Phelps, supremacía olímpica

La vida de Michael Phelps ha estado marcada por su obsesión de alcanzar la gloria olímpica. Ahora, tras ser el deportista que más medallas ha ganado en los Juegos Olímpicos, le toca esperar a su sucesor.    

La historia del deporte está repleta de grandes actores y sería imposible nombrar a todos y hacer justicia con ellos y ellas. Pero la gesta de este chico de Baltimore no tiene rival ni, de momento, quien le haga sombra.

Con 20 medallas olímpicas, dieciseis de ellas de oro (y con dos opciones más por delante), lo que ha hecho este jovenzuelo estadounidense ya se imprime en los libros de historia y entre las grandes biografías de los mortales.

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Michael Phelps, el tritón, el tiburón, la gacela del agua… el nadador que ha sido calificado de mil maneras y representado cientos de veces como un ser superior, ha vivido los últimos doce años, coincidiendo con su ciclo deportivo más brillante, con el objetivo de transmitir una imagen de normalidad, aunque sus marcas y medallas dijeran lo contrario.

Marcado por la separación de sus padres a una edad muy temprana, el infante  Phelps encontró en la piscina el mejor espacio para superar un problema de hiperactividad.

Fueron sus hermanas Whitney y Hilary, ambas nadadoras, quienes influenciaron en el joven Michael para que practicara natación, un deporte del que se ha convertido en una leyenda viviente, aunque en su biografía se haya mezclado algún incidente del que no se sienta muy orgulloso.

UN PHELPS HUMANO.

Phelps demostró su “humanidad” cuando fue arrestado en 2004 por conducir bajo los efectos del alcohol o al ser fotografiado, tras los Juegos de Pekín, utilizando un aparato de fumar marihuana en una fiesta universitaria, hecho que le  acarreó una suspensión para competir durante tres meses y que le hizo caer en una depresión, según confesó.

Pero, por encima de estos hechos que cualquier mortal pudiera protagonizar, queda su paso por los Juegos Olímpicos de Sydney (donde no alcanzó medallas), Atenas (seis oros y dos bronces), Pekín (ocho oros) y Londres (dos oros y dos platas… de momento).

Cuatro citas olímpicas, 20 medallas y cerca de cuarenta récords mundiales es la herencia que deja Michael Phelps quien, antes de su participación en Londres, ya avisó que serían sus últimos Juegos. “He podido ir a maravillosas ciudades en mis viajes y no he podido verlas.

 

Veo el hotel y el jardín, eso es todo. Después de Londres, voy a ir y hacer lo que quiera”, confesaba Phelps el pasado mes de mayo.

Su entrenador, Bob Bowman, ya avisó antes de la cita de la capital británica de que el nivel de su pupilo sería muy diferente a las citas olímpicas anteriores. “Michael está al 80 por ciento de su potencial”.

Sus tres medallas conseguidas en la capital británica (oro en 4×200 libres y plata en 200 mariposa y en 4×100 libres) no quedarán entre sus mejores recuerdos, pero si será el momento de dar el relevo a otros “tiburones” que llegan con fuerza, caso del francés Yannick Agnel, el rey de la piscina londinense, que se presenta como un firme candidato a hacer sombra al historial de Phelps.

Ahora, lo todos se preguntan ¿hasta cuándo estará vigente la marca de Phelps?. El estadounidense ha superado a la gimnasta rusa Larisa Latynina, ganadora de dieciocho medallas olímpicas, la última en 1964. ¿Habrá que esperar tanto?.