Qué importa si Jaque es teatro o traición

Este mismo día del 2008, los colombianos amanecieron con el ánimo renovado. Se respiraba, un aire más fresco, más ligero. Era evidente que la libertad de los secuestrados que le habían sido arrebatados a las FARC, era la de todos.2011-07-03 Hace tres años, el día después de la operación Jaque, el impacto del episodio era tan contundente que no se necesitaban más detalles para que ya tuviera su lugar en la historia del conflicto en Colombia. El golpe a la arrogancia de las FARC era innegable y los testimonios de los liberados daban cuenta del gran paso que daba el Estado al ponerle fin a este cruel chantaje.

El día después, todo era suficiente. No era necesario alargar el show, ni insistir en ampliar versiones insostenibles y dar detalles para satisfacer el morbo. En las guerras, las partes guardan secretos de sus operaciones, pero el gobierno, los ministros y los generales no estaban satisfechos. Querían más reconocimiento y su deseo los llevó a cometer imprudencias, que hoy aparecen como mentiras oficiales.

Los interrogantes que hoy se retoman sobre el origen genuino de la liberación, estuvieron ahí desde el comienzo. Había demasiadas coincidencias que hacían dudar de que se tratara simplemente de un genial engaño a una vieja y mañosa guerrilla capaz de mantener vivos por diez años secuestrados en la manigua, aguantando la presión, los ofrecimientos y los intentos de rescate de gobiernos como el de los Estados Unidos o Francia por recuperar a sus rehenes. El asunto no era de poca monta, como para que un helicóptero aterrizara así no más, con tres actores disfrazados de Cruz Roja y se los llevara por los aires.

Pero así fue. El helicóptero pintado los llevó por los aires y los trajo de regreso a la vida. Y dejó a las FARC sin las presas más valiosas de sus inauditos propósitos.

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Sí en vez de teatro se trataba de una traición de los jefes del frente, de todas maneras la estrategia militar es legítima, en las guerras uno de los mayores logros es voltear a los del bando contrario y ponerlos a jugar a su favor. Ya la política de recompensas había aguantado hasta la aparición de una mano mochada a un guerrillero muerto como trofeo de 5 mil millones. La guerra un juego rudo.

De todas maneras, habría sido muy interesante que el Estado contara si logró torcerle el pescuezo a las FARC por millones de dólares, o si fue el amor de la esposa extraditada de alias César el que lo convenció de entregar los secuestrados, pero se arriesgaron a alimentar la fábula montoyesca y pese a que el resultado sigue siendo exitoso, se resta credibilidad a las acciones del Estado y a la palabra de sus representantes.

Que el jaque se hizo, se hizo. Y de eso no hay duda. El Estado se anotó una victoria y las FARC una derrota. Es así de claro y de simple. Tres años después 12 personas retomaron su vida, empezaron a curar sus heridas, las FARC recibieron una lección y el país tiene menos carga de dolor, pero muchos siguen allá y después de tres años de gloria, ya es hora de retomar acciones, teatrales o de traición para lograr el fin de su cautiverio.