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Un aumento mínimo

El salario mínimo para 2014 quedó fijado en 616 mil pesos, un aumento de 4.5%. Para el Presidente Juan Manuel Santos es un aumento significativo debido al poder adquisitivo real del aumento en mención. Sus trinos del día han ido en ese sentido, mientras que el expresidente Álvaro Uribe Vélez utiliza el pírrico aumento para agudizar su enfrentamiento con el actual mandatario.

Sin embargo, por más que el presidente de la República y su predecesor hablen en twitter de cifras que dejan bien parado al uno y al otro la realidad en distinta en las calles de Colombia.
 

El aumento, en dinero y no es porcentaje, fue de 26.500 pesos respecto del salario mínimo vigente para 2013. Esa cantidad de dinero no representa mayor cosa para Jaime Hernández, vendedor de un almacén de muebles en la popular zona del 12 de octubre en Bogotá.
 

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Para Hernández, esos 26.500 pesos “no alcanzan ni siquiera para tomar un bus diario durante los 30 días del mes”. 26.500 pesos no le alcanzan tampoco para aumentar notablemente el mercado mensual que él, su esposa y sus dos hijos compran en la primera semana del mes.
 

Paola Anincharico, empleada doméstica residente en La Calera, dice que esos 26.500 pesos de aumento en el salario mínimo “a duras penas le alcanzan para medio par de zapatos”, eso para no hablar de las mensualidades en la guardería en la que estudia su hija de 4 años.
 

Heli Zambrano, responsable de una papelería en el centro de Ibagué, dice que no le sorprende ese tipo de aumentos, que en sus más de 50 años de vida el salario mínimo ha sido una manera de humillar a los trabajadores colombianos. Además, señala que “desde que Uribe llegó a ser presidente el aumento del salario mínimo ha sido el más bajo que recuerde”.  También sostiene que “sale más rentable hacer piruetas o vender dulces en un semáforo, uno puede ganar más del mínimo de esa forma y se evita el pago de EPS y pensiones que solo hacen que uno reciba menos dinero y no sirven para nada”.
 

El aumento del salario mínimo encierra la dualidad en la que vive Colombia. Una dualidad en la que existen dos países que se enfrentan entre sí. El país de las estadísticas y los despachos para el que un 4.5% es más que suficiente para el sostenimiento de una persona y el bienestar de los empresarios; y otro país en el que 26.500 pesos no son suficientes para sobrevivir de llegar a ganarse al mínimo.