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Sobre la bomba en Pradera y las perspectivas de paz

La noticia sobre la bomba en Pradera, Valle, podemos interpretarla como parte de acciones aisladas de las Farc contra un reducido grupo de policías, acciones de retaliación de agrupaciones violentas locales contra los operativos contra el narcomenudeo, o relaciones aliadas entre ambos tipos de organización.

Mi perspectiva amplía estas conjeturas locales. Creo que los hechos de Pradera pueden expresar mecanismos de violencia heredada, junto a explicaciones más globales de la violencia. Más específicamente, nuestras preguntas sobre el conflicto armado en Colombia deben cambiar los modelos de explicación usados convencionalmente. La razón es que las manifestaciones de violencia local se relacionan con violencias de mayor alcance e impacto internacional.

 

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Casi una década después


Cuando terminé de escribir Metaforas de una  Guerra Perpetua, en 2004, encontré contradictores defendiendo la necesidad de utilizar un lenguaje  moderado frente a la realidad política en Colombia. No se tenía consciencia que el proceso de conflictos violentos se había pronunciado ampliamente; los efectos colaterales de la guerra entre paramilitares e insurgencia por el control territorial del Pacífico, Arauca y el Putumayo, avisaban la manera cómo en esos corredores de geografía territorial, la estampida violenta tomaba dimensiones interdependientes entre los mismos agentes violentos (criminalidad organizada, insurgencia, delincuencia común, etc.). Estas desviaciones posteriores de la violencia pública  han sido profundizabas en sectores de la economía minero energética.

 

El pacifismo progresista


Para hacer esta comparación a nivel más global, el hecho de que las bombas nucleares exploten con menos frecuencia que las armas convencionales, no nos asegura nada contra su potencial poder destructivo. No es necesario justificar la analogía, sobre todo si recordamos los acontecimientos del año 2008 en el mundo. Sin embargo, en conferencias, auditorios académicos, salas de redacción y, en general, lmedios de opinión pública, se usa una “narrativa moderada”; editores críticos y analistas, han preferido respladar la retórica de la paz.

 

La masa crítica adopta el pacifismo. Mientras en su extremo opuesto, un uribismo rabioso se expresa contra lo que juzga alta traición  a la doctrina de la seguridad democrática. Cualquier estudio, sin embargo, puede enseñarnos que durante el gobierno de ocho años de Álvaro Uribe, pasamos de una escala de violencias localizadas a otra escala de violencias dispersas, lo que fue provocando un salto cualitativo sobre el tipo de violencias que sacuden al país.

 

Hipótesis sobre la violencia pública


Mi hipótesis sobre estas manifestaciones de violencia es la siguiente:

 

1.    La violencia pública en Colombia ha perdido su efecto aislado. El énfasis particular en este caso es que la dispersión de acciones violentas como los hechos de Pradera, son el resultado de interconexiones en red. Esto sugiere reconocer que son acciones de agentes racionales que operan dentro de objetivos estratégicos y militares. Ahora el peligro de las bombas y los ataques puede viajar entre localidades relativamente distantes en la geografía territorial.

 

2.    El potencial militar en las acciones de los nuevos grupos emergentes (Bacrim, neoparamilitares, neoguerrillas) , se relaciona con una estrategia en la gestión de riesgos dentro de la guerra irrregular que ha tenido el país, a saber, la fragilidad de la población civil en territorios estratégicos para las acciones de estos grupos. Municipios como Pradera, Palmira, Florida, Miranda, en el Valle del Cauca, se encuentran asentados en un tambor de dinamita. Los datos tomados de estas acciones violentas deben analizarse por fuera de la noticia  fragmentada que entregan los diarios regionales. Los riesgos de violencia siguen haciendo parte de la fragilidad de los ciudadanos comunes.

 

El argumento progresista de la paz


El argumento pacifista puede observarse en un contexto más amplio. Dentro de teorías que sustentan la reducción de la violencia categórica en el mundo contemporáneo, la terminación de guerras civiles, la intervención mediadora de negociadores internacionales como los amigos de Irlanda, Inglaterra, Chile, Venezuela, etc. Llamaremos a este depósito de teorías: el argumento de Steven Pinker. Con base en la obra: The Better Angels of Our Nature, 2011 (El buen ángel que llevamos dentro),. Conservando evidentes diferencias del detalle, la hipótesis de Pinker se encuentra arraigada entre quienes creen que existe una tendencia progresista en la comprensión de las acciones armadas, conflictos internos y, en general, las violencias categóricas que se expresan en guerras de mediana intensidad como la colombiana.

