"Siempre será un gusto derrotar a Pacho Santos en las urnas"

José Miguel Sánchez, dirigió hasta el pasado primero de abril el Idipron (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud). De todos los miembros del gabinete que presentó su renuncia irrevocable fue el único, junto a María Mercedes Maldonado, que se mantuvo en su decisión y hoy se encuentra fuera del servicio público. Sánchez habló sobre el futuro político de Petro, de la Bogotá Humana y de él mismo.

La vida de Sánchez pasa por los campamentos guerrilleros desde los que fue un entusiasta impulsor del proceso de paz entre el M-19 y el Gobierno Nacional. Por el grupo de jóvenes que impulsaron la séptima papeleta que desembocó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Es una de las personas más cercanas e incondicionales, personal y políticamente, de Gustavo Petro.

 

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A ambos los une una larga vida de militancia en el M-19 que se vio continuada en la administración de Bogotá durante el corto mandato de Petro. Sánchez habló con Confidencial Colombia sobre su paso por el Idipron, las razones de mantenerse firme en su renuncia y su futuro después del servicio público. Entrevista.

 

 

¿Cuáles son los motivos para renunciar? Y ¿Por qué de toda la gente del gabinete distrital, que anuncia la renuncia irrevocable y que luego se retracta y es ratificada en sus cargos por el alcalde encargado, Rafael Pardo, usted decide mantenerse en esa decisión?

Los motivos para renunciar son varios. En primer lugar, yo consideré en ese momento que la determinación que toma el presidente Santos de no acatar las medidas cautelares es un golpe de estado, y no es un eufemismo. Es el desconocimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como parte del bloque de constitucionalidad. Por eso además de ser un golpe de estado es un golpe a la constitución de 1991.

 

En segundo lugar, el nombramiento del ministro Pardo como alcalde encargado, si bien algunos quisieron entenderlo como un gesto de buena voluntad por parte de Santos, nombrando a la persona con la que nosotros firmamos la paz en el 89, eso  no es un acto de buena voluntad, es un acto macabro.

 

Se rompen las lanzas de la única paz firmada en el país, que es la paz de los 90 entre el M-19 y el Estado Colombiano. Yo estuve muy cerca del sitio donde se firmó la paz. Un sitio que yo conozco con bastante precisión. Allí, Carlos Pizarro firma un documento donde empieza el proceso de paz del M-19, el firmante por parte del gobierno es Pardo. 25 años después , el mismo Pardo, luego de haberse comprometido a respetar los derechos políticos de los que éramos combatientes del M-19 se presta para hacer de alcalde encargado y rompe esos y deja sin derechos políticos al alcalde electo de Bogotá. Esa es una razón suficiente.

 

 

¿Por qué el resto del gabinete reversa esa decisión, después de sentar una posición tan agresiva con el ministro encargado?

Esto que le he dicho a usted son los mismos argumentos que esgrimí el 19 de marzo en el despacho del alcalde Petro. Le pedí a él que me eximiera de permanecer en el gobierno si se producían decisiones en esa dirección posteriormente. Gustavo me aceptó la renuncia.  Nos pusimos de acuerdo sobre ese tema y solo me pidió que estuviera hasta el primero de abril con el resto del gabinete. Yo acepté esa condición.

 

La palabra era irrevocable, y así fue porque yo tenía que tomar una decisión que podía venir desde dos lados. Desde la ética o desde la política. Decidí tomarla desde la ética. Éticamente no existía ninguna posibilidad de que Yo asumiera como mi jefe, como si fuera el reemplazo natural y legal del alcalde Bogotá, a alguien que nosotros consideramos que está en el Palacio de Liévano de manera ilegítima.

 

Hicimos presunción de legalidad por el bien de la ciudad. Sin embargo, hubo muchas propuestas para volver, unas cinco o seis. A todas ellas manifesté que había tomado una decisión ética y que eso tenía un costo político inmediato y yo asumía ese costo.

 

Además, no iba a poner de manera alguna sobre una balanza si mi decisión era más acertada que la de mis compañeros de gabinete. Ellos responden a una historia política propia. Muchos de ellos responden más a la academia que a la política; muchos de ellos no tuvieron que ver con la lucha armada o el proceso de paz, yo tengo que ver con ambos.

 

 

¿Usted qué le dijo al ministro Pardo?

Yo, con toda la decencia y respeto que nos caracteriza a los hombres que somos radicalmente de paz, se lo manifesté al doctor Pardo. Por eso ninguno de nosotros en la reunión general de gabinete que hicimos con el ministro, lo llamó alcalde. Solo una persona lo hizo.

