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Pecando y rezando en el Vaticano

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A tan solo unos días de la despedida de Benedicto XVI como sumo pontífice de la Iglesia Católica, los escándalos relacionados con curas pederastas y corrupciones en el Vaticano vuelven a plantear las razones por las cuales el vicario alemán renunció a la más alta vocación de dicha institución religiosa.

Por un lado los casos de curas pederastas que han rebajado la reputación de la Iglesia católica por su contínuo hermetismo –y hasta proteccionismo-, con los sacerdotes implicados y por el otro, la corrupción moral y económica de los miembros de la curia romana, que justo salen a flote en un momento de gran tensión para el Vaticano.

 

Desde 1415 cuando Gregorio XII renunció por cuenta de las presiones del emperador Segismundo en el llamado, “Cisma de Occidente”, no se había presentado una renuncia por parte de un sumo pontífice y las razones por las cuales Benedicto XVI renuncia a los privilegios papales son especulaciones que aun no tienen pruebas solidas.

 

Sin embargo, el diario La Repubblica de Italia, reveló que existe un informe secreto sobre el famoso escándalo de los Vatileaks, encargado por Joseph Ratzinger a tres cardenales octogenarios de su mayor confianza, en el que se confirma con nombres propios y supuestas pruebas, como destacados miembros de la jerarquía vaticana  están implicados en luchas por el poder, el dinero y el sexo.

 

De acuerdo con el periódico itálico, la fuente conocedora del informe refiere que, “todo gira en torno al sexto y al séptimo mandamiento”, dando a entender que los casos de “actos impuros” y el “robo” son lo más frecuente dentro de la estructura vaticana.

 

El supuesto informe realizado por los cardenales Jozef Tomko, Salvatore De Giorgi y Julián Herranz, fue el determinante de la renuncia del Papa, quien según el diario, está guardado para recibir al nuevo pontífice quien deberá hacer frente a dichos escándalos.

 

Entre otros contenidos, el informe revela cómo el Vaticano “se organiza como un articulado de distintas congregaciones religiosas o de su lugar de procedencia, pero también de sus apetencias sexuales”, confirma el diario. Según la investigación, altos jerarcas de la Iglesia podrían estar siendo víctimas

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de chantaje por cuenta de “sus vínculos de naturaleza mundana”, o sea, por su relación con los bajos fondos.

 

El diario también hace referencia a un escándalo del 2010, que hundió al entonces presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas y gentilhombre del Papa, Angelo Balducci de 65 años, quien se encontraba bajo investigación por presuntos casos de corrupción. La sorpresa fue doble al encontrar pruebas vinculantes con los delitos económicos y también con registros que revelaban que utilizaba los servicios de un cantor de la capilla Giulia de la basílica de San Pedro, para contratar los servicios sexuales de hombres jóvenes.

 

Pero el más vergonzoso de los escándalos, el relacionado con los casos de pederastia, también se vincula a las posibles razones por las cuales Benedicto renunció. La dura polémica sobre si los cardenales sospechosos de haber ocultado los actos de pederastia deberían abstenerse de participar en el cónclave no hace más que crecer.

 

Los implicados iniciaron con el cardenal Roger Mahony, acusado de encubrir durante 26 años a 129 sacerdotes acusados de abusos a menores de edad, mientras fue el responsable de la diócesis de Los Ángeles. Luego fueron conociéndose uno a uno, los demás jerarcas del Vaticano que han protegido a otros curas pervertidos. Entre estos también se encuentran Sean Brady, Cardenal Primado de Irlanda y el Cardenal belga  Godfried Danneels, el estadounidense Justin Francis Rigali, el australiano George Pell, el mexicano Norberto Rivera Carrera, el polaco Stanislaw Dziwisz y el argentino Leonardo Sandri, quienes sometieron a las víctimas a la indiferencia y los agravios.

 

Especulaciones o verdades, lo cierto es que en su momento más fuerte, los escándalos que Benedicto no supo resolver durante su papado, son los mismos que le anuncian su despedida.

 

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