Transmilenio: ¡las mujeres en vagón aparte!

Las mujeres en vagón aparte, es la solución propuesta en Bogotá para evitar los abusos sexuales contra mujeres sucedidos en este medio de transporte. Vale la pena pensar qué ideas y propósitos están tras esta curiosa medida que tiene semejanza con aquello de “vender el sofá” para evitar que los jóvenes se toquen o se besen; o por ejemplo, “mujeres:  mejor quedarse en casa para evitar que las roben en la calle”.

La tan conocida: ¡”No usar minifalda para no exacerbar la lujuria masculina, y de pronto, una violación sin culpa”!!. Se pueden componer muchas más premisas edificadas sobre el mismo patrón: “no corrijas el abuso o el peligro, simplemente evítalo”. Propuestas machistas para un país machista. 

 

Siguiendo el   criterio impuesto para frenar los abusos sexuales en Transmilenio, sólo falta que para prevenir la violencia intrafamiliar, se adopte la medida de que hombres y mujeres de la misma familia habiten viviendas diferentes. O que los colegios por igual motivo, regresen al esquema de separarlos en femeninos     y         masculinos.

 

La cultura invita a un comportamiento en lo privado y muy especialmente en lo público que vele y preserve el bienestar y la seguridad como derechos fundantes de la convivencia.

 

Hombre y mujer están hechos para convivir en los mismos espacios y disfrutar de los mismos privilegios y restricciones. El correctivo importante de los abusos sexuales en cualesquiera de sus formas, está en las medidas educativas que se impartan y que conduzcan al objetivo del respeto; al reconocimiento que el cuerpo femenino no es propiedad de los varones y no está destinado a satisfacer sus necesidades de cualquier  manera y en el momento y lugar en que se presenten.

 

Los hombres necesitan medidas pedagógicas y si no bastan, -policivas- para aprender el principio elemental del control de sus impulsos sin volcarlos cuando y dónde se les viene en gana.
Proponer la separación de hombres y mujeres en los vagones de Tansmilenio, fortalece la creencia en la imposibilidad del control impulsivo masculino que solo se alcanzaría con la distancia física que los separe de los objetos de su abuso.. Esa medida acrecienta la repugnante convicción de que el macho es dueño de una carga sexual inmanejable que en cualquier momento o lugar, podrá volcarla sobre la mujer sin importar quien sea ni en qué circunstancias. Además, mirados así, “los pobrecitos incontinentes”, siempre        estarán excusados.

 

Señores: no esquiven mas  las responsabilidades que les corresponden como seres capaces de someter sus impulsos a un manejo razonable, respetuoso. En el caso del sexo, recuerden que es una decisión compartida, de la vida privada, aún si se trata de trabajadores sexuales hombres o mujeres.. También para ustedes hay restricciones y deben existir castigos cuando estas    se        violan   o          se        atropellan         con      tanta     frescura.

 

La propuesta ya en ejercicio de separar hombres y mujeres para evitar los abusos sexuales de los hombres, dispara un mensaje equivocado a las mujeres que las sigue colocando como víctimas potenciales de los varones incontinentes, incapaces de aprender a dar a su impulso sexual un manejo no abusivo, no violento, no machista.