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¿Por qué marchamos a la Plaza de Bolívar?

Mientras que para unos es el punto donde desemboca el espíritu de protesta, para otros es donde converge el malestar de la opulencia arraigada del poder. Es un lugar que aglomera a personas, palomas, perros, llamas y otros animales de insignia política y turística que retumba diariamente al son de las manifestaciones.

El centro de Bogotá reúne a todas y cada una de las facetas de los colombianos en una mezcla tan atractiva para el ojo extranjero, que el simple caminar de una de sus calles refleja cientos de historias que contar y culturas que conocer. Si bien muchos bogotanos conciben a ciertos puntos del centro como inseguros, hacinados e incluso como orinales para los indigentes, razón tal de que en varias ocasiones es detestable asistir al sector, así sea dando una vuelta en el Transmilenio, dicen algunos, la identidad cultural representada en las anteriores cualidades caracteriza al corazón de la ciudad y hace parte de la memoria histórica de los colombianos que están más que acostumbrados a convivir en ese tipo de escenarios.

 

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Los que han recorrido la Plaza de Bolívar, punto de mayor atractivo del centro, recordarán con predominancia a las palomas, las construcciones históricas,  las llamas turísticas e incluso a uno que otro par de habitantes de la calle. No obstante, no hay día en que no se encuentre  a una persona protestando y eso es lo que más se recuerda. Entonces, es más que notorio que la Plaza de Bolívar es el punto idóneo para decir o expresar algo. ¿Pero por qué? 

 

Según explica Ana María Bolaños, docente de sociales e historiadora del distrito que recopilo la memoria histórica de la Catedral Primada de Colombia, los colombianos salen a hablar o a manifestar a la Plaza no solo porque las instituciones del poder y sus representantes estén cerca, sino que ese sentimiento obedece a una “mística” de lograr reconfigurar los términos del Estado y la iglesia por medio del discurso, aspecto que viene especialmente desde los dirigentes hacia el pueblo.

 

“La Plaza está custodiada por los tres poderes y la Iglesia. En un lado el Presidente emite su discurso, luego al frente sale el Alcalde y lo complementa y después llega y lo diviniza el cura. Entonces, el Alcalde nos induce, el Presidente nos aplaca y el cura nos evangeliza. Por eso es el punto histórico perfecto para centrar y avivar en una sola forma el pensamiento colectivo de miles, además de ser el lugar donde todo y nada ocurre al mismo tiempo”, señaló.

 

Sin embargo, la historiadora dijo que la zona está construida sobre una “opulencia” de carácter político tan robustecida, que por eso en muchas ocasiones ha sido el escenario de crímenes, enfrentamientos y ejecuciones en tanto de que no es del todo bueno que el Gobierno haga uso de la plaza para proselitismos.

 

“Allí fue ejecutada Policarpa Salavarrieta, a pocas calles fue asesinado Jorge Eliecer Gaitán, también fue cama para la tortura de indígenas en la Picota (madero de tortura) y la evangelización de los pecadores. Fue escenario de lucha contra el narcotráfico, la guerrilla y punto de episodios de violencia política”, indicó.

 

La Plaza ha albergado a manifestantes por la paz, el campo, los indígenas, el estudio, el trabajo, la salud, la inversión internacional, los derechos humanos y la vida. Pero también ha sido moldeada por el lacrimógeno, los tanques de guerra y la sangre.

 

Es tan particular la forma de protesta que se ha instalado en el sector que incluso la estatua de Simón Bolívar que yace en frente al Capitolio ha vestido ruanas, sombreros, batas, anteojos, camisetas estampadas con el logo de la comunidad LGTBI, de organismos antitaurínos y la más reciente, con la imagen del alcalde destituido por 15 años, Gustavo Petro, entre otros.

 

Bajo este panorama la historiadora bogotana, Alexandra Tamayo, precisó que hechos como la manifestación que desató la destitución dictada por el procurador Ordóñez en contra del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, da muestra clara de que la Plaza de Bolívar es símbolo de muchos, especialmente de los jóvenes, para salir afianzar la “libertad de expresión”.   

 

“Es el único sitio en que la gente puede expresar el sentimiento de la democracia. Este no se puede evocar en un parque o en la Plaza de Toros por ejemplo. Es en la Plaza de Bolívar donde la mayoría de próceres de la independencia se expresaron y desde allí se afianza el sentimiento de libertad”, agregó.

 

El significado de una plaza donde transite la historia de un país es supremamente importante para inmortalizar y multiplicar la esencia y el destino de un gobierno o una civilización. Su peso se iguala a de las pirámide para los egipcios o el coliseo para los romanos.

 

De allí la docente Bolaños advirtió que es menor la cantidad de personas que asisten por encontrar un valor histórico y emocional de la Plaza, que cada día, sin decir que sea algo malo, “es ocupada a pasos agigantados por vendedores ambulantes y manifestantes”.

 

La Plaza, el Esmad y el lacrimógeno


En imágenes, las manifestaciones del paro agrario en Bogotá.