Millonarios entra en depresión y Junior se resiste

 

El Tiburón mantiene viva la llama de entrar a los ocho gracias a los goles de Vladimir Hernández y Rangel. Los azules entran en barrena y se complican la vida para las últimas dos finales que están obligados a ganar.

Millonarios vivió una nueva noche apática en la que dejó escapar otra buena oportunidad para meterse dentro de los ocho. Un Junior superior en la mayor parte de tramos de juego liquidó al embajador en el estadio Metropolitano. Los de Giovanni Hernández, por juego y convicción, se llevan una justa victoria que les permite todavía luchar por el sueño de clasificarse.

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Fue una nueva noche en la que Vikonis volvió a ser el héroe de los suyos. Sus atajadas salvaron a Millonarios de una goleada mayor. Desde el minuto dos comenzó su pesadilla. Vladimir Hernández anotaba desde fuera del área tras recoger un rechazo en la frontal del área. Vikonis solo pudo sacar el balón del fondo de las mallas.

 

Con el Junior volcado llegó la esperanza para los azules. En la única ocasión que tuvieron acertaron, cosa que no hizo el Tiburón para corroborar su superioridad. Ayron del Valle ponía las tablas tras batir a Sebastián Viera. Pero la alegría le duró menos que el gozo del sueldo al final de mes. Poco después tocaba pagar las facturas, expedidas por un Michael Rangel que hacía valer la ley del ex y anotaba ante su antiguo compañero Vikonis.

 

En la segunda mitad Junior prosiguió con su dominio. Millonarios intentó despertar por momentos pero sus ataques tuvieron la misma timidez que un recién llegado a la universidad. Los de Cocca nunca dieron con la tecla para penetrar en la defensa del Junior. Y a falta de tres minutos Pedro Franco completaba la calamitosa noche haciéndose expulsar por doble amarilla. 

 

La victoria permite al Junior mantener viva la llama de la clasificación a los ocho, décimocuarto con 21 puntos y aún con un partido por jugar. Quien no puede volver con la misma esperanza es Millonarios. Sus dos últimas derrotas dejan un cuncho demasiado amargo. Demasiado pesimismo para afrontar las últimas dos finales que están obligados a ganar.