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Plebiscito abre la puerta a un real estatuto de oposición

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El plebiscito del próximo 2 de octubre, más que convertirse en un mecanismo para darle o no un espaldarazo a los acuerdos entre el Gobierno y las FARC, que se firman esta tarde en Cartagena, es el punto de partida para garantizar un verdadero esquema de oposición.

Tal modelo ha existido en teoría desde hace 25 años con la Constitución del 91, pero la posible refrendación que hagan los colombianos el domingo es, en concepto de expertos, la manera de ponerlo verdaderamente en práctica. De hecho, buena parte de los acuerdos son en gran medida la refrendación de una Constitución que se omitió.

 

Así lo explica el jurista y profesor de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), Óscar Mejía Quintana, quien sostiene que la refrendación de lo acordado es la gran posibilidad de que políticamente se configure un pulso de poder contra poder y deje de prevalecer la visión amigo-enemigo, dada la ausencia -en la práctica- de un estatuto de oposición.

 

En esencia, conceptúa el profesor Mejía, la refrendación de lo acordado toma en serio la existencia de una oposición, que en la práctica no desarrolló el legislativo colombiano en los últimos 25 años. En la medida que no se concrete ese estatuto, “la distinción amigo-enemigo, que es en última una distinción violencia – no violencia, va a estar en el orden del día”.

 

El plebiscito del domingo puede ser el que abra, de una vez por todas, la puerta que anunció aquel pacto político del 91, pero que nunca ejecutó, y fue no haber integrado a los actores del conflicto, como hoy lo apuestan los acuerdos.

 

Las señales del sí y el no


Según Juan Gabriel Gómez, profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la U.N., uno de los aspectos trascendentales de la refrendación, más que si gana el sí o el no, son las señales que se envíen en cuanto a la contundencia de uno y otro.

 

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Las refrendaciones en otras latitudes como Bulgaria (1922), Uruguay (1989), Irlanda (1998) y Argelia (2005) tienen puntos de encuentro con el plebiscito colombiano, pues se preguntó por un consenso con alguna organización insurgente.

 

En el caso del referendo de Bosnia – Herzegovina, dos terceras partes de la población estuvieron de acuerdo en votar sí a una postura proindependentista, mientras que la tercera parte votó en contra. Pese a ello, en vez de tramitarse ese diferendo por vía institucional, se desató una severa confrontación armada.

 

En el caso colombiano, resalta el profesor Gómez, existen sectores que no están dispuestos a aceptar la decisión que se tome el próximo domingo. Por ello, agrega, “lo mejor que podría ocurrir sería que hubiese una alta participación de los que somos partidarios del sí, convencernos que somos mayoría; si ello no ocurre, habría que estar dispuestos a hacer una gran tarea de diálogo y conversación con aquellos que continuarán oponiéndose a los acuerdos de paz”.

 

Si bien nadie tiene “la bolita de cristal” para saber qué puede pasar si gana el no –señala el profesor Juan Gabriel Gómez-, hay que tratar de visualizar escenarios y –en todo caso- coincide con el profesor Óscar Mejía, en que no se puede satanizar ni una opción ni la otra.

 

Uno de esos escenarios es que, de sobreponerse el no, las FARC deben advertir y asumir que hay un sector considerable de la opinión que rechaza el contenido de los acuerdos en materia de justicia transicional y participación política, con lo cual se avendría una revisión de los mismos.

 

Un segundo escenario sería una actitud reactiva contra ese rechazo, en el que el gran componente de fuerza de las FARC (no tanto sus dirigentes, que ya han manifestado no volver a la lucha armada) forme contingentes que “no le jalen así al asunto”, formando grupos independientes que eventualmente se podrían “bandolerizar” (sic) o adherirse al ELN. Una tercera indica que los miembros de la clase política, agrupados en la decisión de la Corte Constitucional, apuesten por seguir tramitando estos acuerdos de paz a través de procedimientos distintos y validarlos, incluso, vía reforma constitucional o de otro tipo.

 

El sentido de la refrendación de los acuerdos se produjo en desarrollo de un ciclo de paneles organizados por el programa de Trabajo Social de la U.N., de cara a la implementación de los acuerdos de paz.

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