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¿Qué tan viable sería un Coffee Shop colombiano?

Expertos señalan que instalar el particular café que habilita la venta y consumo de hasta cinco gramos de marihuana en el país, no es una idea tan inhóspita. Confidencial Colombia hace la hipótesis de cómo se aplicarían los diferentes modelos de comercialización y consumo del cannabis que resaltan en el mundo, en un país como Colombia.

El 2014 vislumbra ser el año de los precedentes para la venta y consumo de la marihuana en el planeta. Ya son varias las naciones que adoptaron el polémico y quimérico modelo de la despenalización o legalización del cannabis, como aparato para incidir de forma directa en la producción, comercialización y consumo del alucinógeno en la población y de esta manera reducir el impacto del narcotráfico.

 

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Por ejemplo, la despenalización de la venta y consumo de la marihuana en Colorado y otros tres estados de Estados Unidos, medida puesta al escrutinio de la población que votó a favor el 1 de enero y que concluyó con la apertura de los primeros Coffee Shops en el país, ofrece un panorama anómalo, no del todo desfavorable, para el futuro de la lucha contra el narcotráfico. A este precedente se suma la legalización de la producción, comercialización y consumo del cannabis a finales del año pasado en Uruguay, nación que incluso planea oficializar un mercado global con acuerdos entre diferentes países.

 

Voces alrededor del mundo hablan de que llegó hora de que los gobiernos se percaten de una necesidad por crear nuevas estrategias para la regulación de estas sustancias, por medio de un nuevo juego de leyes que si bien serán amargas de pasar, posiblemente traerían beneficios. Es cuestión de experimentar.

 

Así las cosas, ¿qué implicaciones traería instalar modelos como el uruguayo o el norteamericano (procedente de Ámsterdam) en un país como Colombia?

 

‘Si existiera un Coffee Shop colombiano’

 

Este es un establecimiento estilo restaurante o café, que tiene la particularidad de que sus comensales pueden consumir hasta cinco gramos de marihuana, hachís, alimentos preparados con cannabis y otro tipo de extractos de esta planta, además de que también habilita su libre comercialización de forma legal. La iniciativa fue vigente durante varios años en Holanda y ahora el estado de Colorado de EE.UU., inauguró sus primeras sedes con fines recreativos.

 

Según Jairo Libreros, internacionalista y analista político, un Coffee Shop colombiano sería benéfico para disminuir la intensidad de la violencia que se usa para regular o reprimir la producción y venta de la marihuana.

 

“Sería un ejercicio muy importante porque en ese caso se estaría privilegiando el tema de los derechos humanos de las víctimas del consumo. Desde ese punto de vista, no solamente es legítimo y valido ese tipo de iniciativas, sino que es una obligación de los Estados el cumplimiento de los derechos humanos de aquellas víctimas”, dijo Libreros.

 

El internacionalista explicó que si se logra controlar los precios de la marihuana y su consumo, “el mercado negro ya no va a ser atractivo, los costos disminuirán y por ende ese negocio se va a ir desestimulando. Esto a corto plazo generaría una disminución de la violencia porqué la gente puede recurrir a cierto tipo de drogas, no todas, a lugares en donde el valor puede ser completamente diferente”.

 

Si bien este modelo seria un experimento interesante para que los colombianos puedan examinar si se disminuye la intensidad del uso de la violencia, la marihuana no es un aspecto de tan alto calibre sobre el plano del narcotráfico. La cocaína o el bazuco, “tienen un mercado mucho más restringido y difícilmente un Gobierno va a terminar expendiendo este tipo de drogas”, precisó Libreros.  

 

Igualmente, la corrupción y el microtráfico consecuente de este tipo de alucinógenos es un tema que amerita una medición con lupa, en caso tal de que se abra un Coffe Shop en Colombia. Bajo este panorama el analista señaló que “el microtráfico trae consigo mucha corrupción relacionada con la Policía, las autoridades y los líderes sociales que se empiezan a volver permisivos”.

 

A su turno, Arlene Tickner, politóloga y docente de la Universidad de los Andes, precisó que este medio expedición legal del cannabis que se ensaya en otros países “podría ayudar a normalizar el consumo de marihuana y brindaría unos espacios seguros para que los consumidores interesados”.

