Las mil caras de la decepción

Puede ser que alguien a quien considerábamos nuestro mejor amigo nos traicione o que un familiar nos dé la espalda cuando más lo necesitamos. Cuando el desencanto llega, algo parece romperse dentro de nosotros. La vida está llena de momentos decepcionantes, pero siempre hay alguna forma de superarlos.

A lo largo de la vida tendremos que sobrellevar situaciones de amor y desamor, para superar estas etapas y aprender a cerrar ciclos, lo importantes es ser consientes de quiénes están a nuestro lado y qué nos brindará cada personas que aparezca en nuestras vidas.

 

“Antes de esperar algo de alguien, hay que darse cuenta de cómo es. A veces pedimos peras al olmo. Esperamos de la gente cosas que no tiene capacidad para darnos, que no le hemos expresado o que hemos hablado a medias”, explica la psicóloga clínica Marga García.

 

Para no sufrir decepciones esta experta en crecimiento personal aconseja “repasar el pasado de una persona para ver como se ha comportado ante ciertas situaciones y tener pistas fiables respecto de sus posibles reacciones futuras”. 

 

Según el psicólogo clínico estadounidense Michael Yapko, “cuánto más rígida sea la gente respecto de su concepción del mundo, más probabilidades tiene de sentirse decepcionada, dolida y desilusionada, cuando éste no responde como se espera”. 

Amorosas, familiares, de amistad, la existencia nos depara diversos tipos decepciones, pero todas esas situaciones en las que sufrimos un desengaño, es decir que descubrimos cierta verdad que nos hace salir del engaño o error en que nos hallábamos respecto de una persona, tienen algo en común: nos producen pesar, desconfianza, frustración, resentimiento o rabia.

 

“Las decepciones tienen que ver con las expectativas, con lo que esperamos del otro, y que no son cumplidas. Es que a veces tenemos expectativas muy altas sobre alguien al que no estamos viendo como es en realidad”, explica la psicóloga clínica Marga García, que dirige el centro HARA de crecimiento personal.

 

“Antes de esperar algo de alguien, hay que darse cuenta de quién y cómo es esa persona.  A veces pedimos peras al olmo. Esperamos de alguna gente cosas que no tiene capacidad para darnos, que ni siquiera le hemos expresado o que hemos hablado a medias, sin aclararlas del todo”, señala la experta.

 

La especialista pone el ejemplo de una mujer que le dice al marido “necesito que pases conmigo el día anterior al examen”. Su esposo permanece con ella toda la jornada salvo media hora durante la cual sale a correr. Debido a esa escapada ella le reprocha no haber cumplido su palabra y la ha abandonado.

 

“Él acostumbra a realizar esa carrera cotidianamente, y ella se ha decepcionado, porque esperaba algo que no sucedió. Él tiene la sensación de que la acompañó todo el tiempo, salvo esos treinta minutos que acostumbra entrenarse, y ella siente que le ha fallado porque estuvo ausente durante ese lapso. Hubo un problema de comunicación”, señala García

 

Según la directora de HARA, “otra expectativa irreal consiste en esperar que alguien que tiene pánico a los hospitales, venga a visitarnos cuando nos han hospitalizado para una operación.  Sentimos que nos fallado, pero en realidad somos nosotros quienes hemos herrado al no haber observado a esa persona”.

 

Las decepciones más dolorosas, según la experta, suelen ser las amorosas. Suelen suceder porque dos personas hacen un plan de vida en común sin aclarar lo que esperan uno del otro.

 

“Puede ser que para uno de ellos la pareja sea estar siempre juntos y compartirlo todo, mientras que para el otro vivir en común es permitir que cada uno sea libre y haga lo que desea. Cuando conviven, cada uno sigue su propio modelo de relación, dando por hecho que el otro lo seguirá, olvidando que hay muchas formas de relacionarse”,  señala García.  

