Tomates para Claro

Cosas que solo pasan en este país: Quien por cuarto años consecutivos ocupa el primer lugar en el ranking de la revista Forbes como el hombre más rico del mundo, le hace conejo a sus clientes en Colombia. Carlos Slim y su empresa Claro se llevan los primeros tomates de esta sección.

Este mago de los negocios tomó dos compañías en problemas, Comcel y Telmex, y las convirtió en una nueva que duplicó su valor en bolsa, pero que se ha convertido en el peor dolor de cabeza para sus usuarios de telefonía móvil.

Lo que no han logrado temas tan trascendentales para el país como el logro de la paz o la lucha contra la corrupción lo consiguió Claro con su mal servicio. Sus clientes se han convertido en un sólido grupo por una sola causa y en su contra, que inundan las redes sociales con su voz de protesta: “Claro: hoy no tienes señal, mañana tampoco”, “Únete y apoya esta causa contra el mal servicio de Claro”, “@clarocolombia el peor servicio de todo. No funciona ni el cel ni internet ni TV”.

En enero pasado la Superintendencia de Industria y Comercio le aplicó a esta empresa una multa por 560 millones de pesos, que en diciembre pasado fue sancionada por cobros indebidos a sus clientes del servicio de televisión. La sanción es la más alta impuesta por la SIC en materia de protección al consumidor de telefonía celular, y se causó por el cobro no autorizado del servicio de roaming internacional a varios cliente.

También el pasado 3 de diciembre la SIC aplicó una sanción a Claro, por multar a más de 10,000 clientes quienes dieron por terminados sus respectivos contratos de servicios de televisión por suscripción, bajo el argumento de que habían incumplido las cláusulas de permanencia mínima.

La verdad es que estas sanciones son como quitarle un par de pelos al gran gato Carlos Slim, quien se paseará orondo por algún país de su ancho imperio empresarial, a la caza de incautos clientes ratones. Claro que sí.

Esneyder Negrete - @esnegrete

Comunicador Social – Periodista egresado del Politécnico Grancolombiano de Bogotá, escribo sobre política, Derechos Humanos, conflicto armado, entre otros temas. Llevo cinco años vinculado a Confidencial Colombia.

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