Tomates para los taxistas

En medio del caos en la movilidad de Bogotá y en plena temporada invernal, desplazarse por la ciudad se volvió una aventura extrema. Las horas pico y los afanes, tampoco ayudan a andar libremente por las calles en dónde todos los días es más complicado encontrar puesto en un bus o TransMilenio (y no silla, ¡puesto!) o un taxista que quiera llevar a la gente a su destino y que tal vez es el problema más frecuente en cuanto a servicio público.

Es prácticamente imposible que las empresas de taxis den abasto con el volumen de gente, las redes sociales han habilitado la opción de pedir servicios por ahí pero tampoco hay respuesta, así que la opción más rápida aunque insegura, es salir a la calle a esperar que pase alguno desocupado y dar con la suerte de que el conductor quiera trabajar conforme a las normas.

 

Aunque la ley dice que el usuario debe establecer un punto de salida y un punto de llegada al tomar el taxi que debe prestar el servicio, no son todos los conductores quienes cumplen. En muchas ocasiones y a cualquier hora, al pasajero le toca preguntarle al conductor si lo lleva o no lo lleva, o si va para la zona a la que necesita llegar.

 

“Lo siento, es que no alcanzo”, “es que ya me toca entregar el carro”, “por allá no puedo ir”, son las respuestas más frecuentes de muchos conductores, que cuando ven la mano estirada con la fe puesta en que un vehículo pare, bajan la ventana para rechazar la petición del desesperado viajero.

 

Cuando el taxista decide que si le conviene la ruta o que si quiere llevar a un pasajero, viene la preocupación por el taxímetro y el tratar de calcular al ojo y contando cuadras si está o no adulterado. En caso de que lo esté, al usuario no le quedan muchas opciones: llama a la Policía y espera pacientemente a que cumplan el llamado, le dice al taxista  sobre la situación que claramente negará y responderá con agresividad, o paga las unidades y se baja del vehículo a intentar parar otro taxi y seguir perdiendo tiempo.

 

Algunos dicen que a veces las carreras van para lugares peligrosos y se abstienen de prestarlas, pero curiosamente la mayoría de los usuarios que se quejan porque no los llevan, nunca van a esas zonas declaradas inseguras incluso por la misma Policía Nacional y donde se han presentado casos de asesinato de taxistas y robos a vehículos hurtándoles, en el mejor de los casos, el producido.

 

Así las cosas, y después de muchas quejas voz a voz entre los usuarios y algunas radicadas en la Secretaría de Movilidad, a los pasajeros no les está quedando opción para transportarse y cada vez es mayor el tiempo que se pierde movilizándose de un lugar a otro, y no necesariamente el problema es la ruta o  el trancón, el problema es la pregunta “¿para dónde va? “, y la respuesta “para allá no voy”.