Un ALTO a la indiferencia

Cientos de animales de diferentes especies pierden la vida mensualmente por responsabilidad de los humanos. Un grupo de animalistas lidera una lucha para acabar con la indiferencia.

 

En la calle les dirían activistas, revolucionarios, veganos, vegetarianos, algunos anarquistas, otros radicales o ‘mamertos’. Como ellos, y sin importar el nombre, hay por todo el país. Es un grupo de animalistas que cada vez es más visible y va en aumento. Cualquier ciudadano o  político puede trabajar por hacer cumplir los derechos de los animales.

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Los animalistas valoran el organismo más pequeño de cualquier ecosistema y reclaman por los derechos de todos los seres vivos, que aunque hablen o no, pueden tener la misma sensibilidad de un hombre o una mujer.

 

Natalia Parra es la directora de la Plataforma ALTO, una comunidad que busca sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de cuidar y proteger a todas las especies vivas.  

 

Animales Libres de Tortura (ALTO) congrega a los diferentes actores y sectores nacionales preocupados por la vida y la dignidad de los animales, con el fin de posicionar la protección y la defensa de las especies en la agenda pública, generando resultados concretos y cambios de impacto.

 

Una charla con Natalia Parra, administradora pública de profesión y animalista por pasión y convicción, deja clara cuál es la esencia de estos activistas que se han preocupado por los derechos de los que no pueden exigirlos por sus propios medios.

 

“Somos la voz de los que no tienen voz”, menciona frecuentemente. No come nada que provenga de los animales, ni su leche, ni su carne, ni sus derivados, pero tampoco exige que todos lo hagan.  Reconoce que aunque ésta es una lucha complicada, cada vez tiene más  partidarios.

 

Animales libres de tortura

 

ALTO surge hace más de un año con la única experiencia de las fundaciones y personas particulares que recogían animales en la calle y los daban en adopción. Para esta plataforma, existía la evidente necesidad de volver el tema relacionado con la protección animal, una preocupación ciudadana.

 

“Hasta hace un tiempo solo teníamos personas que creaban fundaciones o que de manera individual ayudaban a animales de la calle o hacían activismos a través de las redes sociales”, manifiesta Natalia Parra.

 

Desde las amas de casa, los taxistas, ejecutivos, universitarios o gerentes, pueden hacer parte de la iniciativa ciudadana. Actualmente por todo el país existen grupos innumerables de animalistas que convocan periódicamente a miles de personas para, como ellos dicen, “hablar por ellos, los animales”.

 

El caricaturista colombiano Vladdo fue el creador del nombre y la imagen de la plataforma. Animales Libres de Tortura pretende frenar cada acto de abuso o violencia contra los seres que cada vez se vuelven más vulnerables frente a la indiferencia.

 

“Nos constituimos como plataforma ciudadano y tenemos muchos vegetarianos, muchos veganos pero también muchos carnívoros. Todos en un proceso diferente pero con la conciencia de que los animales están ahí y hay que lograr un país mejor para ellos”, menciona la activista.

 

Sin saber si son muchos o pocos los logros que ha cumplido la plataforma, Natalia Parra puede enumerar algunos de sus mayores retos hasta el momento. El primero de estos sin duda es la Marcha Mundial por los Derechos de los Animales.

 

La movilización fue simultánea en diferentes partes de América Latina y Europa, algunos países inesperados y la acogida de todos los colombianos. Un evento con resultados más gratificantes de los que se esperaban.

 

Han recorrido todo el país en busca de firmas, tocado puertas en el Congreso una y otra vez; en varias oportunidades han radicado leyes de protección animal, salen en televisión, radio y periódicos. Un esfuerzo que tiene un solo fin, seguir haciendo visible la problemática.

 

De su bolsillo sale la plata para financiar los programas. Aunque los activistas de este país no ganen millones para ellos o para sus proyectos, las diferentes organizaciones de derechos humanos y animales en Colombia, siguen creciendo a punta de voluntarios. Un trabajo hecho a pulso y con las uñas.