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Un dolor que supera las palabras

La poetisa colombiana Piedad Bonnett, en el marco de la vigésimo sexta Feria del Libro de Bogotá, presentó “Lo que no tiene nombre”, su más reciente novela, un relato íntimo y estremecedor sobre la enfermedad mental y la muerte de su hijo, el artista plástico, Daniel Segura Bonnett.

Sin embargo, éste no es el único proyecto en el que se encuentra la poetisa, actualmente, el teatro Libre, tiene en escena su obra “Algún día nos iremos“.

 

El trauma, la relación compleja que tenemos los seres humanos con lo que más nos duele, son parte esencial de toda escritura. Sin embargo, cuando los hechos parecen rebasar a las palabras, sobreponerse para escribir no parece una tarea fácil. La escritora Piedad Bonnett en su más reciente obra literaria ‘lo que no tiene nombre’, escribe sobre su hijo, el artista plástico Daniel Segura Bonnett.

Durante “Conversaciones que le cambiarán la vida”, la poetisa leyó el poema que paragógicamente días después que su hijo se marchara a los Estados Unidos para realizar su maestría, y que luego de un tiempo, serían los mismos versos que leería en la Universidad de Columbia después de su muerte. “Lo que yo le estaba haciendo era una despedida de la casa y resultó que era también un poema de despedida para siempre” explica Bonnett.

 

Otra vez sales de mí, mi pequeño, mi sufriente

Otra vez miras todo con mirada reciente

y llenas tus pulmones con el aire gozoso, ya no llorás

el mundo de momento no te duele

todo es tibio otra vez, caricia pura,

como una prolongada primavera,

ignoras mi útero vacío, mi sangrado,

desconoces que el grito de dolor de parturienta va hacia adentro

y se asfixia sofocado para que no trastorne el silencio que ronda por la casa

como una mosca azul resplandeciente,

mis manos ya no pueden cobijarte,

solo decirte adiós,

 como en los días en que al girar ansioso tu cabeza

mi sonrisa se abría detrás de la ventana para encender la tuya,

cuando todo era sencillo transcurrir, no herida, ni entraña expuesta ni desgarradura…

 

Piedad Bonnet

 

Sin embargo, “Lo que no tiene nombre”, no es el único proyecto en el que se encuentra la escritora Piedad Bonnet. Actualmente el Teatro Libre, ha llevado a las tablas su reconocida obra teatral “algún día no iremos”.

 

Situada en los años 90, la obra, recrea la vida de tantos colombianos, habitantes del campo y los pequeños pueblos, que afrontan a diario la amenaza de las más diversas y confusas violencias, apegados a su tierra a veces por el afecto y a veces por la necesidad, pero añorando existencias pacíficas en otras ciudades o países.

Por ello, Bonnett, en el marco de la vigésimo sexta Feria del Libro de Bogotá, habló con Confidencial Colombia, a cerca de la escritura y los procesos creativos en el Teatro.

 

Confidencial Colombia: ¿De dónde nace la idea de escribir algún día nos iremos?

Piedad Bonnet: Esta obra tuvo una primera versión en 1997 y nació de un trabajo con los actores. Los actores improvisaban en escena, así que hice la dramaturgia. Es decir, la historia me la dictaron las cosas que ellos hacían en dramaturgia.

Escribí una historia que era sobre cinco hermanos huérfanos en una zona de violencia, pero la ubique en la violencia de los 50. Esa obra se montó, tuvo mucho éxito y mucha acogida.

Pasaron todos estos años y vi en un festival de teatro la obra leída por los artistas y volví a ver el potencial que tiene, pero no me gustaron algunas de las cosas que oí y decidí volver a escribirla, es decir, hacer con eso una obra nueva.

Conservé lo esencial pero cambié un montón de cosas, sin embargo, previamente había hablado con el Teatro Libre a ver si valía la pena hacer ese ejercicio otra vez y Ricardo Camacho, su director, se mostró muy entusiasmado, entonces se puso una obra de repertorio para el año pasado, y ese le encomendó al joven director Christian Ballesteros, quien había sido director en alguna de mis obras.

C.C ¿Cómo le va a Christian Ballestero dirigiendo sus obras?

P.B: Él es un actor muy potente y ahora está incursionando en el campo de la dirección, con actores completamente nuevos y la obra tiene otro aire, los diálogos son diferentes, la escenografía es diferente, además apunta más a unas formas de violencia más contemporáneas que tienen que ver con esas regiones donde la gente está siendo víctima del desplazamiento.

C.C ¿Cuál es la importancia que nuestro teatro tome estos temas?

