“Peñalosa es una carta guardada del uribismo”

Las reuniones con el procurador Alejandro Ordóñez y el presidente Juan Manuel  Santos, dejaron ver de nuevo a Piedad Córdoba. A pesar de que no le gusta dar muchas entrevistas, según ella, por lo duro que le han dado los medios de comunicación, la exsenadora habló con Confidencial Colombia de la actualidad política del país y de su constante lucha por buscar la salida negociada del conflicto armado.

Confidencial Colombia: La reunión con el Procurador, fue algo que no se esperaba. A parte de las elecciones, ¿qué mas temas se trataron?


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Piedad Córdoba: Lo que hablamos fundamentalmente fue el tema de las dos curules afro. Nosotros ya habíamos tenido una reunión con la procuradora delega en lo electoral, entre otras porque antes de las elecciones ya habíamos demandado la inscripción de estos dos escaños por considerar la ilegitimidad y la ilegalidad de estos. Luego ellos se pronunciaron, tuvimos una primera reunión, y luego nos invitaron al encuentro en donde estuvo el procurador. Fundamentalmente ese fue el motivo.


C.C.: Respecto al tema de la Procuraduría y su sanción ¿Cómo va su proceso en el Consejo de Estado? Y, ¿a que debe la demora en una decisión final?


P.C.: En el Consejo de Estado, demorado. Antes de responder esa pregunta debo decir que el tema del procurador es cuestión de la democracia. Independientemente que conmigo se han cometido cualquier tipo de injusticias, no puedo inventarme una procuraduría. No puedo inventarme una instancia para tramitar un asunto en el cual tiene que estar el procurador o someter a la comunidad afrodescendiente, o a la gente en general como el buen ciudadano que se siente violentado en el proceso electoral, a que no hagamos nada porque soy enemiga del actual jefe del Ministerio Público. Eso no pasa por ahí. Como la reunión con el Presidente. No permití nunca en la junta de Marcha Patriótica que a ese encuentro se llevara el tema de la inhabilidad política mía. No puedo aprovecharme de una circunstancia para plantear algo que a la larga le interesa a la sociedad, a Marcha, pero fundamentalmente, en términos de derechos individuales, me afecta es a mí directamente.

 

Ahora, estuve con el procurador, pero demandé la decisión de él en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a los dos días. No quiere decir que yo fui para ver si él de pronto me ayuda: no, nada de eso. Por ese lado no hay ninguna posibilidad de declinar los derechos que tengo para aspirar a que me devuelvan mis derechos políticos, pero es un tema de la democracia, de las instituciones. Es muy importante que el país entienda que las cosas no se resuelven por fuera sino dentro de lo que es la estructura institucional del Estado.

 

Con esto dicho, el caso mío en el Consejo de Estado entró mucho antes que el del señor exalcalde de Medellín. Ha sido un tema mucho más político que jurídico. Por esa razón mi caso se ha tardado tanto en darle solución ante las demandas que se han hecho. Es la hora en que está en mesa para alegatos pero no se ha tomado ninguna decisión. Se han declarado impedidos una cantidad de magistrados. Pero ya tomé la decisión de demandar ante la CIDH y lo hicimos hace 8 días.


C.C.: Continuando con reuniones ¿Cuáles fueron las directrices de la acontecida con el presidente Juan Manuel Santos y cómo ve la posibilidad de su reelección?


