Procurador no es el último juez superior de Bogotá

Las columnas del fin de semana de Rodrigo Uprimy, Ramiro Bejarano y María Elvira Samper en El Espectador, de Daniel Samper Pizano en El Tiempo, y de Juan Manuel Acevedo en Semana, me dicen que Petro no debe ser destituido por un procurador fanático y extralimitado, porque sería un triunfo de la corrupción, de las desbordadas ganancias de los privados en la prestación de servicios públicos, y un golpe más a la débil institucionalidad. [Opinión]

A lo dicho se suman las investigaciones penales del Fiscal General contra el Procurador y sus procuradores, la decisión de la dubitativa CIDH, y está al acecho el contralor liberal de Bogotá para demostrar eventual detrimento patrimonial en el que supuestamente incurrió Petro con el modelo de basuras, tema que explotará si tiene beneficio electoral.

 

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Un presente sin futuro


En un escenario tan inestable e impredecible por errores en la constitución y de omisiones en su reglamentación, cabe todo tipo de especulación, entonces imaginémonos que habrá proceso de revocatoria, donde Petro gana porque solo la extrema derecha votará por el SÍ, y será de paso un golpe al Centro Democrático en las elecciones de marzo, porque si el procurador se sale con la suya, Uribe cobrará esa factura con más votos y más parlamentarios, si no, restará curules.

 

Se quede o se vaya Petro, la Alianza Verde ganará muchos electores en marzo, y la Unidad de Santos también, y seguirá su camino para ganar la reelección así les duela a Pastrana, Uribe, Ordoñez, Londoño, José Obdulio y a otras Palomas de la premodernidad, y también le duela a una tercería dividida en dos, tres, cuatro pedazos.

 

Si la revocatoria no pasa y los recursos que está interponiendo lo salvan de manera definitiva, temporal o parcial, Petro desde el balcón deberá hacer un compromiso para superar la ineficiencia y decirle a la ciudadanía lo que realmente hará en los dos años que le quedan de gobierno, o quien lo reemplace del Partido Progresista si en julio o agosto todos los recursos que interponga al final no lo salvan.

 

Así esté viciada la decisión de los “iluminados” procuradores, el alcalde no puede pensar que saldrá avante sin tener que pagar una parte de la factura que le ha pasado la oposición. Deberá comprometerse a rectifica su gestión y su actitud personal, porque lo salvarán sus seguidores y el rechazo de otros miles de ciudadanos adversos a la decisión de un procurador extremo.

 

La ciudad imaginada de Petro


El modelo general de ciudad que el alcalde propone y que con dificultades propias, heredadas y ajenas intenta poner en marcha, es correcto, aunque incorrecto su modelo de gestión.

 

Su proyecto de ciudad no tiene nada que se parezca a las propuestas de la vieja izquierda, incluso, liberales, verdes o conservadores abiertos, podrían igualmente adoptarlo y mejorarlo, pero la premodernidad ideológica y rentista que ha generado en Colombia una idea de desarrollo precaria y una cultura de confrontar todo con formas violentas, egoístas, individualistas y ambiciosas de distinto tipo, no permite evolucionar en los conceptos, en los modelos, en la idea de desarrollo, en los imaginarios hacia una nación, una capital y unas ciudades avanzadas.

 

Dado que Colombia no ha salido de las guerras y de los modelos del pasado rural, por lo cual no ha iniciado con libertad y claridad el debate y la lucha por una sociedad del futuro desde las ciudades, significa que aún no entiende que el debate político de hoy no tiene ningún parecido con el debate político de ayer.

 

Si la dirigencia de derecha cree que el peligro está en los comunistas, y si la izquierda todavía cree que Mao o Lenín gobiernan en China y en Rusia, quiere decir que viven en el pasado, y no entienden que hay una nueva sociedad global en auge económico pero en crisis múltiple, que está poniendo en cuestión los recientes paradigmas de un modelo global de sociedad de mercado IN sostenible.

 

Si se mira con las categorías del pasado el discurso de Petro es “peligroso“, pero si se mira como el discurso de muchas ciudades avanzadas, o el de muchas ciudades de economías emergentes que arrastran problemas del pasado pero que al mismo tiempo construyen paradigmas de futuro, no tiene nada pero nada de peligroso. Él no ha inventado nada, hizo un barrido de ideas por ciudades de aquí y de allá, y con ellas armó un plan de gobierno y un plan de desarrollo para Bogotá, porque no tuvo tiempo para digerir y construir un modelo profundamente enraizado en los 2600 metros más cerca de las estrellas. Así se explica su ineficiencia inscrita en una burocracia y en un estado paquidérmico que la sociedad de mercado no ha podido corregir.

 

De cara al futuro


La dirigencia de éste país, la única de América que en el siglo XXI preserva una guerra del siglo XIX, desconoce que en el mundo la ciudad es desde hace días el ámbito de las grandes transformaciones y discusiones globales, y es el terreno de la indignación que de pronto algún día se convierte en revolución.

 

Petro debe hacer un acuerdo político con el presidente Santos, relacionado con la ciudad, la paz, las elecciones, la democracia, y el costo de la ineficiencia.

 

De cara a la paz, Colombia no puede retroceder aún más de lo atrasado que ya está en la construcción de instituciones inclusivas. La paz no se puede hacer si hay abusos de tecnócratas y privados, si la corrupción es la nueva violencia que desintegrará aún más a Colombia, y si los pobres viven en los extramuros y trabajan en los andenes de las ciudades.

 

Tampoco habrá instituciones con un sistema de justicia con tantos códigos e intereses que han propiciado una gran anarquía jurídica y judicial. Gracias al procurador por poner en evidencia el “anti – sistema” de justicia que tenemos, y que como dijo el presidente Santos, habrá que meterle mano cuando se salga de la actual encrucijada de Bogotá.

 

Los medios, los más poderosos, deben ser más responsables en la manera como informan y la manera como ¨direccionan¨ la opinión, a propósito de la carátula de Semana y de los sesgos de Caracol, de RCN, de la W, y del 1, 2 , 3 y la Ñapa de CM&. Petro debe pensar en la paz pero no amenazándola para agarrarse del balcón, debe pensar en ella porque es la necesidad que tiene Colombia y Bogotá.

 

Llega la paz, porque leí el acuerdo del punto 1, sobre el sector rural, y no hay nada para asustar, ni nada que no sea posible ni necesario hacer. Incluso, van cortos en algunos temas.

 

Si la derecha cierra filas por la guerra y el atraso, el centro y la izquierda deben cerrar filas por la paz, por la vida, por la memoria y por el futuro.