 


Quién fue esa persona?

Mauricio Trujillo, el consejero de las tics.

 

 

¿Encuentra algún tipo de antecedente histórico de esa decisión?

El 19 de abril de 1970 se da el fraude electoral que da origen al M-19. Ese fraude es avalado por Carlos Lleras Restrepo, quien es el presidente en ese momento.  Ahora, su nieto, el copresidente y candidato a la vicepresidencia, Germán Vargas Lleras es quién impulsa desde adentro del gobierno al presidente Santos a caer en este golpe de estado. Al país lo devolvieron cuarenta años atrás.

 

Es un golpe en donde participan quienes han manejado el país durante los últimos doscientos años. Ahí están todos. Los lleras, los santos, en versión Juan Manuel y en versión Francisco. Son los mismos. Ese tipo de referencias históricas, también me llevan a decir que es este es un golpe de estado que solo en el momento en el que el presidente nombre a alguien de la terna presentada por quienes somos representados por Gustavo Petro, esa situación empezará a enmendarse.

 

 

Tomando como referencia ese 19 de abril del 70, que es la génesis de un movimiento armado y político, ¿por qué este hecho ( la destitución de Petro) no ha generado radicalizaciones fuertes de las bases? ¿Hay cambios entre ese momento y este?

Yo creo que hay una madurez para la paz, de parte de los sectores que quieren la paz. Pero lo que hizo el presidente Santos es una provocación para la guerra. Sin embargo, este pueblo es superior a estos que se llaman dirigentes; a ese tipo de dirigentes que creen que en el país no caben otras opciones diferentes. El país se sorprendió con que la respuesta frente a un ataque a la democracia no hubiese sido violenta sino radicalmente de paz. Una respuesta pacífica contundente que se vio en la Plaza de Bolívar.

 

Ese hecho eleva el talante de la conducción de Gustavo Petro. Eso es algo que los medios de comunicación no han querido reconocerlo. La respuesta que ha tenido la Bogotá Humana ha sido radicalmente pacífica.  No solamente en el momento en que se destituye a Petro sino durante los 8 o 10 días en que se han tomado decisiones que podrían radicalizar la situación.

 

 

Qué situaciones podrían radicalizar esas posiciones?

Por ejemplo, la respuesta de los grafiteros, esos escritores urbanos, nunca ha sido violenta frente a la anulación de su arte. Respondieron de manera inteligente mostrando sus dotes artísticas. Se debe ser radicalmente pacífico, lo que no se es hasta qué punto la gente aguantará tanta provocación.

 





¿Qué considera como provocaciones?

Atentar contra las decisiones ambientales, contenidas en el POT, las cuales fueron construidas con los jóvenes de Bogotá, es una provocación a los jóvenes y a quienes creen en la Bogotá Humana.

 

Negar los muros de la ciudad es negar la expresión de los jóvenes; es negar un derecho.

 

Fíjese por ejemplo, que la ciudad se llenó de afiches apenas salimos de la administración,  felicitándose por el regreso de los toros.

 

Hay algo que me parece particularmente grave. Durante los últimos meses que estuvimos en el gobierno, yo mismo logré un acuerdo con el comandante de la XIII brigada acerca del acatamiento de la sentencia de la Corte Constitucional  que prohíbe las batidas. Inmediatamente salimos de la administración volvieron las batidas a Bogotá. Y Pardo en lugar de pronunciarse en contra de ese hecho se pronuncia en contra del secretario de gobierno.

 

Esas batidas han dejado como saldo que treinta jóvenes estén desaparecidos. No se sabe dónde están. Incluso el mismo Pardo reconoce que no sabe lo qué pasa, y que el comandante de la XIII brigada dice que él no fue. Entonces quién fue, qué está pasando.

 

 

 ¿En ese orden de ideas, según usted, el ministro Rafael Pardo responde a una agenda propia?

Yo no creo que una persona tan formada como Rafael Pardo esté cumpliendo solo una orden y sea una víctima de la discusión entre la Bogotá Humana y el Gobierno Nacional.

 

El día en que nos reunimos en el primer consejo de gobierno, al que asistí por mi compromiso de estar hasta el primero de abril, Pardo lo único que dijo de manera expresa fue “yo estoy aquí porque comparto la decisión del gobierno Santos”. Él hace parte de ese proyecto, por eso es que Petro le ha dicho “usted es un impostor”.