P.C.: La reunión con el presidente fue marcada por dos direcciones: garantías políticas y proceso de paz. En el primer tema, podríamos decir que no existen para la Marcha Patriótica, digo esto porque hay tejida una telaraña de opinión pública en la cual quienes estamos en la Marcha somos personas peligrosas para la sociedad. Tenemos vínculos con el terrorismo según ese mismo imaginario y el mismo presidente dice que en todos los computadores aparece la Marcha. Resulta que quienes entregan esos informes, que ni nosotros conocemos, son fundamentalmente los militares y ellos tiene una postura clarísima contra cualquier movimiento, llámese Marcha, Congreso de los Pueblos, Onic o cualquiera que tenga una opción de poder distinta frente al establecimiento o el status quo político del país. A pesar que la reunión fue con el presidente que, entre otras cosas podría valorarse como una especie de reconocimiento a la institucionalidad de la Marcha, por el otro lado no deja de ser muy preocupante la situación de persecución, amenazas, encarcelamientos;  mejor dicho, de judicialización de la Marcha Patriótica. Diría que es ilegalizarla de hecho, a partir de lo anterior. Lo afirmo porque la solución no es simplemente un cuerpo de policías, de guardaespaldas, de carros o de armamento para que este movimiento político se defienda. No es eso. Las garantías las debe dar el estado y las da en la medida en que la sociedad considera en que somos un movimiento útil a la construcción del poder de este país.

 

Respecto a la reelección, lo que la está poniendo en riesgo es precisamente lo que lo hizo elegir: el tema de la paz. La opinión pública no tiene un criterio claro frente a lo que él mismo piensa, esto quiere decir que la gente no sabe si él quiere la paz o no. Yo afirmaría que se ha avanzado muchísimo, que el hecho que se haya logrado establecer la mesa de La Habana, que ya haya encuentros con el Eln para establecer la mesa, pues son avances muy significativos. Que ya se vaya a abordar uno de los puntos más contenciosos como el tema de víctimas es algo muy importante, lo que pasa es que ellos están encarcelados en sus propias reglas, porque eso de que nada está acordado hasta que todo esté acordado, ayuda a que la gente cree que se está haciendo solo bla, bla, bla como dice la caricatura de Matador del 4 de abril del 2014 en El Tiempo, que es de La Habana viene un barco cargado de bla, bla, bla. Eso no es así, llevamos más de medio siglo en guerra, por eso no se puede pretender que eso se resuelva en menos de un año. Me parece que es una lógica reduccionista del tema que tiene que ver con la confrontación de modelos, inclusive, con la de los mismos debates que se dan dentro y por fuera de la mesa. Esto me lleva a pensar que el riesgo a no ser reelecto se lo está poniendo él mismo, porque si a la sociedad le quedara claro que el bien ético más importante que puede tener es la paz, esa ciudadanía estaría volcada sobre su segundo periodo presidencial que creo que en términos de la paz es muy importante. Lo otro es, si gana el uribismo ya sabes cómo es: aplastamiento. Peñalosa no se sabe lo que piensa.


C.C.: ¿Qué papel va a jugar Enrique Peñalosa en esta elección presidencial?


P.C.: Yo no siente que pueda volver a ser una ola verde aplastante. Eso pasó en las elecciones pasadas, que sí era muy fuerte, pero percibo que hay un vacío de candidaturas de gran magnitud. Ni en la izquierda, ni en la derecha, ni en la ultra derecha. Hay como una pérdida de esperanza frente a quién puede regir los destinos del país y eso se refleja enormemente en la abstención. Además creo que, aunque el país no le está prestando atención, hay un desaliento muy grande, porque a pesar de que en varias elecciones ha habido fraude, el de estos últimos comicios fue el tope de todo. Parece que se hubieran hecho unas elecciones para el fraude: quitaron la firma y la huella. A todo el mundo lo cogieron desprevenido y realmente ocurrieron situaciones insólitas.

 

Por eso pienso que la ola verde es más un titular y un color, porque realmente uno estaría esperando que hubieran salido con toda la fuerza en este desastre ambiental en el Casanare, una cosa tan horrorosa que parece apocalíptica, que se fuera a acabar el mundo, y siendo de una base ambientalista creo que nadie ha conocido el pronunciamiento del Partido Verde. Es más, pensaría que los han arrasado los hechos. No creo que tenían dentro de sus cuentas una votación tan importante para la consulta  interna. Uno no sabe si fue una estrategia de los uribistas, si es de los santistas. Nadie sabe qué pasó al no ver una figura prominente de ahí para allá, de Peñalosa haciendo una gran campaña. Gracias a eso salen todas las especulaciones: que Uribe lo va a apoyar después, que Uribe va a buscar si hay segunda vuelta arrasar con las alianzas. De acuerdo con esto, no queda claro por algo que él mismo afirmó, que me pareció muy desafortunado: ‘no soy antisantista, ni antiuribista, pero sí antipetrista, y ese es uno de sus socios.