 

“Sería un paso sensato porque en años recientes Colombia ha registrado un aumento en la producción y exportación de la marihuana, aspecto que contrasta en los supuestos éxitos en la lucha contra la producción de cocaína”, anotó.

 

Adicionalmente resaltó que la iniciativa apunta “a una especie de reordenamiento de la división del trabajo en torno a las drogas, que de no legalizarse, seguirá profundizándose en un contexto como el de Colombia”.

 

‘Si se implantará el modelo de Uruguay’

 

Un esquema como el que implantó el gobierno del presidente José Mujica a finales del 2013, el cual legalizó la producción, venta y consumo de la marihuana de tal manera que el Estado sea quien regule directamente este tipo de alucinógenos con el fin de ayudar en la lucha contra el narcotráfico, aplicado al sistema colombiano, concebiría un giro tan radical que seguramente terminaría siendo criticado, tumbado por numerosas voces o en el peor de los casos, sin siquiera haber tener aprobación al interior del Congreso, tal y como ha pasado en un par de ocasiones.

 

Resulta que en Uruguay hubo una gran abstención de legalizar esta reforma- un 61 por ciento de la población no estaba de acuerdo, informa la empresa CIFRA- sin embargo se ratificó en el órgano legislativo.

 

El país convirtió en el primer Estado del continente en legalizar la marihuana y comercializarla a través de un sólido modelo de mercado de orden internacional que está a momentos de entrar en vigor. Tal idea fue tan sorpresita, que el mundo colocó su atención sobre el proceso y continua a la espera de ver los resultados que arroje la reforma.  

 

En el caso de Colombia, la dosis mínima de  marihuana ya se despenalizó, lo cual significa que si se mantiene sobre un rango la cantidad de cannabis, no hay razón tal para que la fuerza pública tome medidas carcelarias o sanciones. No obstante, esto no significa que sea legal consumirla.

 

Ahora, si el estado colombiano legalizara la marihuana y la comercializara en una estrategia de mercado como la que plantea el país hermano, habrían grandes sumas de dinero en ganancias por los altos índices de producción que señala Tickner, pero serios líos de orden público y político, específicamente en los puntos de corrupción y monopolio que plantea Libreros.

 

“La legalización implica la aceptación, regulación y cobro de impuestos por parte del Estado” agregó Tickner como aspectos fundamentales si se llegara a aplicar la medida.

 

En este orden de ideas, un estudio realizado por el Departamento Nacional de Planeación en 2003 reveló que la falta de estudios y la polarización de opiniones han dificultado que reformas al respecto sean adelantadas, enunciado que aún se sostiene en estos días.

 

El informe indica que las implicaciones negativas de legalizar la marihuana en Colombia comprenden la violación de convenios unilaterales, la pérdida del respeto de la ley, un incremento en los índices de corrupción, una disminución de los flujos de créditos hacia el país, un incremento en la percepción de riesgo de no pago de la deuda externa y el incumplimiento debido al exceso de regulación, ente otras.   

 

El lado positivo del asunto recae en un aumento de los ingresos tributarios del Estado, una descongestión carcelaria, un control de sustancias por parte del Estado, la liberación de funcionarios y la unificación, concentración y manipulación de precios de los métodos de producción de la marihuana.

De igual manera, la iniciativa, que puede ser tendencia o el negocio del año, representa, entre otros, un daño a la salud de grandes proporciones, aspecto de mayor antagonismo para aprobar este tipo de medidas.

 

Semanas atrás el presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) Raymond Yans, advirtió de graves consecuencias para la salud y el estado de tratados de orden internacional, luego de que los uruguayos aprobaran el proyecto de ley.

 

El belga afirmó que esa decisión “no tiene en cuenta su impacto negativo en el cuerpo humano, ya que los estudios científicos confirman que el cannabis es una sustancia adictiva con graves consecuencias para la salud de las personas”.

 

En ese mismo sentido el cliché, de suma resonancia, que contempla dicha advertencia, parece no imperar sobre la necesidad de combatir el narcotráfico y la producción ilícita de las drogas en países como Uruguay o Colombia.

 

De esta manera, el horizonte para este año vislumbra un cambio de estrategias que podrían ayudar a mitigar el calvario del narcotráfico en países con altos índices de tráfico de estupefacientes. La enorme trascendencia de la aprobación que hizo efectiva Uruguay o el estado de Colorado, será la guía para que Colombia y el mundo se adapten a nuevas eras.