P.B: Como el teatro es un arte social por excelencia, se nutre principalmente de los conflictos históricos y de los conflictos cotidianos de la sociedad, por eso es tan relevante. A veces la violencia queda convertida en cifras, en cuántos murieron, medio oyes de alguna pequeña historia, pero cuando es representado, puesto en escena, primero, pone a la gente en relación con realidades que a veces no los tocan muy directamente y por otro lado, pone el dedo en la yaga de realidades muy sensibles. También es un ejercicio de catarsis, de liberación, como ha sido siempre el teatro, cuando ves eso, pasas por una experiencia muy similar a las experiencias vividas, te conmueve y eso puede transformar tu sensibilidad.

C.C: ¿Cómo son los procesos creativos? Es decir, ¿en qué difiere el proceso creativo de una novela, un poema o una obra de teatro?

P.B: Digamos que aparece una necesidad especifica, por ejemplo, escribir un poema, entonces tú te sientas y escribes el poema y si digamos, tu espíritu creador, esta concentrado en realidades poéticas pues va apareciendo un libro, pero de repente eso es atravesado por una historia que no podrías poner en palabras poéticas, pero que el escritor visualiza como poderoso desde el punto de vista narrativo, entonces pasamos a otro registro completamente diferente que es el narrativo y el cerebro hace un giro y ya tu lenguaje no es eminentemente simbólico sino que estás mirando esa realidad con ojos distintos.

Narrar y hacer poesía son dos lenguajes completamente diferentes, generalmente cuando uno está narrando, la poesía le es esquiva porque uno está concentrado en esa manera de hacer literatura, lo cual no quiere decir que de vez en cuando no te salga un poema, porque uno está en la vida de diferentes maneras.

C.C: ¿Cómo es su relación con el teatro?

P.B: Tengo una alianza afectiva con el Teatro Libre porque he trabajado siempre con ellos, pero las obras siempre han aparecido por demanda con el director, el director me las pedía. Con esta última obra pasó algo diferente porque fue un deseo propio.

 

C.C: ¿La escritura del teatro y las narraciones son afines?

P.B: Sí, es más fácil combinar una obra de teatro y estar narrando, porque son lenguajes más afines, pero además eso va a una experiencia que es más colectiva.

 

C.C: ¿Cuánto tiempo le lleva escribir una obra de teatro?

P.B: Me lleva la cuarta parte de una novela, una novela me lleva dos años, una obra de teatro me ocupa seis meses, a menos que tuviera dificultades de otra índole, como que no supiera hacia adonde echar a andar la obra (que eso también puede suceder, pero a mí no me ha sucedido, me concentro y los personajes van andando, ellos dicen qué tienen que hacer)

 

C.C: ¿Hay algún genero que sea más gratificante?

P.B: Sí, el más gratificante es la poesía, porque tiene unos efectos casi inmediatos, que quiere decir el efecto, que tú terminas el poema, lo ves, y lo evalúas. En ese sentido es más gratificante, sobre todo yo que escribo poemas cortos, me puedo sentar y en dos o tres horas tener un poema y luego simplemente le hecho una revisada, miro si sirve o no, entonces hay como una enorme intensidad a la hora de escribir eso.

Es mucho más “esclavizante” escribir cualquiera de los otros géneros, es un compromiso que adquieres contigo mismo y que te condena a estar ahí pegado y ya se te convierte en una cosa obsesiva, la poesía tiene unos espacios de respiros de inspiración, te da más libertad de tiempo, lo otro te esclaviza un poquito.

C.C: ¿Cuál es el género más difícil de escribir?

P.B: El más difícil para mí es el teatro, porque tienes que de alguna manera reproducir el habla de los personajes pero sin caer en imitaciones costumbristas y tiene el dialogo tiene muchos peligros, para no caer caricaturas

C.C: ¿Qué consejo le da a los escritores para no caer en representaciones vulgares de los diálogos?

P.B: Leer mucho teatro siempre ayuda , leer a los grandes maestros y diferenciar el lenguaje del teatro del lenguaje de la televisión.

C.C: ¿Y del cine también?

P.B: El lenguaje del cine es más artístico que el del teatro, al menos que sean un teatro, naturalista, costumbrista, que no es una cosa que nos interese en el Teatro Libre ni a mí personalmente. Este tipo de teatro, lo asimilo más como a representaciones escolares, tiene que ver en el teatro contemporáneo, una cosa muy sintética desde el punto de vista del lenguaje, hay mucha síntesis, mucho ambiento poético y una elaboración del habla que esté en un punto intermedio entre una cosa muy natural y algo más simbólico.