 

También pienso que el país se quedó esperando las propuestas. Si algo tiene claro la ciudadanía es que se necesita y se quiere la paz. Yo estoy muy preocupada por la posibilidad de que todo este esfuerzo se pierda. Sería algo desastroso para Colombia, para los que hemos puesto toda la carne en el asador a favor de la paz.

 

En conclusión, la sensación que tengo yo, al igual que mucha gente, es que Peñalosa es una carta guardada del uribismo.


C.C.: ¿Cómo tomó la unión, de la única candidatura de izquierda, entre Clara López y Aída Avella para las elecciones del 25 de mayo?


P.C.: A muchos nos tomó desprevenidos. No teníamos ni la menor idea que eso se estuviera cocinando, entre otras cosas porque para personas como yo fue realmente desconcertante y muy lamentable la expulsión del Partido Comunista hecha por el Polo. No le encuentro forma de arreglarlo. Es una derrota del pensamiento expulsar a un partido que lleva tantos años en este país, que ha puesto tantos muertos, que ha sido valeroso en mantenerse siendo comunista en un país que persigue a la gente por eso. Y que el partido que los acogía los haya expulsado, es como tirárselo a los leones, porque es que de mí que diga Londoño lo que quiera, eso es como lo normal, pero que de mí diga lo que quiera un movimiento que se dice de izquierda, de transformación de la sociedad colombiana, de nuevas formas de hacer política, es mucho más delicado que si lo hace la misma derecha.

 

En ese sentido sí me cogió muy desprevenida porque realmente no creo que el poder  lo permita todo. Eso hubiera sido más posible si hubiera habido una mínima preparación hacia la unidad y esta se da en términos electorales, porque nosotros no sabemos cuál es el programa de las dos candidatas. Tampoco creo que la unidad se teja alrededor de unas elecciones, diría uno: esto va hasta el 25 de mayo. Pregunto, se convocaron a otras fuerzas de izquierda del país para tener la posibilidad de discutir y de pensar si esa decisión es la que más nos conviene, si realmente esas es una candidatura que enamora, emociona y excita al país, a mí no me parece.


C.C.: ¿Cuál va ser el papel de Marcha Patriótica en las presidenciales?


P.C.: Marcha Patriótica no va apoyar nada distinto al tema de la paz. No va apoyar candidaturas presidenciales, no va a participar en las elecciones como movimiento de ninguna forma. Lo que propone es un gran acuerdo para planteárselo a quienes son hoy candidatos y candidatas por la paz justa e igualmente quiere proponer una papeleta donde la gente apoye el proceso de paz para que el poder constituyente logre plantear una asamblea nacional constituyente, que entre otras cosas se puede discutir en el Consejo Nacional de Paz que va a poner a caminar el gobierno nacional y donde todas las organizaciones pretendemos participar y quedar ahí. En ese orden de ideas, proponer una gran movilización el 15 de mayo para rodear el proceso de paz.


C.C.: ¿Por qué se percibe cada vez más una izquierda atomizada y disminuida?


