La pesadilla del "narco"

Hace más de 40 años se encarnó en el corazón nacional un fenómeno que no solo ha desangrado al país sino que ha marcado su destino en casi todas las esferas de la vida pública: el narcotráfico. 2011-07-19 Lo que inició como un problema menor en las regiones, un modo de subsistencia para campesinos aislados, hoy consume a la patria y nos hace víctimas de su lógica perversa: conflicto armado, terrorismo, tierras despojadas y corrupción, son tan solo algunos de los `karmas` de Colombia gracias a la droga.

Los cultivos de coca se han tomado el campo colombiano. Este fenómeno, en un país agrario como el nuestro, que crece a partir de lo que produce su tierra, constituye un yugo del cual es casi imposible librarse. Miles de vidas humanas se han perdido y millones de desplazados deambulan por todo el país huyéndole a una guerra que no es suya.

El narcotráfico también parió a una serie de hombres que a través del negocio se incrustaron en las grandes esferas del poder público: Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar, los hermanos Rodríguez Orejuela compraron con sus fortunas a varios sectores, comunidades completas y a escuadrones de defensa personal.

Solo por hacer memoria, Pablo Escobar fue senador de la República y de su autoría se recuerdan varios de los atentados más escalofriantes de la década de los 80, como el asesinato de Guillermo Cano y las bombas del avión de Avianca, del DAS y del Centro 93.

La instalación de la industria de la droga dejó el legado de los grandes ejércitos de autodefensa, de la protección excesiva. De ahí nacieron el MAS y otros grupos que, en nombre de la auto defensa, empezaron a gestar un movimiento que también ha marcado el sino de Colombia.

Se convirtieron en grupos de extrema derecha y se degradaron aún más en la figura del paramilitarismo. El fenómeno se salió de las manos. Los “paras” han desplazado a más de 4 millones de personas y hoy, según un informe publicado recientemente por la organización Oxfam, son los responsables del 58 por ciento de las violaciones sexuales en el país.

El mismo motor de financiamiento de los paramilitares es el mismo de la guerrilla. Farc, Eln, Epl y otros grupos insurgentes también se han financiado a partir del negocio de la droga y asesinado en su nombre.

El narcotráfico y su lógica también crearon en el país un código social, una visión de felicidad traducida en el dinero y gestionada a partir de la cultura mafiosa. La plata fácil es la herencia del narcotráfico y se evidencia en varias situaciones del diario vivir nacional.

El capo de antes funciona como el actual ahorrador de DMG. La historia de viajes con mercancía y carros lujosos sin hacer mayores esfuerzos se ha convertido en el sueño de muchos y ha permeado incluso al mismo negocio. Hoy la lucha no es contra los grandes capos, sino contra los pequeños miles de “traquetos” que se pelean por el microtráfico en las ciudades.

Finalmente la droga, su lógica, su industria y los personajes que como historias de ciencia ficción ha creado, instalaron en nuestras mentes un modelo de belleza, una idea de éxito, una especie de “sueño colombiano”.

Este proyecto ilegal gestado en nuestras tierras tiene una fijación estética por las cosas grandes, exageradas. Grandes cadenas, grandes fincas, grandes senos. Los hombres luchan por conseguir el dinero para comprarlas y las mujeres por mantenerse bien para lucirlas.

La droga se ha instalado en el corazón de nuestro país y su legado no se limita al consumo o producción de cocaína. Ha creado un imaginario de país y una dinámica que a pesar de los esfuerzos militares sigue girando en torno a ella.