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Las imágenes que horrorizaron a Hitchcock

La peor pesadilla de Alfred Hitchcock no era ser atacado por una bandada de pájaros enloquecidos, sino algo mucho más terrorífico y homicida: las imágenes de la liberación del campo de concentración nazi de Bergen-Belsen.

Corría el año 1945 y Alemania ya había capitulado. No obstante, el mundo aún no era consciente del todo de las atrocidades hitlerianas. Hitchcock tampoco.

 

El director, reclutado para supervisar (labores de consejero y montador) un documental colectivo sobre los campos de exterminio, quedó tan horrorizado con las primeras imágenes llegadas de Bergen-Belsen  que estuvo una semana sin aparecer por el trabajo (los estudios londinenses de Pinewood). No podía creer lo que veían sus ojos. El horror en estado puro.

 

La SS se hicieron con el control del campo de concentración en 1943. En 1944 empezaron a llegar  los primeros judíos deportados desde los países ocupados por Alemania.  Bergen-Belsen, situado en la Baja Sajonia (Alemania), servía como lugar de tránsito hacia los campos polacos donde se ejecutaba la Solución Final. No obstante, a mitad de año, Bergen-Belsen pasó a formar parte de la maquinaria exterminadora del Holocausto ante el avance del ejército soviético en Polonia.  Ana Frank fue una de las miles de víctimas de Bergen-Belsen. 

 

El 15 de abril de 1945 tropas británicas de la 11 división blindada liberaron el campo. Los cámaras del ejército filmaron entonces las imágenes que consternaron a Alfred Hitchcock. Pilas y pilas de cadáveres desnudos.

 

“Nada más liberar los campos, americanos y británicos decidieron lanzar cuanto antes una película para conseguir que el pueblo alemán asumiera su responsabilidad por las atrocidades”, contó ayer Tony Haggith, del Imperial War Museum, al Independent.

 

Los británicos detuvieron a varios guardias del campo durante la liberación. Acusados de crímenes contra la humanidad, fueron ejecutados en diciembre de 1945 en Hamelín (Alemania).

 

Imágenes enterradas.

 

“Nada más liberar los campos, los americanos y los británicos decidieron lanzar cuanto antes una película para conseguir que el pueblo alemán asumiera su responsabilidad por las atrocidades”, contó ayer Tony Haggith, del Imperial War Museum, al Independent.

 

No obstante, pocas semanas después, los aliados cambiaron de estrategia. Airear las imágenes de los campos de concentración quizás no era la mejor manera de contribuir a la reconciliación con Alemania.

 

Una decisión polémica que, siete décadas después, sigue levantando controversia. ¿Estaban preparados los alemanes para digerir esas imágenes? ¿Y las víctimas? ¿Dónde está el límite de lo que uno puede mostrar? ¿Retraso varias décadas nuestra comprensión del Holocausto la ocultación de sus imágenes más crudas?

 

Cinco de las seis bobinas de la película languidecieron en el Imperial War Museum londinense. Redescubiertas varias décadas después, el filme se proyectó incompleto y en mal estado en los años ochenta. Ahora ha sido restaurado incorporando imágenes de la bobina perdida.

 

“Finalmente se podrá ver la versión preparada por Hitchcock, Bernstein y el resto de colaboradores del filme”, explica el periodista Geofrey Macnab.   

  

La televisión británica emitirá el documental supervisado por Hitchcock en 2015 coincidiendo con el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.


El esfuerzo bélico de un cineasta

 

Corría el año 1945 y Alemania ya había capitulado. No obstante, el mundo aún no era consciente del todo de las atrocidades hitlerianas. Hitchcock tampoco.

 

El director, reclutado para supervisar (labores de consejero y montador) un documental colectivo sobre los campos de exterminio, quedó tan horrorizado con las primeras imágenes llegadas de Bergen-Belsen  que estuvo una semana sin aparecer por el trabajo (los estudios londinenses de Pinewood). No podía creer lo que veían sus ojos. El horror en estado puro.

 

La SS se hicieron con el control del campo de concentración en 1943. En 1944 empezaron a llegar  los primeros judíos deportados desde los países ocupados por Alemania.  Bergen-Belsen, situado en la Baja Sajonia (Alemania), servía como lugar de tránsito hacia los campos polacos donde se ejecutaba la Solución Final. No obstante, a mitad de año, Bergen-Belsen pasó a formar parte de la maquinaria exterminadora del Holocausto ante el avance del ejército soviético en Polonia.  Ana Frank fue una de las miles de víctimas de Bergen-Belsen. 

 

El 15 de abril de 1945 tropas británicas de la 11 división blindada liberaron el campo. Los cámaras del ejército filmaron entonces las imágenes que consternaron a Alfred Hitchcock. Pilas y pilas de cadáveres desnudos.

 

“Nada más liberar los campos, americanos y británicos decidieron lanzar cuanto antes una película para conseguir que el pueblo alemán asumiera su responsabilidad por las atrocidades”, contó ayer Tony Haggith, del Imperial War Museum, al Independent.

 

Los británicos detuvieron a varios guardias del campo durante la liberación. Acusados de crímenes contra la humanidad, fueron ejecutados en diciembre de 1945 en Hamelín (Alemania).

 

Imágenes enterradas.

 

“Nada más liberar los campos, los americanos y los británicos decidieron lanzar cuanto antes una película para conseguir que el pueblo alemán asumiera su responsabilidad por las atrocidades”, contó ayer Tony Haggith, del Imperial War Museum, al Independent.

 

No obstante, pocas semanas después, los aliados cambiaron de estrategia. Airear las imágenes de los campos de concentración quizás no era la mejor manera de contribuir a la reconciliación con Alemania.

 

Una decisión polémica que, siete décadas después, sigue levantando controversia. ¿Estaban preparados los alemanes para digerir esas imágenes? ¿Y las víctimas? ¿Dónde está el límite de lo que uno puede mostrar? ¿Retraso varias décadas nuestra comprensión del Holocausto la ocultación de sus imágenes más crudas?

 

Cinco de las seis bobinas de la película languidecieron en el Imperial War Museum londinense. Redescubiertas varias décadas después, el filme se proyectó incompleto y en mal estado en los años ochenta. Ahora ha sido restaurado incorporando imágenes de la bobina perdida.

 

“Finalmente se podrá ver la versión preparada por Hitchcock, Bernstein y el resto de colaboradores del filme”, explica el periodista Geofrey Macnab.   

  

La televisión británica emitirá el documental supervisado por Hitchcock en 2015 coincidiendo con el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

 

El esfuerzo bélico de un cineasta

 

Hitchcock se trasladó a Hollywood a finales de los años treinta. En 1941 rodó su segunda película americana, Enviado especial (1940), que contaba las peripecias de un corresponsal estadounidense en la Europa prebélica. A instancias de la censura, la película evitaba las referencias directas a la Alemania nazi, aunque apostaba por la implicación estadounidense en el conflicto. El esfuerzo bélico de los cineastas no había hecho más que empezar.

 

Durante la II Guerra Mundial, las tropas aliadas reclutaron a sus mejores directores en labores propagandísticas. Cineastas como John Ford, John Huston o Frank Capra colaboraron en diversos documentales sobre la guerra.

 

Tras regresar a Inglaterra en 1944, Hitchcock rodó dos filmes cortos sobre la resistencia anti nazi a instancias del Ministerio de Información británico: Boy Voyage y Aventure Malgache. Un año después se enfrentaría a las imágenes de los campos de concentración. Tardaría mucho tiempo en quitarse el mal cuerpo. 

 

Tomado de El Confidencial