a manos de un miembro de su familia y aún hay quienes dudan de que la situación amerite estar como un tema prioritario en la agenda de nuestra sociedad.

Pequeñas muestras de permisividad frente a la violencia contra la mujer están incrustadas en nuestro día a día. Tenemos cientos de frases de cajón que llenan nuestro léxico y que siempre están recalcando que existe un sexo débil, que hay una forma de llorar más ridícula que otra o que hay un tono de voz que es inadecuado. Lo triste es que lo interiorizamos y lo pasamos a nuestras hijas e hijos en conversaciones que sostenemos diariamente con ellos y en comportamientos que validamos recurrentemente.

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Nunca se me olvidará cuando en un supermercado una señora mayor en su silla de ruedas ve a mis hijas y me dice: “¿Solamente las niñas? ¿y el varoncito? Porque están bonitas, pero hace falta el machito”. Me quedé paralizado. Muchos pensarán que esa frase no asesina a nadie, pero justo ahí está el error. La normalización de ese tipo comentarios demuestran lo bajo que hemos caído.

He estado ahí para apoyar a mis hijas quienes a su corta edad ya empiezan a vivir lo que muchos hombres jamás percibimos: agresiones por una frase, una mirada o una acción indelicada de sus maestros, amigos o familiares (hombres o mujeres). Ofendemos y pisoteamos por falta de educación. Ignoramos muchas de las acciones inconscientes que realizamos diariamente y que, al replicarlas no nos permiten lograr un mejor entendimiento de la problemática para que podamos enfrentarla mejor.

La conversación debe estar sobre la mesa y es importante que sea constante. Un día al año no es suficiente. Construyamos diálogos permanentes en nuestras casas, oficinas y grupos de amigos. Pongamos el tema en el centro y seamos vehementes. Autoevaluemos nuestras propias actitudes y prejuicios, que son, en la mayoría de los casos, más grandes de lo que creemos.

@AlfonsoCastrCid