Mi voto por la paz y por las victimas

No es esta la columna de un equilibrista que se inclina a un lado o a otro según la orientación del viento. Tampoco hace eco de las encuestas que quedarán mal este domingo. Como siempre ha sido mi postura, con convicción votaré por la paz y por la paz que Santos empezó a elaborar en su cosmovisión hace muchos años, y cuando llegó a la presidencia empezó a materializar con prudencia, buen método y poniendo sobre la mesa los puntos justos para que sea posible. [Opinión]

Así hemos avanzado en estos cuatro años en medio de la más infame e inhumana campaña para desprestigiar el proceso, de calumniarlo sin rubor y sin alma como si seres humanos no estuvieran en la mitad, vidas que se fueron y vidas que sobreviven con dolor y tristeza sin saber las más de las veces por qué se llevaron a sus seres queridos (ricos y pobres), y por qué algún día se vieron obligados a engrosar y alargar las columnas de millones de [email protected] humildes a quienes los despojaron de todo para robarles un pedazo de tierra, desprotegidos del estado, desamparados no pocas veces de las fuerzas de seguridad de la nación, inclusive, a veces traicionados por estas dada su complicidad con las bandas paramilitares, el narcotráfico y con latifundistas avaros y premodernos.

La guerra de Colombia, como todas las guerras, se va degradando en la medida que pasa el tiempo. La eterna y solapada violencia de Colombia llegó a límites de locura selectiva y de indolencia ciudadana colectiva una vez las FARC fueron relegadas a los límites de las selvas. Es la insolaridad después de 50 años de demencia.


La paz está cerca porque las víctimas y la verdad están en el centro de las negociaciones

Nunca he dudado que esta vez la paz es posible. Así está ocurriendo, pues ya han suscritos tres de los cinco puntos acordados. Y los otros dos avanzan de manera simultánea. Se ha logrado un preacuerdo para reconocer las víctimas y elaborar la verdad de por qué la barbarie se desató en esta tierra de todos los verdes. Este es el punto principal de esta negociación, las personas, los demás son temas importantes pero el de las víctimas está por encima porque sin catarsis colectiva no es posible dejar atrás los odios, ni es posible que el perdón y la reconciliación lleguen, ni es posible hacer las reformas para que el campo sea tranquilo y próspero, ni es posible que las ciudades no sean receptoras de millones de víctimas despojadas de todo, ni será posible evitar que la participación política y la entrega de las armas de la insurgencia ponga fin a nuevos ciclos de violencia.

Este punto de la reparación y de la verdad no será fácil y por tanto no se resolverá de un día para otro. Porque la guerra ha sido larga y ha cobijado generaciones de generaciones algunas de las cuales ya no están, y por tanto hay preguntas que quedarán sin respuesta y habrá respuestas que no habrá quien las escuche. Se dirán muchas verdades, pero otras no serán abordadas porque la verdad de lo que ocurrió en este medio siglo, no la tienen solo las FARC, también agentes del estado, civiles y bandas criminales, que poco dirán. Pero también porque habrá una dosis de impunidad, entre otras razones porque los patrones de esa violencia andan por ahí: nunca se ha sabido qué empresarios estaban detrás de los paras, solo rumores; ni que agentes gubernamentales también fueron cómplices, solo unos cuantos militares y unos políticos de la saga de Uribe.

El problema de una sociedad inequitativa, poco incluyente y discriminatoria, hace que solo unas víctimas, las que ostentan poder son las que tienen eco en los medios. Pero las victimas pobres se ponen en una misma caja, en un sola fila, en una sola foto, porque juntos no pueden pagar ni un aviso de prensa. Son víctimas iguales, los ricos sienten dolor y sufren como los pobres, los pobres lloran y sufren como los ricos, porque ambos son seres humanos, ciudadanos, así los que discriminan consideren que son seres superiores y por eso abusan del estado y de los humanos, pues son “elegidos” de Dios. Tamaña estupidez ha rondado en su cabeza por eso la locura se ensañó en este pedazo del mundo, y por eso la locura también los atravesó para reproducir más y más locura.


Mi voto por Santos

Solo hay una propuesta de paz verdadera, la del presidente candidato. La otra, la de la paz con guerra, la de Zuluaga, tiene tantos condicionamientos que es igual a suspender las negociaciones y dejar que sigan hablando los fusiles. Ha dicho Zuluaga ante los medios que no aceptará lo acordado, por lo tanto el gran trabajo liderado por Santos y conducido por Humberto de la Calle y su equipo negociador, será desconocido y el equipo desmantelado, solo por la ceguera de hacer la paz con más guerra.

Fue suficiente que en La Habana se hubiera llegado a un preacuerdo para reparar a las víctimas y conocer la verdad de tantos silencios, para que la furia hubiera reflotado en su máxima espiral en las palabras de Zuluaga y de Uribe. Actitud mezquina, en vez de alegrarse porque se pondrá fin al sufrimiento de [email protected] y porque alguna verdad se sabrá. Mezquindad, porque debieron aceptar este triunfo humanitario para decir como harán un país luego de la guerra, pero no, para ellos la violencia no debe tener fin porque la venganza no puede parar.

A los del voto en blanco y a los que invitan a la abstención, no es hora de discutir si Santos y Zuluaga son lo mismo, si Santos no fue mejor presidente, si uno y otro no proponen los cambios que Colombia requiere. Por falta de esos cambios es que la guerra se ensañó contra su gente, y por culpa de la guerra murieron los líderes que hubieran hecho de Colombia un país diferente. No es hora de votar por la indignación en contra de los partidos de siempre, porque esa indignación se está tornando contra la paz, y no hay cambio más importante que la reconciliación. Nunca había escuchado tanta insensatez para justificar el voto en blanco o para invitar a no votar. Pero aún es tiempo para rectificar.

Las víctimas también tienen la palabra este 15 de junio. Si quieren enterrar sus recuerdos y si no quieren saber la verdad, su adolorida indiferencia con los suyos los atormentará siempre, y miles y miles de otros colombianos se sumarán a su tristeza. Las víctimas deben expresarse en las urnas para que sean escuchadas, reparadas y vuelvan a sonreír.

Votaré por Santos porque el proceso de paz está tan avanzado que es irreversible. Porque ningún [email protected] se merece otros cincuenta años de barbaridad. Seguro que el domingo ganará la sensatez. Luego habrá tiempo para que todos hagamos los cambios que una Colombia en paz necesita.

Esneyder Negrete - @esnegrete

Comunicador Social – Periodista egresado del Politécnico Grancolombiano de Bogotá, escribo sobre política, Derechos Humanos, conflicto armado, entre otros temas. Llevo cinco años vinculado a Confidencial Colombia.

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