 

1. El argumento de Pinker combina una medida discreta no escalable sobre hechos violentos (muertes causadas con armas sencillas) con una medida escalable (muertes causadas con armas pesadas, proyectiles y armas nucleares). Es obvio que los dos tipos de medición tienen propiedades probabilísticas diferentes. Sin embargo, el autor utiliza métodos estadísticos de un sólo tipo para realizar inferencias en ambos tipos de escala.

 

Pinker no nos cuenta, sin embargo, la diferencia sobre lo qué es un núcleo escalable y un núcleo no escalable, aunque pretenda definir un modelo de explicación con base en leyes generales del tipo Hempel. Su tesis general es que las manifestaciones de la violencia han disminuido históricamente. Aunque Pinker no explica de modo convincente, ni tampoco demuestra hechos concretos sobre las víctimas de los conflictos violentos.

 

2. Otra forma de observar esta fusión entre violencias de escala menor, como lo sucedido en Pradera, por ejemplo, con violencias del tipo Al Qaeda. Pinker emplea para su análisis series de tiempo sin prestarle mucha atención a la noción de homogeneidad temporal. Es decir, cómo se pueden comparar períodos de tiempo relativamente distintos.  Para el caso, el hombre ancestral no tuvo armas nucleares, por lo que resulta absurdo suponer que las estadísticas sean aplicables a los conflictos violentos del siglo XIV. Una persona armada con un garrote difiere de una persona en posesión de armas nucleares. En ambos casos el énfasis debe recaer sobre las armas y no exclusivamente en el cuadro psicológico de la personas.

 

3. En realidad, el señor Pinker utilíza recursos estadísticos contradictorios. Lo que no significa un grave problema, excepto cuando pretende que creamos que sus argumentos generales tienen fundamentos estadísticos irrefutables. El libro no aporta condiciones extraordinarias en los momentos claves, sino que se limita a apoyar sus hipótesis en leyes probabilísticas, con exponentes bajos sin conexión entre los puntos en la historiografía de su modelo. Además de suponer que los datos sobre el decrecimiento de la violencia en la historia de la humanidad revelan propiedades sin errores inferenciales.

 

4. El argumento de Pinker se extravía en aquello que sus críticos denominan el sesgo de supervivencia (o efecto Casanova) que provoca que las observaciones de un observador cuya supervivencia depende de dichas observaciones, no sean válidas probabilísticamente; o al menos, tienden a sesgarse a favor del observador. El autor cuestiona  la exageración sobre hechos históricos de violencia, como las guerras o los conflictos bélicos internos, sin embargo, hace uso de argumentos también sensacionalistas para demostrar en contrario. Por ejemplo, los datos que presenta como efectos de la guerra, compara antecedentes de 1914 con informes publicados justamente en 1914.

 

Burbujas de la paz


La pregunta en este contexto es si los hechos locales de violencia se relacionan con los argumentos sobre el decrecimiento de la violencia planteados por Pinker. ¿Es más seguro el país y localidades como Pradera después de experiencias como las negociaciones paramilitares o las negociaciones con la guerrilla de las Farc? ¿Tienen las tesis de reducción de la violencia aspectos favorables en el caso colombiano?.

 

Hace casi una decada mientras escribía Metáforas de la Guerra Perpetua, 2004, estaba motivado por las condiciones del país, a partir de un nuevo tipo de fenómenos como las bandas emergentes, Bacrim, cuya evolución ampliaba las manifestaciones de violencia urbana en ciudades como Medellín, Barranquilla o el Valle del Cauca. Señalaba entonces los nexos y la complejidad de violencias heredadas por los ciclos de retaliaciones entre agrupaciones armadas; los crecientes costos comparados que tenían estos problemas en la gobernabilidad local.

 

Estas conexiones entre las violencias globales y locales, contienen una amenaza todavía más grande. Se trata por un lado, del uso recursivo de armas biológicas; de otro lado del uso de bandas de delincuencia común para lograr objetivos que terminan afectando a la población. Los efectos aislados de la violencia han desaparecido. Tanto económica como socialmente, los coletazos de la violencia siguen siendo una amenaza creciente si los comparamos con las burbujas de la paz.