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Los “9 pecados capitales” de las dietas

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Una obsesión nos persigue a las mujeres desde el principio de los tiempos. Y no son los hombres, es ser flacas, o lo que es igual,  perder peso. ¿Por qué creen que Eva fue castigada cuando comió del fruto prohibido? ¡Porque estaba a dieta! Por eso hablamos de pecar cuando comemos de más.

Los pecados más importantes en la vida de una mujer del siglo XXI son los que cometemos cuando decidimos hacer una dieta. Estos son los 9 pecados capitales de las dietas o las razones por las que las mujeres desertamos un plan alimenticio, hechas por confesiones de una mujer experta en dietas Medifast.

 

Pecado 1: El hambre araña

No nos digamos mentiras; la gente no es solidaria con alguien que hace dieta. Comen chocolates, grasas o gaseosas frente a uno, sin la menor consideración. Y eso, genera ansiedad. Hay una enfermedad que impide a muchos hacer dieta… Se llama hambre.

 

Pecado 2: Paseo mordelón

Después del hambre no hay nada que amenace más una dieta que lo que le ha llenado los bolsillos a Dago García: los paseos. Ya sean de placer o de negocios.

Uno pasea para desordenarse. Para excederse, para no andar midiendo calorías. Y mucho menos, para cocinar. Mejor dicho, un paseo es la criptonita de las dietas. Acaba con cualquier régimen alimenticio. Si uno va por carretera, está perdida.

 

Pecado 3: El “yo con yo”

También conocido como “La soledad de la dieta”. Entre todo el grupo de amigas, sólo una hace dieta: los demás no la hacen y no la entienden, ni respaldan. Comen sin medida frente a la valiente. Además, si recurre a una nutricionista, lo único que recibe es una lista de alimentos que debe cumplir al pie de la letra y sólo un mes después le hace un control solo para regañar. 

 

Pecado 4: Desear el plato del prójimo

Ver comer rico a los demás (en restaurantes, en cenas familiares o en almuerzos de trabajo) mientras uno se toma un batido, o unas pastillas, acompañadas de una montaña de “pasto” que no llena. Eso más que un pecado es una tortura. Y caer en la tentación de probar, la popular antojada, es el fin de cualquier dieta.

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Pecado 5: Dulce menú mío

Si el chocolate fuera ilegal, no habría sólo una calle del cartucho sino toda una ciudad. Los titulares de los periódicos cambiarían: Cae jefe del cartel de chocolate. Encuentran caleta de chocolate en submarino artesanal. Capturada red de dealers de chocolates en la zona T; camuflaban la mercancía entre paquetes de cigarrillos de marihuana. En fin. Tal vez lo único que no habría es mulas de chocolate.

 

Pecado 6: Bati-aburrida

¿Reemplazar un desayuno bien trancado, o una punta de anca asada o dos rollos de sushi, por un batido de vainilla? ¿Tres veces al día? Están locos!  Esa monotonía termina cansando a la más comprometida. ¿Y qué me dicen de las dietas basadas en pastillas?… Es como hacer dieta en un hospital…  ¿O de las fajas? Es como estar enyesada.

 

Pecado 7: La Maluquera

Si hay algo peor que estar pasada de kilos es estar enferma. Algunas dietas o regímenes alimenticios producen mareos, diarrea, estreñimiento, dolor de cabeza. Las pastillas, el té ya sea chino o hindú, las semillas de donde sean… Mejor dicho, el remedio para la gordura resulta peor que la enfermedad.

 

Pecado 8: Miradas que matan

Cuando uno está a dieta las miradas cambian.  Todos te miran con lástima. Algunas “amigas” nos tratan como si la gordura fuera contagiosa. Comienzan a hablar en voz baja y en corrillo. Es como si uno hubiera cometido un delito. Oímos frases como “¿Y tú si puedes comer eso?”, Nos vemos cuando rompas la dieta. Usted sí vive haciendo dietas. ¿Pero si has bajado?”…

 

Pecado 9: La relación bipolar con la pesa

Este es el peor pecado de todos. El que acaba con cualquier dieta en segundos. Y empieza, como con la llegada a la Luna, con un simple paso para la mujer. Subirse a la pesa. Y comprobar, con un vacío en el estómago, que no hemos bajado ni un gramo. O aún peor, que hemos subido un kilo o más. La relación entre una mujer y su pesa es algo que los sicólogos deberían estudiar más. Es una relación bipolar. Mejor dicho, la pesa se convierte en el espejito de la madrastra de Cenicienta. Y al final, cuando se sube y pregunta “¿cuál es la mujer más delgada del bosque?”, entonces mira el resultado, monta en cólera, y condena a la basura a su nueva víctima. Y adiós pesa y adiós dieta.

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