Luis Luna Maldonado el colombiano que gano el Premio Clarin a mejor novela

Luis Luna Maldonado de Pamplona, Norte de Santander, radicado en Barcelona, publicista y artista plástico, fue el ganador del premio otorgado por el periódico el Clarín de Argentina a mejor novela con ‘Aquí solo regalan Perejil’, historia donde se desarrollan de manera marcada los flagelos de la inmigración y contrabando.

 

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El escrito cuenta la historia de Abilio Ayala, un soñador colombiano que recurre al contrabando como principal fuente de ingresos, con el objetivo de ahorrar y viajar a Barcelona donde cree que podrá tener una mejor vida. La narración alude a distintas vicisitudes relacionadas con el conflicto social del país, pero exactamente con la migración y contrabando.

 

Confidencial Colombia habló con Luis acerca de su libro y el galardón:

 

En la literatura colombiana el narcotráfico o explotación en las caucheras están más desarrolladas ¿Qué lo movió a enfocarse en el contrabando que siempre ha estado vigente en la actividad ilegal?

 

En la frontera con Venezuela siempre ha estado vigente el contrabando. Incluso era una práctica que escuché de pequeño y nuestras familias hacían mercados con productos de la canasta y bienes suntuarios que eran permitidos, pero se escuchaba del tráfico del café, reses, electrodomésticos a gran escala y para la historia fue un tema que en Colombia no ha sido tocado. Además, es un buen pretexto para este joven de buscar dinero fácil, rápido y con pocos riesgos para cumplir su sueño de ir a España a buscar un futuro incierto.

 

¿Esa necesidad del personaje principal del libro de irse a Barcelona a buscar mejor suerte está ligada a algún aspecto personal o como tal es el espíritu aventurero del colombiano?

 

No hay una relación directa. La realidad de Abilio es distinta, hay quien migra por necesidad, capricho, ilusión, presiones, amenazas… Todo responde a imanes, es como cuando la primera paloma que llega al parque por un puñado de arroz, las demás llegan. En este caso Abilio decide, además de querer ir de pequeño a España, el hermano tiene un amigo allí que lo acoge y es el principio de la historia, pero no, no guarda ninguna relación conmigo, aunque algunas cosas que dice él las podría pensar yo.

 

En ‘Hot Sur’, Laura Restrepo plantea la temática de la desilusión del colombiano por buscar sus sueños en el exterior como también usted lo aborda ¿Se ha quedado con el imaginario de experiencia vivida como migrante o habló con más migrantes para construir los personajes?

 

Guardando la proporción (con Laura R.), mi historia es esa, la de migrantes que van con la ilusión de alcanzar un sueño y se chocan con la realidad que es una mala fotocopia de lo que se ha dejado atrás, una cultura que se espera sea muy similar, pero no es así. En el trabajo de campo fui a 5 consulados en Barcelona, y como cualquier parroquiano, fingí hacer un trámite y me puse a escuchar a la gente. Sus historias, sus encontrones, rechazos, añoranzas, ilusiones y desventuras me dio alguna certeza de lo que quería contar a través del personaje.

 

En su tierra últimamente han denunciado muchas quejas por el éxodo de venezolanos por la frontera ¿Cuál cree que es el mejor antídoto contra la xenofobia?

 

A mi ciudad llegan muchos venezolanos en condiciones distintas a las que llegaban años atrás, que la gente llegaba a estudiar o a vivir otra cosa. Hoy llegan por un porvenir o para escapar de su realidad y encontrarse con otra. Con respecto a la xenofobia, que supongo la hay, igual sucedió con el colombiano que se fue para Venezuela hace unos años. Más que un antídoto, lo que hay que hacer es educar y educarse para llegar y recibir, es una variable de la inmigración. En Barcelona se nota la llegada de mucha gente de Venezuela que antes no se sentía, hoy hay más arepas venezolanas. Es lamentable y espero que haya algún reverso. Igualmente, en España se vive lo mismo con la gente que viene de Siria.

 

¿Cree que la problemática de conseguir plata rápido y fácil es un lío de la cultura colombiana o se da también en otros países?

 

La última generación que estuvo envuelta en el narcotráfico acudió a subir las escaleras de 3 en 3 para lograr sus sueños de obtener dinero fácil con una ganancia proporcional. No es un gen colombiano expresamente, pero los fenómenos han llevado a mucha gente a buscar una oportunidad de esa manera.

 

¿Cuáles bases tiene marcadas en su estilo de escribir o qué escritores son los que más admira?

 

En el ejercicio de escribir en publicidad, cartas de amor o ficción, uno va encontrando su voz y a medida que lo hace se reconoce. Uno toma elementos de lo que ha leído y sin querer eso se filtra y uno toma lo que le conmueve. Escritores como Rulfo, Sábato, Borges, Germán Espinosa, Gabo, Vargas llosa, Cortázar, Bolaño, Laura Restrepo, Vallejo, Kundera y hablé de latinos, pero hay de otras latitudes… clásicos, aunque no todos. Y me gusta en especial Rulfo por despejar la neblina en el ejercicio de escribir, a Cortázar por el crisol, Vallejo por vértigo, Bolaño por tomar oscuridad y fracasos, unos buenos y otros malos que nos ayudan a buscar nuestro túnel.

 

¿Qué tan difícil puede llegar a ser ese cambio de roles de artista plástico a escritor?

 

Siempre he estado ligado a la palabra a partir de la publicidad, de ahí viene el rigor por encontrar la palabra precisa y lo que deja el ejercicio publicitario. Luego del Papel Higiénico Ilustrado, un periódico netamente cultural que hice en Pamplona y Barcelona, nace el germen de escribir literatura. Es mi vida paralela del arte y las letras, donde soy un completo entrometido.

 

¿Ha intentado publicar algún escrito en Colombia?


Toqué puertas con un libro de relatos y las puertas no se abrieron. Con el material en mano decidí publicarlos yo mismo. Entonces con familiares, amigos de mis amigos y otras aves pude hacerlo público. Se presentó en Barcelona, en Bogotá y Pamplona, una tirada corta, pero con buena acogida. También el Papel Higiénico Ilustrado, se hicieron 100 números y ahí lo concluí. Lo compilé en fotos y lo volví libro. Antes de ganarnos un premio nos toca autopublicarnos, lo que no les gusta a los editores y todo eso va cambiando porque parece que el que manda hoy es el lector.

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