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Una medalla con mucha fuerza

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La medalla de plata ganada por Óscar Figueroa, la segunda de Colombia en estos Juegos Olímpicos, tuvo su dosis de sufrimiento. En su tercer intento y ante la mirada asombrada de su compañeros olímpicos, el halterista se colgó la medalla e impuso un nuevo record olímpico para nuestro país.

En la prueba de arranque, el atleta colombiano comenzó con 137 kilos, que superó sin mayores inconvenientes, posteriormente pasó a los 140 y volvió a celebrar, pero cuando intentó con 142, las piernas se doblaron.

 

Así terminó el ejercicio, en el cuarto lugar, antes de la pausa para iniciar con el arranque, donde Oscar sabía que estaba su fortaleza.

 

El coreano Un Guk Kim era primero con un registro de 153 kilos, que se convirtió en récord olímpico para el envión. El segundo era Irawa Eko, de Indonesia, con 145 kg, seguido del chino Jie Zhang y el colombiano, con 140.

 

La estrategia, la tensión, los nervios y la angustia se unieron para ponerle una dosis de emoción más grande a la medalla número 13 de la historia, la cuarta de los pesistas.

 

A un lado de las tribunas en el escenario South Arena 3, del inmenso complejo Excel, estaba la mayor parte de la delegación colombiana, haciendo fuerza y gritando para animar a Oscar Figueroa.

 

El colombiano se encargó de poner un reto muy alto para su primer intento, tras pedir 170 kilos para su ejercicio en arranque, muy arriba en opinión de muchos, pero faltaba lo mejor.

 

Los participantes pasaron a sus turnos, mientras que el colombiano esperaba impaciente a que llegara su oportunidad, pero empezó a jugar la estrategia en busca de la medalla.

 

De un momento a otro, en el tablero se empezaron a mover los números, pero parecía más una subasta que una competencia de levantamiento de pesas. De 170 Oscar pasó a 172. Sus rivales también subían, hasta que la solicitud de Figueroa se detuvo en 177.

 

“Si yo fuera Oscar pedía 10 kilos más”, dijo en medio del desespero y la angustia Catherine Ibarguen, una de las atletas colombianas que estaban en la tribuna. A su lado Eliecith Palacios prefería callar, mientras que Rosibel García oraba, pidiendo que el milagro se diera.

 

Oscar falló en su primer intento, porque el movimiento no fue válido. Falló en el segundo y la angustia se apoderó de los 46 millones de colombianos. Si fallaba regresaba a casa con las manos vacías, pero si lo levantaba aseguraba el bronce, porque el indonesio tenía mayor peso corporal.

 

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“Dios es grande Oscar, lo vas a lograr”, gritó Rosibel desesperada, mientras los demás apenas cruzaban los dedos.
Desde el camerino, Oscar tenía la orden de no escuchar a nadie en las tribunas, la concentración era máxima, por que estaba en juego la medalla.

 

Pero seguramente había escuchado la voz de Rosibel, la corredora de 800 metros planos. “Cuando salió después del segundo intento le pusimos la toalla en la cara para que se concentrara y no pensara en nada más que en la certeza de que podía”, contó después el técnico búlgaro Roumen Alexandrov.

 

Figueroa salió del camerino, lentamente, como acostumbra, pero demoró sus movimientos más de lo normal, al filo del tiempo límite. Tomó las palanquetas, cerró los ojos y se alistó para levantar la gloria.

 

Después de esos segundos eternos, Figueroa levantó los 177 kg como sin problemas. La marca, además, era récord olímpico, el primero en la historia de un colombiano. Vino la celebración, pero faltaba un intento para uno de sus rivales.

 

“Hace cuatro años lloré de tristeza y esta vez las cosas cambiaron. No se me salieron la lágrimas, pero sí me emocioné. Por momentos pensé algo negativo. Todo se me nubló cuando intenté los 177 kilos y fallé en dos ocasiones, pero la fuerza mental, el trabajo que hice con la cabeza me sirvió en el momento en que más lo necesitaba”, recordó.

 

El chino Zhang no tenía otra opción que intentar 178 para destronar a Eko y Oscar Figueroa. En Atenas se le había escapado el bronce por 30 gramos en peso corporal.

 

En Beijing una lesión lo marginó de cualquier posibilidad, y en el Mundial pasado había sido otra vez cuarto, por 11 gramos de peso, pero Londres 2012 fue la consagración.

 

“Esta vez no me podía pasar lo mismo y tenía que arriesgar todo, Antes de alzar las pesas recordé esos momentos, esas derrotas y por eso arriesgamos el todo por el todo”, dijo el colombiano visiblemente emocionado.

 

“En el deporte olímpico se es medallista o no y por eso nos la jugamos de esa manera”, agregó Alexandrov.

 

Lo cierto es que la felicidad y la algarabía corrieron por cuenta de los colombianos en el escenario, en el que también estaban sus otros compañeros pesistas, dirigentes y periodistas, que no querían perder detalle de la celebración.

 

Después vino la ceremonia de premiación, en la que el encargado de poner las medallas fue el director de Coldeportes y Miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), Andrés Botero.

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