Santos en el Bronx

En medio de fuertes medidas de seguridad y de una gran cantidad de indigentes, el presidente de los colombianos llegó al deprimido barrio capitalino. Allí, puso en marcha un plan que pretende acabar 24 “ollas” en 60 días y recuperar estas zonas, que se han convertido en “fábricas del crimen” en el país.

El céntrico sector de Bogotá, que a diario opera como el hogar de cientos de habitantes de la calles, se paralizó. Desde las primeras horas de la mañana, miembros de la policía recorrieron cada una de las calles del Bronx para garantizar que en la tarde todo estuviera listo para la visita del Presidente.

 

Realizaron un fuerte operativo que concluyó con la incautación de licor adulterado, armas blancas, pistolas, cubos de marihuana, “bichas” de basuco y cocaína. “Aquí subieron y revolcaron todo”, señaló el administrador de una de las residencias donde pasan la noche quienes tienen 10 mil pesos para pagar lo que vale un cuarto.

 

Si bien la presencia de la fuerza pública ya no es noticia en el lugar, pues durante la administración Petro se han realizado 24 intervenciones en el deprimido sector, los miembros de la policía “arrinconaron” a los indigentes y los separaron de la comitiva presidencial por una valla negra.

 

Desde allí, gritaron contra policías, periodistas y fotógrafos porque sentían que su espacio estaba siendo invadido.

 

Las entradas al Bronx fueron barridas por trabajadores del distrito, y los habitantes de la calle que dormían en el parque ubicado en la calle novena con avenida Caracas fueron retirados.

 

Los indigentes pedían hablar con el mandatario. Algunos gritaban groserías y otros respaldaron, en medio de su situación, iniciativas como el proceso de paz que este gobierno intenta realizar en La Habana. “Que Santos haga la paz”, señaló uno de los habitantes del Bronx, quien utilizó una silla para dirigirse a sus compañeros.

 

Minutos después de las 5 de la tarde, el Presidente llegó al Bronx acompañado del Alcalde de Bogotá, del ministro de Defensa, del Alto Consejero para la Seguridad Ciudadana y de su secretaria privada, Cristina Plazas. Revisó el material incautado y saludó a los policías que custodiaban la droga, el licor y las armas encontradas.

 

Antes de dirigirse a los medios, decidió ir a conocer a los dueños del lugar. Detrás de la barrera puesta por la fuerza pública, los indigentes lo esperaban. Algunos lo saludaron, otros lo chiflaron y el resto lo aplaudieron. “Este Uribe está medio creído”, gritaba una habitante de la calle, algo confundida.

 

Los escoltas y un escuadrón anti motines de la policía no permitieron que Santos atravesara la valla y tuviera contacto directo con los indigentes. En lugar de eso, le sugirieron regresar al lugar del discurso.

 

En medio de Juan Carlos Pinzón y Gustavo Petro, el presidente alagó el trabajo del distrito en la intervención del Bronx y señaló que es necesario seguir acabando estas zonas, que se convierten según el mandatario en “fábricas del crimen”.

 

Se comprometió a acabar con 24 ollas que existen en 20 ciudades del país. En dos meses, según Santos, los expendios de droga más peligrosos del país quedarán en la historia.

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