 

 

¿A cuál proyecto se refiere?

Digamos que ellos estaban convencidos de que ese movimiento rápido, en el que el copresidente Vargas convence a Santos de que destituyendo a Petro tendrían juego.

 

Es una jugada que busca tres efectos. Primero, sacan  a la izquierda del panorama político, sacando a Petro. Segundo, nombrando a Pardo como alcalde creen que eso les garantizará ganarse un sector tan grande como la ciudad de Bogotá, esto como freno al crecimiento del poder del expresidente Uribe que sacó cinco representantes a la Cámara.

 

Recuerde que el gran derrotado en Bogotá, no fuimos nosotros. Los progresistas nos abstuvimos de participar. El gran derrotado en Bogotá es Germán Vargas Lleras que era, supuestamente, el gran elector en la capital.  Con esa jugada con esa jugada  se pretendía sacar al sector del expresidente y sacarnos a nosotros.

 

Actuar de esa manera es no reconocer que esta es una ciudad decente, es una ciudad que define la política desde la opinión.

 

Tercero, no calcularon la respuesta de los sectores populares. Esta es una ciudad que se ha convertido en los últimos meses en antisantista y antioligarquica.

 

La propuesta Santos-Vargas Lleras es la versión contemporánea y refinada de un mundo completamente oligárquico en donde los demás no existen. Lo que pasó es que perdieron, ahora el presidente Santos debe estar preguntando en Palacio quién fue el que me recomendó sacar a Gustavo Petro.

 

 

¿Qué le espera a Petro después de su paso por la Alcaldía?

Yo creo que el afán inmediato es defender los derechos políticos de los bogotanos. El derecho a decidir. Fuimos violentados quienes votamos por Petro y quienes no lo hicieron también. La otra lucha es por defender los derechos políticos de Gustavo Petro.

Lo que está a la orden del día es el llamado a redefinir las reglas de este país. A construir un nuevo pacto con todos los actores políticos, sociales y de la guerra. Y ese pacto significa hacer un proceso constituyente. Ese es el tema en el que estamos.

 

 

Proponer una nueva asamblea nacional constituyente no es reconocer que fracasó la del 91

Yo creo que la Constitución del 91 no fracasó. Esa Constitución  a la que yo ayudé a parir hace que Uribe no sea presidente ahora. Esa es la que paró a la horda basada en el unanimismo, una horda en la que participaban Santos, Lleras y los demás de la oligarquía.

 

De esa forma el gran defensor de este país, fue y sigue siendo la Constitución del 91. Sin embargo, es una constitución, tasajeada, maltratada, apuñaleada, le han puesto minas quiebrapatas, bombas, han atentado contra ella y ahí sigue defendiéndose. Es hora de retomar el pacto del 91 pero con nuevos actores, a la luz del siglo 21 Hay que reconstruir ese pacto.

 

¿Ese golpe de estado, como usted lo llama, volvió a poner de presente la lucha de clases?

Sí claro, pero son ellos los que la ponen de presente. Nosotros hablamos de segregación y lucha contra ella, ellos le ponen el nombre de lucha de clases.

 

El pacto por Bogotá que planteó Santos, es un pacto oligárquico. Ellos venían por Bogotá pero las encuestas y la movilización les están diciendo “No queremos saber de ustedes”.

 


Si algo llamó la atención de las movilizaciones en la Plaza de Bolívar fue ver raperos liderando los procesos políticos; jóvenes llenando la Plaza de Bolívar. ¿Qué pasó para que se haya cambiado de esa percepción del rapero delincuente y vago por la de grupos de raperos organizados políticamente?

Lo que logró la Bogotá Humana fue abrir esos intersticios para que esos grupos entraran a un proyecto de Estado. Antes se usaba a los raperos para amenizar la fiesta y luego cuando llegaba el político de turno los mandaban para la casa. Lo mismo pasaba con la cultura. Aquí lo que hubo fue una apertura de espacios para que ellos manifestaran su sentir, para que pudieran expresarse en la plaza pública. Hoy las dos más grandes fuerzas juveniles organizativas de la ciudad y que alcanzaron el nivel de politización más alto en las manifestaciones de la Plaza de Bolívar, son los raperos y los chicos de la barras de fútbol.

 

Esas barras en el estadio no se soportaban, en el estadio  no se podían ver pero en la Plaza de Bolívar estaban hombro con hombro. Existe una calificación del accionar cotidiano de los jóvenes con una alta politización. Dinámicas que no responden a la violencia.

