Nos acostumbramos a la corrupción

Han pasado 201 años y Colombia no se ha librado del yugo de la corrupción. Hoy es un quiste maligno que parece no tener cura posible.2011-07-19 Los colombianos han asumido que la cultura del engaño es algo natural en su idiosincrasia. En más de 200 años de historia, los hechos de corrupción han generado desconfianza en las instituciones, en los políticos, en los gobernantes y hasta en el mismo Estado.

La corrupción nace de la ambición de poder y de dinero. Y en el caso de Colombia, ha permeado no solo a los sectores más influyentes sino a los más vulnerables. El bolsillo del ciudadano se desangra porque es el que paga las grandes estafas que realizan los deshonestos.

La historia del país parece hacerle el quite a la lucha contra este flagelo. Escandalosos hechos de corrupción continúan sorprendiendo al país y con vergüenza, a la comunidad internacional. El temor a denunciar se apoderó de los colombianos y se mira el toro desde la barrera. El miedo se ha convertido en el gran escudo de este delito.

Los años de indolencia nos están cobrando la factura. El robo han cogido ventaja y es difícil que después de cientos de años se recupere la confianza.

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Consecutivos robos y desfalcos a la Nación hacen imposible calcular cuánto dinero se han robado los corruptos.

Varios hechos de corrupción siguen marcando la historia del país de manera creciente. Los más recientes: el carrusel de la contratación, que deja actualmente pérdidas superiores a los 2 billones de pesos. La salud, en lo que se conoce, deja un desfalco al fisco del orden de los 4 billones de pesos. La educación, ya supera un fraude de $36 mil millones de pesos.

No menos bochornoso es el caso de Agro Ingreso Seguro, a través del cual se otorgaron recursos a hacendados y familias adineradas por más de $4.532 millones, cuando su objetivo era el de beneficiar a pequeños y medianos productores.

Los recientes destapes muestran que la corrupción parece haberse incrustado en las venas de algunos políticos y en una acción inherente a su función social. No en vano, los colombianos relacionan la actividad política con actos de corrupción.

Colombia padece de una enfermedad que tiende a empeorar con el pasar de los años. Es un dolor de cabeza convertido en migraña, es algo de nunca acabar.

El Estado ha crecido a niveles donde los organismos de control se quedaron cortos en el cubrimiento del manejo de recursos públicos.

Colombia tendrá un segundo día de independencia cuando todas las entidades del Estado estén libres de corruptos. Ese día, seguramente, un nuevo día de independencia.