Petro: "la seguridad no se hace a punta de muertos"

Gustavo Petro, líder del Movimiento Progresista y candidato a la alcaldía de Bogotá, quiere ponerle cuerpo y corazón a la ciudad. Rechaza el uso de la fuerza para obtener seguridad y cree que si bien el ex presidente Uribe fue el abanderado de la seguridad del Estado, descuidó la seguridad ciudadana. Petro pintó para Confidencial Colombia la Bogotá “humana” que busca construir.
2011-10-30 **Confidencial Colombia:** ¿Cuánto tiempo se tomará para desarrollar su propuesta de la Bogotá Humana?

Gustavo Petro:. El tema del saber cómo este cerebro crece cada vez para toda la población que vive en Bogotá, es un programa que se puede hacer en cuatro años en términos de expandir el preescolar público que hoy casi no existe, y en ligar la educación superior en cada colegio público haciendo dos años de ciclo universitario en el colegio. Es un proceso que se tiene que expandir finalmente porque el saber es elástico.

La política de orden, de detener el crecimiento de la ciudad, depende no solamente de que más gente pueda vivir en el centro con calidad de vida, sino de que tengamos una política de vivienda que disminuya el déficit habitacional para quienes tienen menos capacidad de pago, que son los que hoy son atraídos más fácilmente por los urbanizadores piratas hacia la depredación de la naturaleza en los bordes. Ese déficit, aunque puede disminuirse sustancialmente en cuatro años, es una política que tiene que atravesar más allá de la administración. La Bogotá humana es ya, se puede empezar a construir.

**CC:** En materia de seguridad ¿cómo queda la Bogotá humana?

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GP:. Este ser humano no puede morir, si le quita el corazón, que es lo que ha venido sucediendo, expulsa a los pobres, le quita la posibilidad de trabajo a través de lo que llaman renovación urbana. Si se privatiza la educación, le quita presupuestos al colegio público; si le dice al muchacho o la muchacha que obligatoriamente sólo pueden ser técnicos, va segregando la ciudad y puede asegurar que este ser humano, que es la ciudad, va a terminar acostándose como la pintan en los mapas: muriendo. La seguridad no se hace a punta de muertos como nos han acostumbrado, sino al contrario, la seguridad es aquella que hace florecer la vida.

CC:. ¿El papel que están jugando las encuestas resulta favorable para su campaña?

GP:. Yo ya tengo experiencia en encuestas, igual que ahora me favorecen. Hace un año casi me destruyen y descubrimos que fue una manipulación, no era la realidad sino que fue un intento premeditado por destruir a unos rivales para dejar sólo dos a segunda vuelta. Las encuestas hay que mirarlas con distancia, sirven como método de análisis pero no predicen. Nunca se sabe bien cómo las hacen, entonces, si lo favorecen a uno, no se puede caer en falsos optimismos, o si lo perjudica en falsos pesimismos.

CC:. Su campaña tiene como eje el tema ambiental, ¿cómo salvar al río Bogotá?

GP:. Hemos estado estudiando a profundidad el tema. Nosotros defendimos la tesis de las tres plantas y nos sorprendimos cuando en el último día del gobierno de Mockus, él decidió suspender ese proyecto, ya había una construida que es la del Salitre. El proyecto fue sustituido en el gobierno de “Lucho” por otro que se le denomina el de Canoas, es decir, la construcción de unos captadores del agua que vienen de la ciudad (interceptores) que se entierran y después se bombean ya en el sur de la ciudad para botar el agua en la planta grande de Canoas.

Es un modelo diferente, pero en el gobierno de Samuel lo examinamos de cara a la corrupción y descubrimos que quedó en manos del “cartel de la contratación”, al punto que tenemos uno de los dos grandes problemas de la ciudad. Esto vale 2 billones de pesos más que lo que costaban las plantas y eso se paga en tarifas y aún hay un billón que no se sabe de dónde va a salir. Es decir, llegamos a un punto de colapso de la política de descontaminación del río.

Estuvimos analizando qué hacer porque hay unos contratos firmados y una evidencia de que eso no sirve, pero el monto del dinero asciende a casi 1.000 millones de dólares perdidos. Nosotros nos estamos inclinando por un sistema que permita que cada poblador, del millón 800 mil hogares que hay en la ciudad, pueda hacer un proceso de descontaminación del agua que bota el hogar, usando el sistema de tarifas de acueducto y alcantarillado. Es decir, premiar el edificio o la casa que produzca un proceso de descontaminación en la fuente y castigar al que no lo haga.

CC:. ¿En qué consiste la propuesta del mínimo vital de agua para toda la población?

GP:. No es propuesta, hoy es una norma aprobada por las Naciones Unidas que convierte el agua de mercancía en derecho. Entonces sobreviene una discusión que no se ha dado, ¿qué significa en el sistema de servicio público de agua potable en Colombia?, que es a partir de empresa que se incentiva su privatización. La fase intermedia es consumo mínimo vital, decir que lo que es derecho es lo indispensable para vivir. Se ha estipulado que ese consumo mínimo vital es 10 metros cúbicos por hogar mensualmente. No es agua gratis como lo han dicho en algunos medios.
Es gratuito, pero como es un proceso tiene que empezar por los sectores de menos capacidad de pago. En Medellín ya va para 90 mil personas, en Bogotá, aunque está aprobado en el acuerdo, no ha comenzado. Si usamos el ingreso como medidor y no el sitio de vivienda, como lo que nos permite ver el Sisbén, ahí es donde debe ir en una primera fase aplicado el consumo mínimo vital gratuito.