P.C.: En la izquierda también hay una crisis de representatividad muy fuerte. Tiene mucho que ver la persecución, el señalamiento, la manipulación de las encuestas, la manera como se ha logrado asesinar, de manera metafórica, el pensamiento diferente. Pongo el ejemplo de la destitución mía, con una sanción de casi 40 años, es una acción que tiene que ver con que ellos consideran que uno podría ser un peligro para la sociedad, luego se da la destitución de una figura como la de Petro. Esto genera que mucha gente no quiere ser de izquierda, no tienen una idea porque en el imaginario de la sociedad izquierda se parece a lo malo, a lo peligroso, a lo que le hace daño a la sociedad, reacciones que se dan porque en Colombia se pudo discutir el estatuto de la oposición, que le hubiera permitido a la sociedad decir que la oposición no es a los puestos, es a la pobreza, la miseria, la falta de derechos, a la inexistencia de la ciudadanía, al respeto por el medio ambiente, a la posibilidad de tener salud y empleo y no a lo que se cree: a que la oposición es estar armado, eso hace mucha mella. Así como hay más una preocupación por la figuración de algunas individualidades, que a la construcción única de una propuesta que le diga a la país que nosotros podemos ser una alternativa. Que nos preocupan los pobres, la injusticia, una sociedad que está inmersa en el feudalismo desde el pensamiento hasta las prácticas. Esa misma sociedad que se derrota permanentemente, que dice acabar el paramilitarismo y hoy se adueñó del país. Lo de Buenaventura, Tumaco y Medellín es eso.

 

Es verdad que tampoco hemos hecho mayor cosa por lograr una unidad, pero tampoco somos una propuesta hacia la paz. Por eso si nosotros estamos proponiendo una asamblea nacional constituyente, tenemos que darnos cuenta que la izquierda también necesita realizar una por dentro.


C.C.: ¿Cuáles serán las consecuencias de lo acontecido con Gustavo Petro y cómo ve los ‘plantones’ que está haciendo por todo el país?


P.C.: Me parece que lo de las giras es una iniciativa positiva. Lo que pasa es que no puede ser algo desodorizado, es decir, que los que vengan a mí no tengan nada que ver con señalamientos, porque el también está señalado. Hay que entender que dentro de la izquierda hay personas buenas y otras menos buenas por su cercanía al proceso de paz. Porque este proceso no puede ser bueno cuando a mí me convenga, entonces yo me acerco y ahí sí no soy de las Farc, pero cuando no estoy os demás son de las Farc. En eso hay que ser mucho más generosos y sobre todo tener muy claro que uno no puede ceder a los caprichos del establecimiento. El establecimiento lo quiere que hagamos la paz que ellos quieren y tiene muchos mecanismos de macartizar, de señalar, de acabar. Una de ellas es diciéndole a todo el mundo ‘el que no piensa como nosotros pertenece al terrorismo’. Entonces los plantones no son buenos ni malos. Lo importante es generar en la sociedad una conciencia clara de la necesidad de la paz y de la de buscar un mecanismo para refrendar los acuerdos que se lleguen, pero en eso hay que detenerse a pensar que lo que no es injusto para mí, puede ser injusto para los demás y mí no me importa. Lo que es injusto para mí tiene que ser injusto para todo el mundo, no en vano a uno sus actuaciones le van dejando huella y se vuelve creíble o menos creíble de acuerdo a como uno actúe en circunstancias similares. Gustavo (Petro) es un gran político, eso es indiscutible, pero debe buscar la manera de ser mucho más generoso en su actuación. Aquí hay mucha gente que está en la capacidad para que podamos, al menos pensar en la posibilidad, de sacar este país adelante. Inclusive con gente que a nosotros no nos gusta, pero piensa que las cosas como están no  van bien, y pueden que no estén en la izquierda, pueden estar en la derecha.


C.C.: El expresidente Uribe, Petro y usted convergen en la idea de una asamblea constituyente, ¿se podría dar un frente común que promueva esta iniciativa?


P.C.: Hay una cosa muy importante: nosotros llevamos 15 meses en el proceso de generar poder constituyente y en la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente hacia una paz justa. Es más, hicimos una publicación de las cien constituyentes que hemos hecho en el país. En ese orden de ideas, estamos tratando de promover un camino que nos conduzca a esa asamblea, que pasa por lograr el acuerdo con los candidatos y candidatas presidenciales para comprometerse a la salida política y negociada del conflicto, cese bilateral del fuego, al estudio de los mecanismos que saquen al país de la miseria y, sobre todo, indiscutiblemente, para mantener este proceso de paz. Es absolutamente importante.

