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Nadie para a Zidane: el Madrid logra los 40 partidos invicto

 

El Real Madrid de Zidane rompe el récord que tenía su archirrival, el Barcelona, como el club español con más partidos invictos, estableciendo la nueva cifra en 40 encuentros. Un Sevilla muy superior amenazó en muchos momentos del juego con poner en peligro la amplia ventaja de los merengues, pero ni siquiera con un gran trabajo pudieron poner fin a la racha del entrenador francés. (3-3)

“Zidane no tiene una flor, tiene el jardín de Ramos”, acuñó de el diario español Marca hace unas semanas refiriéndose a los cabezazos salvadores del defensa merengue que se han hecho costumbre en los minutos finales si el Madrid necesita un gol. El término ‘tener flor’ -expresión española para describir a quien tiene una suerte infinita- se refiere también al invicto de Madrid de Zidane, que no pierde un encuentro desde el pasado 6 de abril.

 

Con 39 partidos invicto igualaba la mejor racha de un club español en posesión hasta el momento de su rival directo Barcelona. Solo un último escollo faltaba para derribar el récord de los blaugrana y delante tenía a un Sevilla que venía con el cuchillo entre los dientes dispuesto a remontar la eliminatoria. No se podía plantear partido más propicio para que se pusiera fin a caminata triunfal del Madrid.

 

Y no se puede decir que el Sevilla no haya puesto todo su empeño por lograrlo. De hecho mereció salir al menos victorioso del encuentro en su campo. Pero ni siquiera la rabia de Nervión pudo con la suerte de Zidane. No ha existido y difícilmente existirá un entrenador tan bendecido por el dios del fútbol. Cuando ya todos daban por firmada la victoria por la mínima del Sevilla -merengues y sevillistas-, apareció Karim como el perfecto escudero del francés para brindarle a su jefe un récord que rebate todas las críticas. Guste o no, los 40 partidos invicto de Zidane no tienen discusión. Está tocado por el de arriba.

 

Desde el arranque el Sevilla buscó sorprender a un Madrid con su cara secundaria. También los andaluces sacaron a los menos habituales, pero con las ideas bastantes más claras que su rival. Con balones en largo para buscar la segunda jugada y una intensidad revolucionada, pusieron en jaque la cómoda ventaja con la que los blancos se plantaron en el Pizjuán. 

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No faltó la Danilada de turno con un gol en propia puerta del errático lateral brasileño. El único blooper de Florentino en los últimos años se confundió de portería y remató hacia su propio arco un centro envenenado de Sarabia. Danilo fue la peor cara de los blancos sobre el campo, pero sus compañeros tampoco hicieron mucho por mostrar una mejor imagen. El confort del resultado de la ida engañó a los de Zidane. En el Pizjuán sufrieron un bombardeo que inexplicable el resultado final.

 

Los de Sampaoli tuvieron un discurso muy digno y fueron superiores en todos los aspectos. Volcados en el área contraria, ellos mismos fueron los primeros sorprendidos de la remada a contracorriente que ejerció el Real. De a pocos, como una hormiga, fueron armándose la mano inesperada para llevarse el bote ganador. Asensio fue el primer ‘as’ del trío de goles. Se marcó una galopada gigantesca de 70 metros aprovechando la autopista que se encontró a la contra y se quedó con el aliento suficiente para aguantar el embiste de Vietto y batir a Soria ya casi sin fuerzas.

 

El Real se volvió a relajar y ni siquiera Casilla pudo aguantar el cañoneo de los sevillistas. El arquero blanco sostuvo a los suyos con paradas brillantes, pero entre tanto misil del rival falló en el tercer tanto, donde Ben Yedder se aprovechó de su ingenuidad y la de Nacho. Antes Jovetic había puesto el segundo del local -destacándose también con un tanto en su debut en España-.

 

Crecía el nerviosismo en los merengues y el invicto ya se daba por perdido. Y en estas, apareció el aura mágica de Zidane para cambiar el destino y brindarle un récord histórico. Ramos, con una panenka maravillosa, le señalaba su nombre a su antigua afición. Y Benzemá, ya con el tiempo casi consumido, realizaba otra obra maestra con una jugada al alcance solo de su nivel, dejando atrás cuanto enemigo le salía en su camino. El Pizjuán se quedó mudo, anonadado después de su gran trabajo. El domingo tendrán su revancha en Liga y la posibilidad de nuevo de derribar un invicto de Zidane que sobrepasa las leyes del fútbol.

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