 

Algunas “traiciones” no son traiciones de verdad

 

“Después que pasa el enamoramiento, que los mantiene muy pegados y durante el cual se dan cosas que no están en la naturaleza cada uno, el deseo de ella de estar con él ahoga y cabrea al hombre y el afán de libertad de él, ella lo percibe como falta de amor o respeto. Ambos se decepcionan”, indica. 

 

“Podemos sentimos traicionados porque ante una situación injusta un amigo que esperábamos que se pusiera de nuestro lado, no lo ha hecho. Sabemos que opina como nosotros, pero su historia personal muestra que es incapaz de enfrentarse al poder. Hemos esperado que él se rebelara, cuando nunca lo había hecho antes”, añade la experta.

 

“En este caso, nos decepcionamos porque no lo hemos visto. Hemos interpretado su reacción como un ‘no’ a nosotros, cuando en realidad era un ‘no puedo’, un ‘no’ a sí mismo”, dice García.

 

“Otro caso que ha pasado por mi consulta es el de un tío que presta dinero  a su sobrino, a sabiendas que el pariente le había contado que había dejado a deber algunas cantidades a amigos con anterioridad”, señala la psicóloga. 

 

“Finalmente el sobrino no devuelve el préstamo. Esa persona tiene un problema con el dinero, es su forma de ver el mundo y cree que tiene derecho a hacer lo quiera. El error, al final, es del propio tío, que no apreció las pistas que su sobrino le había dado”, destaca.  

 

Una clave para evitar decepcionarnos debido a nuestras expectativas exageradas o poco realistas sobre otras personas, consiste en aceptarse uno mismo y aceptar a los demás, según el psicólogo clínico Michael Yapko.

 

Para este experto estadounidense en terapia de pareja y familia, “cuánto más rígida sea la gente respecto de su concepción del mundo, más probabilidades tiene de sentirse decepcionada, dolida y desilusionada, cuando éste no responde como se espera”. 

 

“Gran parte de nuestra felicidad viene determinada por nuestro grado en que los demás o las situaciones que nos tocan vivir están a la altura de nuestras expectativas”, señala Yapko, autor del libro ‘La depresión es contagiosa’.

 

“Pero hay personas que, sin darse cuenta, mantienen unas expectativas muy poco realistas. Es una muy buena idea pensar, detenidamente, en lo que esperamos de los demás y luego tomarse el tiempo necesario para analizar si esas personas pueden, realmente, proporcionarnos lo que queremos o esperamos”, aconseja el psicólogo americano.

 

Para Yapko, “es mucho más fácil aceptar a los demás cuando entendemos que no es que no quieran darnos lo que queremos, sino que en la mayoría de los casos, no nos lo han dado, sencillamente porque no pueden”.

 

Vacunas para la desengaño.

 

Para no sufrir decepciones, según Marga García lo mejor es:.

 

— No tener expectativas, es decir no esperar nada de nadie y, si esperas algo de alguna persona, hay que decírselo muy claro.

 

— Comprobar hasta qué punto los otros individuos están dispuestos o pueden darnos aquello que esperamos de ellos. 

 

— Procurar mirar a la persona para ver cómo es: si es un rosal podremos pedirle rosas, pero no jazmines.  

 

— Repasar el pasado de una persona para ver cómo se ha comportado ante ciertas situaciones y tener pistas fiables respecto de sus posibles comportamientos futuros. 

 

— Comprender que el otro no nos quiere dañar, sino que está en su naturaleza obrar de cierta manera y hay muchos actos que las personas que nos rodean no son capaces de hacer o enfrentar.

 

— Poner sobre la mesa las expectativas que tenemos sobre el otro, ya que, si esa persona supiera lo que esperamos de ella, quizá nos diría “yo eso no te lo puedo dar”.

 

— Saber aceptar y comprender que algunas personas tienen la capacidad de ver determinadas cosas y hablar sobre ellas, pero no la de actuar en consecuencia con sus convicciones e ideas.