 

Con esto dicho, la propuesta de la papeleta por la paz el 25 de mayo y la construcción del camino hacia la Asamblea Nacional Constituyente, sobre la base de un mecanismo para refrendar los acuerdos que salgan de La Habana y las discusiones que seguramente se van a dar en el Consejo Nacional de Paz.

 

Intuyo que lo que puede estar pensando Uribe es una manera de cambiar el sistema de gobierno, como ya lo ha planteado hacia un régimen parlamentario, que le permita seguramente a él volver a la cabeza de este país. De por sí ya tiene un pedazo importantísimo cuando logró sacar un porcentaje tan alto en el Congreso de la República. Petro está promoviendo ese mismo mecanismo, no tengo idea en qué consiste. Pienso que habrá momentos en los que podemos coincidir en los contenidos de la propuesta, pero para nosotros la base de esa Asamblea Nacional Constituyente pasa por la salida política y negociada del conflicto. Eso es una gran diferencia frente a las propuestas del doctor Uribe Vélez.


C.C.: El proceso de La Habana parece estar avanzando de manera nunca antes vista, pero ¿de qué manera pueden repercutir en la confianza del país las recientes acciones barbáricas de las Farc con las negociaciones en Cuba?


P.C.: Lo de los dos policías es tan execrable que no resiste ninguna argumentación para defenderlo. Es algo tan absolutamente rechazable, tan duro, tan doloroso, como muchas de las cosas que hacen con los campesinos desde el lado del Ejército, de las Fuerzas Militares, para justificar supuestamente que pertenecen al terrorismo y hay que acabarlos. Lo que pienso es que eso es una gran consecuencia de negociar en medio de la guerra. Por eso repito: están encarcelados en sus propias reglas. El Presidente debería tener claro que eso le está haciendo más daño al proceso ante la sociedad. El proceso tiene muchísimos detractores: unos que son negociantes de la guerra, otros de oficio, además los que se generan por la no claridad de la sociedad de para qué es la paz o si vale la pena.

 

En conclusión, todo eso que sigue pasando, es lo que justifica que se acabe la guerra. Esta es una sociedad absolutamente premoderna, que le está dando elementos de justificación a que la gente resuelva los problemas por su propia mano. La gente aquí en Colombia perdió el horizonte de que vale la pena ser bueno, que ser decente es importante, que los valores hay que respetarlos, que las normas están para dirimir los conflictos y que hablar vale la pena.


C.C.: ¿Cómo se puede tomar la llegada del expresidente Uribe al Congreso junto a sus senadores del Centro Democrático?


P.C.: Esos senadores representan un sector de la sociedad colombiana. Es la verdad, llegaron allá. Unos dicen que se robaron las elecciones pero no se ha demostrado, mientras tanto ganaron las elecciones, esas personas votaron por ellos y eso lo que está expresando el guarismo electoral que le permite tener los casi 20 senadores.

 

Hay un sector que los representa, que está contento con que la salida sea la guerra y que además, a pesar de que somos el país con peores cifras en educación, salud, empleo, de la concentración de la riqueza, que  repito que es lo que ellos representan, pues hay una porción de Colombia que votó por ellos, ahí no hay nada más que hacer.


C.C.: Con la posibilidad de un segundo gran paro nacional agrario ¿Qué podrían generar estas movilizaciones en las transformaciones de campo colombiano?


P.C.: Antes del paro hay algo muy importante: la Cumbre Agraria. Esta se va a reunir con el presidente Santos y la Mesa Rural. Eso le puede generar una dinámica diferente a la posibilidad del paro.