CC:. Usted fue candidato a la presidencia, ¿en qué momento decide lanzarse a la alcaldía?

GP:. El proceso tiene que ver con este año, no con el año pasado cuando fui candidato presidencial. Este año se presentaron varios hechos que son públicos: uno, la crisis del Polo que tiene que ver con la administración de Bogotá ligada a la corrupción, que fue descubierta siendo miembros del partido que gobernaba la ciudad por la responsabilidad colectiva que ello conlleva. Decidimos ser nosotros mismos los que nos dedicamos a estudiar cómo era ese proceso de corrupción y terminó en que se escribió en un informe que se presentó en octubre del año pasado y que trajo como consecuencia, dado que la dirección no quiso expulsar a los Moreno Rojas, en nuestra salida del partido.

Al salir del partido este año, decidimos que Carlos Vicente de Roux fuera candidato a la alcaldía, y se inició una tesis que era construir un bloque de fuerzas para sacar a la ciudad de esa crisis. Invitamos a Gina Parody, a Mockus, a Galán en ese esfuerzo, pero lamentablemente dijeron que no y Carlos Vicente decidió renunciar a la candidatura. Entonces la discusión colectiva, de lo que ya era el Movimiento Progresista, determinó que la única opción que había para defender un programa democrático para la ciudad era que yo lanzara la candidatura a la alcaldía.

CC:. ¿Qué opción cree que tiene?

GP:. Podemos mirar sólo encuestas, las probabilidades son altas, nadie puede tener certeza de que lo lograremos, pero las probabilidades son altas porque la coherencia del programa se va irradiando en cada aspecto particular: nuestra política de salud, la de transporte están ligadas a un objetivo central en la Bogotá humana, que es acabar la segregación. El programa está cogiendo fuerza.

CC:. ¿Cómo ve el tema de la alianza de Peñalosa con Uribe?

GP:. La alianza Peñalosa Uribe no es de ahora, mediáticamente aparece como si fuera ahora pero realmente ellos han sido un equipo desde hace bastante tiempo, ocho años por lo menos. En el primer gobierno de Uribe y terminado el gobierno de Peñalosa, parte del equipo de Peñalosa pasó a ser parte del de Uribe: Cecilia Vélez, Edmundo del Castillo, Alicia Arango, María del Pilar Hurtado, personas muy cercanas al corazón del gobierno. Por esto varias de sus políticas, como la privatización de los colegios públicos con el sistema de concesión, se trasladó de hacia Bogotá.
Después Peñalosa apoyó a Uribe para su segunda elección, Uribe siendo presidente apoyó a Peñalosa fracasadamente, ahí hay una alianza de ocho años.

CC:. ¿Qué rescataría usted de las administraciones de Mockus y Peñalosa?

GP:. Peñalosa es el modernizador del transporte en el siglo XX y Mockus es el constructor de lo que yo llamaría una ética pública en el siglo XX.

CC:. ¿Qué espera dejar usted para el siglo XXI?

GP:. Una ciudad en el siglo XXI que es el siglo del cambio climático y de la globalización. Una ciudad que tiene que aprender a construirse sobre la base del respeto máximo por la naturaleza, que incluye eliminar cualquier tipo de segregación social porque de lo contrario no subsiste esa ciudad.

CC:. ¿La seguridad en la Bogotá humana implica mano dura contra la delincuencia?

GP:. Yo no soy partidario de pensar que la seguridad es un problema de más fuerza, más cárcel. Me parece que esas políticas han fracasado porque no reconocen un espacio de la seguridad ciudadana que es diferente a la seguridad del Estado. Uribe fue el abanderado de la seguridad del Estado en los últimos ocho años, pero descuidó la seguridad ciudadana que es diferente.

Esa seguridad ciudadana que ya tiene más visibilidad. En Bogotá tiene dos grandes aspectos que tienen que ver con la toma mafiosa del Estado y es lo mismo que sucede en otras regiones, sucede en Bogotá. Ahora que es más visible, hay que construir una política de quitarle al Estado las mafias como una manera de construir seguridad ciudadana.

Hay otra parte de la seguridad que tiene que ver con el delincuente común que produce violencia. Hay que darle un peso a la seguridad preventiva, hay que intentar que no se provoque el delito y para esto hay dos métodos: uno que es general, que tiene que ver con una ciudad con oportunidades, que es real. Entre más oportunidades menos intención de hacer el delito.

También está el esquema de seguridad preventiva práctica, que incluye una seguridad integral, que coordine la Defensa Civil, la Policía, los ciudadanos integrados con el apoyo de las nuevas tecnologías para vincular cámaras de edificios al circuito de la policía. Ya funciona en Bogotá en varias zonas y el resultado ha sido la baja radical de los delitos. Así se podría prevenir el delito menor que no está ligado a la mafia.