 

 

¿Pero cómo hicieron para lograr esa coordinación?

Ese es un logro del mundo del hip-hop que le hace entender al Estado que hay actores que se comunican de otra manera y que tienen territorio. Nuestro descubrimiento fue no hacer mesas interinstitucionales. Fue acercar el Estado a sus territorios.

 

No los pusimos a competir por una bolsa de dinero que fracturaba a las organizaciones juveniles al competir por una beca. Lo que hicimos fue poner el Distrito al servicio de ellos. La agenda de ellos la asumimos nosotros. Nosotros poníamos los recursos para que ellos pudieran adelantar sus procesos.

Cuando desapareció el dinero de esas lógicas, despareció la competencia y la sinergia empezó a emerger.

 

Lo que les dijimos fue que las comunidades trabajaran desde allá con puentes tendidos con el estado. Nosotros salimos de los escritorios y fuimos a la calle. Eso rompe paradigmas.

 

Lo que hay que hacer es garantizarle a los jóvenes, niños y niñas el goce efectivo de sus derechos. En solo un año el idipron hizo 80 mil atenciones a habitantes de calle. Es una entidad más grande de lo que la gente cree. Es algo que está al servicio de los ciudadanos, del goce efectivo de sus derechos. Por eso me dolió tanto irme.

 


No le preocupa que ese trabajo se pierda? Le quita el sueño esa posibilidad?

Claro que sí, pero por eso hay que presionar para que se respete a la Bogotá Humana. Sin embargo, el equipo que quedó a cargo y el compañero que asumió como encargado la dirección del Idipron son personas con bastante criterio que respaldan un proyecto sólido.

 

 

Alguna vez en el monte se imaginó estar en una posición como la dirección del Idipron

No, aunque en mis épocas del monte yo conocí este instituto. Una de las primeras imágenes que tengo de niño cuando vivía en Medellín (éramos una familia de doce hijo)  era que al corredor de la casa mi papá llevaba niños de la calle a dormir ahí y los alimentaba. Eso es algo que siempre me sorprendió. Luego cuando fui un joven de la teología de la liberación serví de voluntario para el Idipron.

 

Después me pasa algo muy curioso y que terminó de marcar mi camino. Cuando mi hija nació yo bajé a Bogotá desde el campamento en el que estaba. Baje para conocerla y justo ese día la policía allanó nuestra casa. Esa noche la pasamos en una alcantarilla del centro de la ciudad, porque no teníamos donde meternos los tres. Y de pronto aparecieron un montón de chicos de la calle y ellos fueron a traer periódicos, comida y nos cuidaron esa noche. Mi relación con los chicos del Idipron no es una relación paterna es una relación de iguales. Es una relación de construcción autónoma.

 

 

Cómo esas estructuras que existieron en la lucha armada perduran en este nuevo escenario diametralmente opuesto, en el que ustedes estaban ejerciendo el poder.

Ya son 20 años del proceso de dejación de armas y de la vinculación a la política legal. Nosotros hablamos desde los tiempos de Bateman de una cadena de afectos. Independientemente del lugar político que haya construido cada uno, eso permanece en una misma medida. Tanto es así que ahora el año pasado hubo una reunión organizada por nuestro hijos e hijas. Ellos tienen sus redes y se comportan como una familia. No es algo idílico, existen algunos que son antichéveres, la opinión pública los conoce bien.

Nosotros no usufructuamos nuestra historia, tenemos muchísimo respeto por nuestros muertos, ellos nos enseñaron a respetar profundamente a los vivos. No somos necrofílicos, somos una fiesta.

 


¿Ahora, después de salir del servicio público qué va a hacer, a qué se va a dedicar?

 Estoy dedicado a leer y a ponerme al día con un doctorado que estoy haciendo en Costa Rica. También estoy entregado a mi nieta, la primera. Algo que me ha alimentado bastante. Vuelvo al barrio, yo soy un hombre del movimiento popular y estoy acompañando al compañero Gustavo recorriendo el país y Bogotá.  Hay que mostrarle a Colombia que se puede construir ciudad desde la gente.

 

Además, estoy pendiente de lo que pase con las elecciones atípicas. Yo creo que sería un avance ir a las urnas con alguien que no sea necesariamente del progresismo, pero teniendo algo claro, y es que se ciña al proyecto de la Bogotá Humana. Siempre será un gusto derrotar a Pacho Santos en las urnas. La gente quiere eso.