 

Por otra parte, no creo que el presidente anterior tenga tanto derecho en hablar de lo mal que está el agro. Lo digo porque está promoviendo el paro de otra manera. Parte de la crisis del campo tiene que ver mucho con él, con sus políticas y sus decisiones, con las concesiones mineras que le entregó de manera vulgar a multinacionales y sobre todo a la fuerza, con lo que coincide con el presidente actual, a lo que tiene que ver con los TLC.

 

La discusión que hay, desde la alternatividad de esta país, desde la Cumbre Agraria, MIA, el mismo Congreso de los Pueblos, tiene que ver con una visión de cambio estructural frente al campo, no solamente lo agrario sino el mundo rural en sí mismo, la pobreza que hay en el campo, el desempleo, la falta de salud, son condiciones de una esclavización total.


C.C.: En esos encuentros con el Presidente y el trabajo conjunto que se pretende realizar ¿Cómo ha sido el papel del ministro de Agricultura?


P.C.: Es un ‘petardo’. Creo que el Presidente debería hacer dos cambios fundamentales: ministro de Agricultura y de Defensa. Uno no puede poner a Drácula a dirigir un banco de Sangre. El ministro Lizarralde tiene muchísimos intereses en su sector y una de las contradicciones más profundas que tiene este país son los cultivos de palma africana, además van sucedidos de cualquier cantidad de masacres, desapariciones, señalamientos y sobre todo desplazamiento de la gente del campo por unos cultivos extensivos que no generan mano de obra ni empleo, pero sí se queda con toda el agua de la gente de las regiones en donde está.

 

No creo que no pueda participar, ni opinar, pero sí creo que tiene intereses muy amarrados a su sector que no lo dejan plantearse como un ministro de Agricultura como tal, es más consolida al gobierno como uno corporacionista: legisla para sus intereses y no para el de los campesinos.

 

Lo que le criticaron con Agro Ingreso seguro al expresidente Uribe, que además no fue una crítica sino algo desatrozo, es lo mismo que está haciendo este señor pero de otra manera.


C.C.: ¿Cuál es el futuro de las Zonas de Reserva Campesina, cómo ve que el gobierno viene manejando las establecidas y las que están a punto de consolidarse?


P.C.: La gente tiene que tener claro que esa ley no es una propuesta ni de las Farc, ni del gobierno de Santos. Es una ley del gobierno de Samper que venía del de Gaviria y que fue además estudiada por personas como el doctor Fajardo y no simplemente por unos charlatanes. Además no fue una propuesta de la guerrilla sino de los mismos campesinos que tiene que ver con las movilizaciones cocaleras de la época que fueron impresionantes.

 

Esta ley permite elevar lo relacionado con la economía campesina y relevar la manera cómo los campesinos y campesinas han pensado en la soberanía y seguridad alimentaria: no comer lo que nos impongan sino lo que producimos y lo que somos capaces de producir. Me parece que estas zonas no hay que salvarlas porque sea parte del proceso de paz sino por ser parte de las necesidades que tiene Colombia.


C.C.: ¿Cómo ha manejado Nicolás Maduro el problema de los estudiantes venezolanos?


P.C.: Yo no podría decirlo directamente porque qué le voy a creer a los medios de comunicación, qué me voy a poner a decir que todo lo que sale es verdad si fueron capaces de mostrar en Libia manifestaciones de Afganistán. Entonces son unos medios de comunicación al servicio de dos elementos que caracterizan la globalización: la militarización, es decir, no estados donde hay militares sino militares que se adueñaron de estados y las corporaciones financieras que tienen muchos intereses en esos países, desestabilizan.  Como misiles tiene a los medios de comunicación, desinformando. Yo conozco a Nicolás Maduro, no como presidente sino como persona, por eso creo que es incapaz de violentar a los estudiantes o de violarles sus Derechos Humanos cuando en Venezuela la educación es gratuita, desde que se nace hasta que se termina la universidad, y no creo que él sea la persona que va a matar un montón de estudiantes simple y llanamente porque se opongan a su gobierno, ojalá lo hagan libre y autónomamente.